El Norte de Castilla

Roberto González-Monjas.
Roberto González-Monjas. / R. Gómez

«Abordo proyectos en los que pueda dejar mi sello de pasión»

  • El violinista vallisoletano Roberto González-Monjas dirigirá a la Sinfónica de Castilla y León, la orquesta con la que debutó, este sábado en la jornada de puertas abiertas

Será el segundo vallisoletano que se suba al podio de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. El primero fue José Luis Novo, discípulo de López Cobos en 2002. Y el tercero será David Hernando, en la próxima Seminci para dirigir la banda sonora de ‘Nosferatu’ mientras se proyecta la película. A Roberto González-Monjas le hace ilusión y le da cierto vértigo dirigir a sus profesores, mentores y amigos. Le gusta el sabor especial de esos nervios.

«Es bonito dirigir en tu ciudad, a la orquesta que primer escuché con tres o cuatro años, con la que he conocido las grandes sinfonías hasta los 18, con la que debuté como solista junto al maestro Alejandro Posada», dice González-Monjas. Músico residente en el auditorio Miguel Delibes, aprecia venir en una ocasión tan especial «una jornada de puertas abiertas, que atraer a más público» y con un cometido en el que cada vez se ve más, el de concertino-director. «Dirijo desde el primer atril, como se hacía hasta bien entrado el XIX. Esta nueva faceta ha llegado de forma natural, desde los proyectos educativos en los que estoy metido en Medellín. Y ahora lo demandan cada vez más orquestas, yo lo hago en la Musikkollegium Winterthur de Zurich, ahora o haré en Burdeos. Siempre que el programa lo permita es un papel que me gusta».

Concertino de la Orquesta de la Accademia Nazionale di Santa Cecilia en Roma, de la citada orquesta suiza y de la Sinfónica y de Cámara del Festival de Verbier, González-Monjas considera que la dirección le impone una actitud distinta. «Te obliga a estudiar, a leer la partitura buscando la línea horizontal, el concepto de toda la obra, no solo la línea vertical de mi violín. Tienes que memorizar la partitura y luego atender a tu violín y a todos los ojos que te miran desde la orquesta. Es un papel que hacen muchos de los músicos que más me gustan, por ejemplo Gordan Nikolic con la OSCyL. Es un honor poder hacerlo yo». Quien pasa buena parte de su tiempo en aviones, ha desarrollado un sistema de estudio con subrayados en colores. «A veces me miran extrañados en el avión cuando me ven ‘colorar’ partituras».

El sábado abordará un programa de dos sinfonías muy relacionadas entre sí. «Comenzamos con el creador de la sinfonía, con la penúltima de Haydn. Él tuvo mucho éxito entre los ingleses, sus conciertos eran como los de rock hoy. La gente gritaba para celebrar un solo o para aplaudir una frase. Tenía una gran conexión con el público y su mundo sonoro era impresionante, una jungla musical. Por su parte Prokofiev piensa al escribir esta suya primera en el padre de la sinfonía clásica y con mucho humor bromea con ello. En la primera parte se dedica a copiar la técnica para después burlarse de ella, poniendo a los violinistas en su postura más incómoda, por ejemplo. Y en medio, una obra de Steyer, violinista de la OSCyL. Me parece muy bonito que un músico regale a sus compañeros una obra sobre la historia de su orquesta. Es una pieza muy dinámica, llena de melodías. Se nota que ha puesto un trocito de su corazón».

Profesor en la Guilhall School of Music de Londres, Roberto disfruta de cada faceta de la música. «Hay quien me critica por meterme en tantas cosas, pero me parece que es enriquecedor. Enseñar me enseña, tanto en Londres como en Medellín. En la Academia Filarmónica creada por Posada en Colombia es muy especial la relación de los chicos con la música, allí no es un complemento prescindible de la vida, allí son conscientes de que puede significar la diferencia entre un futuro fastidiado y uno mejor».

Acaba de trabajar con Ian Bostridge y volverá con él para hacer ‘Las iluminaciones’, de Britten. «Esas son las cosas por las que estoy agradecido, poder trabajar con él, con Reinhard Goebel, Janine Jansen, Papano o Fazil Say, por poner varios ejemplos, es una escuela continua. Estoy agradecido porque no doy nada por sentado. Soy un músico privilegiado que trabajo mucho porque tengo que devolver lo recibido».

En ese sentido ya quiere dejar atrás el cliché de «talento joven, de niño que vuelve. Intento ser honesto con lo que hago y buscar proyectos que signifiquen algo para mí, en los que pueda poner mi sello de dedicación, pasión y humildad. Si lo puedo hacer así, lo acepto; si no, no me interesa. No quiero pagar cualquier precio por más fama o más público, quiero que las cosas se hagan bien».

Le interesa la figura de artista en residencia «siempre que haya una línea conceptual, un trabajo a desarrollar. No me vale cualquier cosa». Respecto a la OSCyL, González-Monjas confiesa que le «gustaría desarrollar distintas facetas, como la cámara, o la de solista, concertino o director con ella».