Mikel Ayestaran: «No voy a los lugares de conflicto y me olvido, siempre vuelvo»

Mikel Ayestaran: «No voy a los lugares de conflicto y me olvido, siempre vuelvo»
Mikel Ayestaran, en el Paseo de Recoletos, antes de impartir la charla. G. Villami.

El periodista de Vocento contó sus vivencias en Oriente Medio en el ciclo Cronistas del Siglo XXI

JESÚS BOMBÍNValladolid

Como un viajero empedernido que recorre las zonas calientes del planeta con un equipo multimedia que pesa 24 kilos repartido entre una mochila y un ‘trolley.’ Así se presenta el periodista del grupo Vocento Mikel Ayestaran (Beasain, Guipúzcoa, 1975), que ayer disertó con la periodista Angélica Tanarro sobre su labor como reportero en el ciclo Cronistas del Siglo XXI organizado por la Fundación Miguel Delibes.

Llegó a la conferencia en el salón de actos de Cajamar desde Brihuega, donde residía Manu Leguineche y recibió el Premio Cátedra que lleva el nombre del periodista vinculado a El Norte de Castilla, y lo hizo felicitándose por recalar en un acto que le conectaba con el recuerdo de Miguel Delibes y su relación con el periodismo. «Sus libros siempre han estado en mi casa; mi padre, cazador, no consiguió que yo lo fuera», declaró antes de hablar sobre sus vivencias en Oriente Medio, desde donde envía sus crónicas al grupo al que pertenece este diario.

Desde enero de 2015 reside en Jerusalén, cubriendo informativamente la actualidad de la zona. «Estoy muy preocupado, porque después de Bin Laden nos ha venido algo peor, con el Califato en una zona donde ya asoma una guerra fría, con un nuevo heredero en el trono saudí, con el gobierno israelí más radical que se recuerda y con Donald Trump al frente de Estados Unidos; vamos a ver qué pasa».

Se refirió también a la posguerra en Siria, «un país absolutamente opaco, desconocido, con unas claves que desconocemos. Allí la elección no era entre buenos y malos, sino entre malos o peores. Actualmente está divivido en tres partes: la del gobierno, los kurdos y los focos bajo control de la oposición». Pese a esta lectura geopolítica subrayó que Oriente Medio ocupa un lugar privilegiado en el tablero de la atención internacional, algo vedado a otras guerras y calamidades. «Hay muchos conflictos que no tienen titulares, viven en un agujero negro informativo, sobre todo en África». Detractor de lo que llamó ‘periodismo kleenex’ que concentra la atención en un conflicto durante unos días sepultándolo después en el olvido de otras informaciones, Ayestaran llamó la atención sobre el problema de los miles de personas que viven en campos de refugiados. «Los países que más están acogiéndolos son mucho más pobres que nosotros; Turquía, Líbano o Irak son los que lo están haciendo mientras los países ricos miran hacia otro lado».

‘Alepo, vida entre los escombros’ o ‘Gaza, la lucha contra el cáncer y el bloqueo’ son algunos de los trabajos periodísticos que ha publicado este año, siempre poniendo el foco en las personas y su sufrimiento. «Lo que más me obsesiona es el fondo; intento que la gente crea lo que le cuento, sea en 140 caracteres, en una crónica escrita o para la radio», dijo, en tiempos donde la posverdad y la intoxicación informativa deberían acrecentar el valor del periodismo basado en la credibilidad.

Alertó también de que en conflictos como los de Afganistán o Siria se está informando sin que los periodistas puedan tener acceso a ciertos lugares porque los matan. «Hay veces que dos terceras partes de las fuentes que manejamos son propaganda». Para conocer con rigor, volver es el verbo que más practica en su profesión. «No voy a los lugares de conflicto y me olvido, siempre vuelvo; conocí a gente en Siria antes de la guerra, durante y ahora. Para tener empatía con los protagonistas hay que volver».

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