Mil kilómetros a dos ruedas

Miguel Castañeda en un alto de su viaje. / M. C.

El periodista Miguel Castañeda recorre la Senda del Duero en bicicleta, en el tiempo récord de nueve días y sin soporte técnico

Clara Rodríguez Miguélez
CLARA RODRÍGUEZ MIGUÉLEZ Valladolid

Miguel Castañeda (Valladolid, 46 años) niega ser un deportista de élite. El periodista, Premio Tiflos el año pasado, comenzó su idilio de dos ruedas hace sólo ocho o diez años, cuando una lesión de rodilla descartó otros deportes y él no quiso dejar de moverse. Sin embargo, este amante de la bici acaba de cubrir una distancia de casi mil kilómetros en solitario y en apenas nueve días: desde los Picos de Urbión, en Soria, a Oporto, en Portugal. 960 km, para ser exactos. Prueba superada. Y en un día menos de lo que marcaban sus cálculos.

La proeza, anunciada anteriormente en este diario, se proponía seguir el camino que marca el río Duero a su paso por las provincias de Soria, Burgos, Valladolid, Zamora y Salamanca; y después seguirle la pista por Portugal hasta su desembocadura en el Atlántico. La empresa serviría para completar la información sobre el recorrido. El vallisoletano reconoce que la senda, llamada también GR 14, está muy bien señalizada, aunque hay tramos impracticables para bicicleta. «Se dieron las circunstancias de tiempo y preparación física y me lancé a ello».

El 4 de julio empezaba así la odisea de Miguel Castañeda, acometida con el apoyo de la Dirección General de Turismo de la Junta y de la Asociación Duero Douro. Investido embajador de Alimentos de Valladolid, él mismo detallaba en sus redes sociales y su página web su inexorable avance, pero también los problemas y pormenores del viaje. «La respuesta de la gente ha sido estupenda», apunta agradecido.

«La mayor dificultad es salir demasiado confiado», confiesa remontándose a sus recuerdos de la primera etapa, que le llevó hasta Almazán y supuso una de las más difíciles, ya que sufrió fuertes calambres a pocos kilómetros de la localidad. «Ya pensé que iba a hacer el ridículo, porque aunque había estudiado el itinerario, no lo había visto sobre el terreno». Ver al día siguiente que completaba la segunda etapa fue todo un alivio para Castañeda, que destaca también la inesperada dureza de las etapas portuguesas, el desgaste a medida que avanzaba o lo divertidos que le resultaron los Arribes del Duero.

El día 13, el pedaleo culminó en Oporto, al principio con ganas de llorar, que nacieron del esfuerzo mezclado con la euforia. La dedicatoria del triunfo, para sus padres. Para él, el éxito no es el final del camino, sino la posibilidad de atraer a más gente a la Senda del Duero.

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