Martín Garzo ve en el Don Juan de Zorrilla al «vampiro» que busca vida en las mujeres

Gustavo Martín Garzo, junto a Marina Mayoral en la Casa Revilla. /Rodrigo Jiménez
Gustavo Martín Garzo, junto a Marina Mayoral en la Casa Revilla. / Rodrigo Jiménez

El escritor vallisoletano analiza el legendario personaje, «que no se conforma con conquistar sino que tiene además que burlar»

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

El éxito del Don Juan Tenorio no tiene una sola respuesta y sí muchas que corresponden a las múltiples caras y aristas que presenta el personaje a lo largo y ancho del texto de Zorrilla. Puede entenderse como un ‘héroe de la modernidad’, «porque eleva la transgresión a la categoría de norma», pero también podemos llevarle al otro extremo por su perfil de ‘corruptor y burlador inconformista’. «No se conforma con conquistar a la mujer sino que tiene además que burlar. Siempre finge y se sitúa en el lugar del otro, y si algo le caracteriza es una especie de vacío porque toma nombres en función de lo que quiere», según analiza el escritor Gustavo Martín Garzo, con motivo de las jornadas de la Semana de Estudios Románticos dedicada en su décima edición a ‘Zorrilla, Del nacimiento de un hombre al nacimiento de un mito’.

Acompañado en su exposición por la catedrática de Literatura Marina Mayoral, Martín Garzo se refirió al perfil individualista del Don Juan, situándolo «en el mismo universo de Fausto, don Quijote y Robinson Crusoe»; lo comparó con el ‘Juan sin miedo’, «ya que todo le da igual, no se conmueve por nada y llega a desafiar a la muerte»; y aludió incluso a sus rasgos diabólicos, «es un personaje que no se mueve por la moral y hay un poco de psicopatía». En este punto, el ganador del Premio Nadal 1999 por ‘Las historias de Marta y Fernando’ recurrió al ‘Drácula’ de Francis Ford Coppola para extraer el lado más vampírico del personaje de Zorrilla.

«El Don Juan se parece al vampiro, necesita volver al lugar del deseo que no satisface una y otra vez», apuntando que, al igual que el cineasta traiciona a la novela, Zorrilla también lo hace al transformar al personaje para que se redima con el amor de doña Inés. «Don Juan seduce a esas muchachas para conseguir un poco de vida», apuntó.

Un personaje que ha tenido mucho más recorrido que los donjuanes de Tirso de Molina y el propio Espronceda, maestro de Zorrilla, por tantas interpretaciones como deja en su camino. Martín Garzo también se hizo esa pregunta. «¿Por qué ha dado tanto de sí Don Juan? ¿Qué es lo que tiene? ¿Es solo una fantasía de los hombres o lo es también de las mujeres?», inquirió, poco antes de declararse incrédulo sobre la supuesta candidez de las conquistadas. «Es cierto que Don Juan no sería nada sin la palabra y que seduce a las mujeres con su labia, pero no tengo tan claro que en ellas no haya una atracción», señaló, haciendo mención a la «sexualidad naciente» de esas mujeres y a su necesidad de buscar un hombre experto. Para explicar esta dependencia puso Martín Garzo el ejemplo del cuento de Barba Azul y la historia de la princesa Sherezade. «¿Por qué acaban yendo a las alcobas de sus ogros?», se preguntó. «Van porque quieren saber», sentenció.

Marina Mayoral, por su parte, distinguió al Don Juan inquieto de Zorrilla de otros inmóviles, caso del de Tirso o el Félix de Montemar de Espronceda –«cae su cuerpo pero su espíritu se mantiene soberbio hasta el final»–. «El personaje de Zorrilla va cambiando a medida que transcurre su vida, por lo que podemos hablar de varios donjuanes», explicó, destacando una primera imagen de «burlador, jugador y pendenciero» así como la estrategia en sus conquistas. «El de Zorrilla se toma la molestia de enamorarlas... En un día las conoce, otro para conquistarlas, otro para abandonarlas, dos para sustituirlas y una hora para abandonarlas», aseguró en su exposición.

Mayoral, que mencionó a Gertrudis Gómez de Avellaneda ‘Tula’ –enamorada de Ignacio de Cepeda sin ser correspondida–, quiso destacar también «el brazo ejecutor» del Don Juan de Tirso de Molina, «que castiga a Tisbea por haber presumido de estar libre de las redes del amor».

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