Valladolid, ciudad de novela

La ruta de «El hereje», teatralizada por actores de la compañía Azar Teatro, con motivo de las fiestas de San Pedro Regalado de 2010/Henar Sastre
La ruta de «El hereje», teatralizada por actores de la compañía Azar Teatro, con motivo de las fiestas de San Pedro Regalado de 2010 / Henar Sastre

Numerosas ficciones jalonan su trama narrativa en las calles y plazas de la ciudad

SAMUEL REGUEIRA

A lo largo de la historia de la literatura, las sucesivas generaciones de lectores han podido ver cómo se publicaban diferentes novelas que han optado por situar su trama en las calles y plazas de Valladolid. Muchas de estas obras son hoy todo un referente y bien conocidas por el lector medio, incluso el que no es local, y otras tantas han caído o bien en el olvido absoluto o han pasado, directamente, inadvertidas para el gran público. En cualquier caso, y con independencia de su resultado final, todas ellas parecen compartir un mismo espíritu: que Valladolid, nuestra ciudad, cuenta con una gran atmósfera para una absorbente trama narrativa.

Con los pies aún cubiertos del polvo de las calles vallisoletanas, Miguel de Cervantes ambientó aquí varias de sus 'Novelas ejemplares' (1590-1612), especialmente 'El coloquio de los perros', prolongación de 'El casamiento engañoso', donde también se menciona al Hospital de la Resurrección. El autor de 'Don Quijote de la Mancha' incluye también guiños a la ciudad en 'La gitanilla' o 'El licenciado Vidriera', e incluso se convierte en involuntario personaje protagonista en el reciente 'Misterioso asesinato en casa de Cervantes' (2015), donde Juan Eslava Galán recrea, desde una insólita perspectiva feminista, la muerte del hidalgo Gaspar de Ezpeleta.

Dicha óptica también destaca en 'María de Molina', en la que Almudena de Arteaga concede a la consorte de Sancho IV la voz cantante en el mantenimiento de la corona de Castilla, mientras a su alrededor se suceden intrigas palaciegas. En el marco de la unión entre los reinos de León y Castilla también se ubica 'Esperando al rey', de Peridis; encuadrada años atrás y centrada en los monarcas Alfonso VII y Fernando II. Pero sin duda es la Edad Moderna la predilecta por los noveladores de la Historia y sus nobles, con especial predilección por los Reyes Católicos y su casamiento en el palacio de los Vivero ('El casamentero', de Colette Davenat), el encierro de Juana de Castilla en Tordesillas ('El pergamino de la seducción', de Gioconda Belli; 'Juana la reina, loca de amor', de Yolanda Scheuber) o la llegada de Carlos V ('Los Austrias. El vuelo del águila', de José Luis Corral).

Es en el siglo XVI donde se enmarca, probablemente, la novela más representativa y reputada de todas cuantas se han ambientado en Valladolid: 'El hereje' (1998), de Miguel Delibes. Sus descripciones de la ciudad en torno a la vida y muerte de Cipriano Salcedo han propiciado la creación de rutas turísticas de San Pablo a Plaza Zorrilla, pasando por Fabio Nelli, el convento de Santa Catalina y, por supuesto, la Plaza Mayor. Por aquellos años (1551) también tuvo lugar, en el Colegio de San Gregorio, el célebre debate entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda en torno a los derechos de los indígenas del Nuevo Mundo, una disputa novelada por Jean-Claude Carrière en 'La controversia de Valladolid' (1992).

La vallisoletana Beatriz Bernal, para detonar su particular 'Cristalián de España' (c. 1537), recurrió en el prólogo de la obra a justificar su publicación mediante un viejo ardid literario: «hallar» el manuscrito que contuviera su ficción en una iglesia, probablemente la de las Angustias, dada la vinculación de su familia con la cofradía de la Quinta Angustia, según documenta Donatella Gagliardi en 'Urdiendo ficciones: Beatriz Bernal, autora de caballerías en la España del siglo XVI'. Es esta una pieza de discutida calidad pero de innegable importancia histórica, tanto por el sexo de su autora en relación con este género literario como por su pertinencia para la pequeña historia local. La ciudad también puede sacar pecho de aparecer en la más fidedigna continuación del 'Lazarillo de Tormes', aquella firmada por Juan de Luna en la que el emblemático (anti)héroe de la narrativa española prosigue sus desventuras en el mar, Toledo, Madrid y, finalmente, Valladolid; donde relata distintos episodios eróticos y picarescos en una venta situada a las afueras de la localidad.

De singular belleza resulta 'Los locos de la Costanilla' (2003), de Miguel Ángel Galguera, donde el autor recrea, con el lenguaje de la época, un romance prohibido en el marco del incendio que asoló Platerías en 1561. Galguera firmaría una continuación más espiritual que cronológica en 'La buena moza' (2010), que documenta la caída de la torre de la catedral en 1841.

Con la narrativa más reciente, el escritor Ignacio Martín Verona salta al siglo XVII gracias a 'La corte de los ingenios' (2013), donde se recrea el reinado de Felipe III y las primeras inmersiones en un primigenio traje de buzo bajo las aguas del Pisuerga. En los últimos años, distintos autores locales (Víctor M. del Pozo, 'El sillón del diablo'; Luis Torrecilla, 'La espía del emperador') y externos a Valladolid (Rafaela Cano, 'Los ojos de Dios') han seguido apostando por la ciudad como ecosistema para sus ficciones históricas.

Mucho más que historia

Pero no solo de grandes acontecimientos históricos vive la Valladolid literaria. La ciudad ha sabido hacerse eco también dentro de las inquietudes narrativas de grandes autores. Rosa Chacel ambienta en Simancas las 'Memorias de Leticia Valle' (1979) y traslada la acción, además, a la calle Santiago y al «paseo central de los jardines de Valladolid cuya avenida remata en un extremo con la estatua de Colón y en el otro con la de Zorrilla». El Esgueva o la Plaza de la Cruz Verde asoman por 'Las historias de Marta y Fernando' (Premio Nadal 1999), de Gustavo Martín Garzo, si bien el autor también ha recurrido a Valladolid para otras obras, como la soberbia 'La carta cerrada', 'Mi querida Eva' o 'Donde no estás'.

La etapa más lírica y centrada en los años de juventud de Francisco Umbral también tuvo a bien situar un buen puñado de su vastísima producción literaria en Valladolid, si bien estas ostentaron una deliberada vaguedad en sus ubicaciones, poco pertinentes, por lo general, para el autor de 'Mortal y rosa': 'Las ninfas', 'Las giganteas', 'Los cuadernos de Luis Vives', 'El fulgor de África', «Los helechos arborescentes' y, sobre todo, 'Capital del dolor', conforman una relación inimitable entre el escritor y la ciudad que le vio crecer.

El siglo XX también esconde algunas gemas literarias donde Valladolid es un telón de fondo inconfundible. 'Elvira Coloma o Al morir un siglo' (1942) es una magnífica aportación a la novela del periodista Francisco de Cossío, un triángulo amoroso entre Evaristo Uría, Elvira Coloma y la hija de esta, Rosario. Anastasio Fernández Sanjosé narra el despertar a la vida con la coral 'Fantasía en la Fuente del Sol' (1976). Carolina-Dafne Alonso-Cortés, por su parte, experimenta con el lenguaje y sus recuerdos de infancia en 'Núñez de Arce, treinta y cuatro', donde novela las vivencias junto a su abuelo Narciso Alonso Cortés, académico especialista en José Zorrilla. La biografía novelada también viene de mano de John Langridge, si bien desde un tono más convencional, en 'Lizarralde' (2003), vida de un semidesconocido héroe local.

Con todo, si hay que rendir cuentas a una novela ambientada en la ciudad que haya supuesto, por la otra parte, todo un éxito editorial y que persista en la memoria de todos cuanto han presenciado su lanzamiento, esta es 'Memento mori', de César Pérez Gellida, en cuyas continuaciones también sigue presente, en mayor o menor medida, Valladolid. Las pesquisas de Ramiro Sancho, Carapocha y Erika Lopategui, y el rastro de crímenes del asesino Augusto Ledesma llevan al lector por el Zero Café, Arturo Eyries, Santo Domingo de Guzmán y la Plaza del Viejo Coso, entre otros enclaves de la capital. Es toda una suerte de ruta turística con trama 'noir' de fondo, cuyo formato también ha querido repetir, con ciertas diferencias, Germán Díez Barrio en 'A fuego lento'.

Y es que, aunque existan libros que se resistan a ser llamados novelas ('El olvido y otras cosas imposibles', Pilar Salamanca) o novelas que se resistan a llamar a la ciudad por su nombre ('Café Hugo', de Adolfo García Ortega; 'Más allá hay dragones', de Vicente Álvarez), queda demostrado que a Valladolid, y a su pasado, le queda mucho futuro literario por delante.

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