Rosa Montero: «Soy optimista pero porque podíamos estar mucho peor»

La periodista y escritora Rosa Montero. /Henar Sastre
La periodista y escritora Rosa Montero. / Henar Sastre

La periodista y escritora repasa su trayectoria vinculada a sus dos pasiones dentro de una nueva edición de ‘Cronistas del Siglo XXI’ en Valladolid

SAMUEL REGUEIRAValladolid

A Rosa Montero le embarga una dicotomía tan literaria como la más pura ficción narrativa: por un lado sostiene lo siguiente: «Escribir novelas es una cosa absurda; quedarte encerrada en la esquina de tu casa, ponerle esfuerzo, darte prisa y preguntarte si tiene sentido y si a alguien le servirá el hecho de que te estés inventando a un señor rubio con bigote y zapatos de charol». Por otro, y aunque no rechaza el entusiasmo que le suscitan sus años de periodismo, es incapaz de sustraerse a esa pasión por la literatura: «Han aportado mucho a mi vida», declaró ayer en una nueva sesión del ciclo Cronistas del Siglo XXI, organizado por la Fundación Miguel Delibes y presentado en la Casa Revilla por la periodista y colaboradora de El Norte de Castilla Angélica Tanarro.

Su preferencia, con todo, está clara: «Si al final no hay alguien que te diga que lo que haces tiene sentido, tu ensoñación se convierte en el delirio de un loco». Sus valoraciones sobre el arte de la palabra escrita le hacían resistirse lo más posible a las preguntas sobre su otra faceta, la de entrevistadora y reportera, cuyos frutos, publicados en el diario 'El País' a lo largo de varias décadas, resultaron «todo un modelo», en palabras de Tanarro, para aquellos que estudiaban en los 80 y veían el éxito y la solvencia en un rostro joven, en una pluma fresca; en definitiva, en una más de ellos.

El público llenó la sala de la Casa Revilla.
El público llenó la sala de la Casa Revilla. / H. Sastre

«Empecé joven, a colaborar con más de catorce medios desde los 18 años», valoró la autora de ‘La hija del caníbal’ o ‘La carne’; antes de volver, una vez más, a su redil predilecto; «pero si me recuerdo como persona he escrito ficción desde los cinco años». El periodismo le ayudó a viajar, en un momento delicado donde los medios podían permitirse afirmar que no contrataban a las mujeres, y tras ocho años de aportaciones a pequeños boletines y revistas temáticas dio el salto al gran medio de referencia de toda una generación, que le permitió hablar con Indira Gandhi («Una verdadera mujer con poder»), con Nixon («Menudo era») o con Cortázar («Su ficción larga no ha envejecido tan bien como sus cuentos»).

«Hemos sido el segundo sector más afectado por la crisis tras el ladrillo»

La necesidad de escribir chocaba, paradójicamente, cuando más se demandaba de ella en el periodismo: «Ir a escribir un reportaje a la URSS durante dos meses me obligó a expulsar por completo la novela en la que estaba trabajando», rememoró disgustada. Y es que todo, absolutamente todo, pasa en Rosa Montero por el filtro de la Literatura. Para muestra, el modo en que relató su entrevista con el ayatolá Jomeini: «Nos presentó un hombre guapo con un traje elegante, y por aquel entonces era visto desde la izquierda como una buena persona, por la oposición que hacía a la dictadura del Sha». Asumido entonces como un líder espiritual, «algo temporal hasta que se lograra instaurar una democracia parlamentaria», Montero hubo de taparse todo el rostro, «cejas incluidas, pues cada pelo visible era pecado»; y mantener la cabeza a un nivel inferior a la del ayatolá, «algo difícil dado que era un hombre bajito sentado sobre un almohadón en el suelo». Tras el encuentro, la periodista regresó «espantada» y escribió un artículo que le valió numerosas cartas de protesta tachándola de derechista: «Diez días después, Jomeini subió al poder, y a las tres semanas comenzaron los ahorcamientos públicos en el país». Desde la televisión, a Montero le pareció adivinar una figura colgando: la de aquel hombre guapo con un traje elegante.

Actualidad y feminismo

Para quien perder la escritura es, tal y como citó Tanarro de ‘La ridícula idea de no volver a verte’, perder el nexo con la vida, es inevitable que antes o después aborde un ensayo sobre la creación literaria… y la locura. «Es como si no pudiera salir al mundo», valoró. Pero hoy el mundo no resulta un lugar mucho más agradable para Montero, quien solo se considera optimista «porque realmente podemos estar mucho peor». En torno al momento que vivimos, la escritora juzgó «malísimo» el estado de salud de la prensa en papel: «Se ha perdido en pluralidad informativa, en objetividad, hemos sido el segundo sector más afectado por la crisis tras el ladrillo, la ausencia de correctores provoca barbaridades,…», enumeró. Pero no se quedó solo ahí: «Hoy todos hacen la pieza para el papel y la web, hacen vídeos; es imposible desarrollar un buen periodismo a partir de hombres y mujeres orquesta, mientras el medio despide a trabajadores sénior por ser caros, contrata a jóvenes sin experiencia por sueldos de esclavos y apuesta por el sensacionalismo».

Con respecto al movimiento feminista, la escritora resaltó que «la deconstrucción del sexismo nos compete a todos, al resultar un profundo cambio en la forma de ver el mundo; no es solo ‘una cosa de chicas’». Entendido, además, el lenguaje como un elemento orgánico e inseparable de la sociedad, «ha habido grandes cambios pero aún seguimos educados por los prejuicios machistas», y «la forma que tenemos de expresarnos no cambiará por decreto ni voluntarismo; solo de manera natural a la vez que la ciudadanía».

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