John Elliott: «Repetimos con más frecuencia los errores que los aciertos»

John Elliott, junto al Museo de Escultura en 2014. /Gabriel Villamil
John Elliott, junto al Museo de Escultura en 2014. / Gabriel Villamil

Sir John Elliott recibe a finales de este mes el premio Órdenes Españolas en el Escorial por su aportación a la historia hispánica

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Anda John Elliott comparando en los últimos años dos nacionalismos que le son muy próximos, el escocés y el catalán. A sus 87 años sigue estudiando, cotejando, sacando conclusiones. El fruto de estos cinco años de trabajo se verá en un libro que saldrá en castellano y catalán (Taurus) el próximo mes de noviembre. Antes, a finales de este mes, viajará a El Escorial a recoger el Premio de las Órdenes Españolas, un galardón constituido por la de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa para reconocer un trabajo histórico que proyectó «lo hispánico en el mundo».

Y es que el joven que estudiaba en Cambridge y vino en viaje de estudios a España en 1950 no ha dejado de hollar en lo «hispánico» desde entonces. «Estoy aprendiendo cada día. Soy un historiador que siente curiosidad por todo. Me fascina la historia de España, por eso dediqué mi vida al mundo hispánico en el sentido global». Esta última puntualización viene de su estudio específico de 'La España imperial' así como del imperio británico. «En aquel primer viaje me impresionó el país, sus monumentos, la dignidad de los españoles, el Museo del Prado, en especial las salas de Velázquez y, aunque no pensaba dedicarme a la historia, estaba acabando y salí bien de los exámenes, decidí investigar al hombre de aquel retrato de Velázquez, el conde duque de Olivares y los últimos veinte años de hegemonía española en el mundo occidental».

Campaña por el Prado

Tantos historiadores ingleses interesados por la Península, ¿fueron espoleados por el desamor entre Isabel I y Felipe II? «Algo así debe ser. Siempre hubo interés por un país tan distinto entre los ingleses, esos 'curiosos impertinentes', desde el siglo XVI. Primero, por el enorme poder de la España regida por los Austrias; cualquier cosa que hacían afectaba a Europa. Y segundo, por ser un país tan diferente, por su visión, sus costumbres, es un país mediterráneo. Ya en la Guerra de Independencia contra los franceses vienen soldados ingleses, eso fomentó el interés. Hay personajes como John Borrow que vino a evangelizar, o Richard Ford que hizo una guía sobre España. Y después, en la Guerra Civil. Precisamente ese momento, justo la generación anterior a la mía, estaban muy impresionados por lo ocurrido y dejaron de venir. Yo era muy joven y apenas sabía nada de Franco. Vine y vi un campo abierto por trabajar, el siglo XVII. El régimen de Franco estaba muy interesado en la historia gloriosa de los Reyes Católicos, Carlos V y Felipe II y de ahí pretendía saltar a la victoria de ellos, y la recreación de España como difusora de valores católicos contra el comunismo y el ateísmo». En ese hueco se coló Elliott y comenzó a agrandarlo y agrandarlo: la decadencia de los Austrias tenía muchos surcos en los que trabajar.

El Prado, la aportación de esa dinastía que le ha situado entre los mejores museos del mundo, ejerció magnetismo sobre este Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales hasta el punto de que le dedicó una obra monográfica con Jonathan Brown. «Por fin puedo decir que mi campaña ha dado su fruto, van a restaurar el Salón de Reinos, aunque no podrá estar terminado para la celebración del bicentenario del Prado en 2019», dice orgulloso.

Pero no se extasía en el triunfo. «Vivimos en un momento preocupante para todos los que amamos España. Hay un problema grave como país y otro dentro de la visión occidental, con extremismos tanto de izquierdas como de derechas, junto a tentaciones de secesión, separatismos regionales o por grupos étnicos que se sienten abandonados o no bien entendidos por sus gobiernos. Conviven presiones desde arriba, las instituciones internacionales, y desde abajo, por parte de esos grupos que se sienten discriminados por el Gobierno central. El eslogan del 'brexit' 'recuperar el control' (take back control) lo ejemplifica bien y es un deseo generalizado en la población de Europa y en Estados Unidos». Ya en el XVII coincidían como en el XXI las crisis económicas con movimientos en la Corte. «Los momentos de presión económica son buenos para los políticos oportunistas», dice el autor de 'El conde duque de Olivares'.

Quien ha señalado siempre «la arrogancia del poder», en relación con los imperios, asiente al señalar al líder estadounidense. «Se repiten los errores con más frecuencia que los aciertos. Seguimos en un mundo con poco sentido de la historia, falta perspectiva a largo plazo. No se perciben los hitos de la generaciones que nos preceden. Por ejemplo, ahora los más jóvenes critican la Transición española, que fue la forma de recuperar un sistema democrático en un momento en el que existía el temor a una nueva guerra civil. Hace falta ponerse los zapatos de la generación previa y entender el contexto en el que se tomaron unas decisiones y se rechazaron otras. Por eso hay que revisitar la historia para intentar comprender cómo pensaba la gente que hizo determinadas cosas».

Elliott no conoce la pereza, cuando podría seguir navegando en el XVII, conocidos sus puertos, ha vuelto a empezar de cero para su «comparación de la historia de Cataluña y Escocia desde la Edad Media».

Escoceses y catalanes

«Me interesan los problemas nacionalistas en la historia europea. Me había dedicado a la revuelta de los catalanes de 1640 y después de publicar 'Haciendo historia' (2012) comenzó el Partido Nacional de Escocia a tomar el camino hacia una posible independencia y un movimiento parecido en Cataluña.Quise entonces hacer una comparación sostenida de ambos casos». Y para ello ha tenido que estudiar «la historia española de los siglos XIX y XX,de la que sabía poco, así como la escocesa. Es fascinante ver cómo suben y bajan las expectativas nacionalistas según la marcha de la economía, de la cultura, de las personalidades. He intentado desentrañar eso».

No considera que la religión influyera mucho en la cuestión escocesa: «No fue un elemento muy determinante porque la Iglesia escocesa estaba dentro de otra forma de protestantismo. En 1707 se produce la unión angloescocesa, con la firma de un tratado entre dos países soberanos. Así se incorpora Escocia al Parlamento de Westminster y se abren para los escoceses las posibilidades de comercio y ejército en el imperio inglés. Los escoceses jugaron un importante papel en la creación de ese imperio y solo tras la Segunda Guerra Mundial, con un territorio más reducido, las partes disidentes insisten en su diferencia».

Respecto a la aportación catalana al imperio español, «no fueron importantes hasta el siglo XIX. Es entonces cuando están en Cuba, Puerto Rico y Filipinas. En 1898, al producirse la pérdida de las últimas colonias, Cataluña sufre un grave impacto en sus manufacturas, en la industria y el comercio. En ese desencanto crece la ascendencia de la Liga Catalana y los movimientos independentistas a partir de los años treinta».

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