El reinado de la calabaza Ruperta

El periodista Miguel Herrero recopila en su nuevo libro la trayectoria del 'Un, dos, tres, responda otra vez', el influyente concurso televisivo que tocó techo en los 80

Mayra Gómez Kemp conduce uno de los programas del concurso 'Un, dos, tres... responda otra vez'. / El Norte
Clara Rodríguez Miguélez
CLARA RODRÍGUEZ MIGUÉLEZValladolid

Desde la calabaza Ruperta hasta las tarjetitas, pasando por don Cicuta y el «hasta aquí puedo leer», el imaginario popular de nuestros días sigue impregnado de cierto programa televisivo que hizo furor en los 70, los 80 y los 90. El ‘Un, dos, tres, responda otra vez’ prolongó su estela hasta 2004 y su influencia hasta nuestros días. ¿Sabías que los hospitales consumían menos morfina los viernes por la noche (casualmente a la hora del concurso) o que hubo una amenaza de bomba que obligó a evacuar el plató durante una de las emisiones? Miguel Herrero (Valladolid, 1979), periodista experto en la historia de la televisión española, ha alumbrado un libro que recopila la trayectoria y curiosidades del programa que él mismo destaca como «el mejor de nuestras vidas».

Asegura que esta afirmación no tiene tanto de subjetiva. «Pensaba que era el único al que le interesaba algo así, pero aún existe mucha gente que lo recuerda vivamente, y cuando los expertos han hecho análisis y rankings de los programas más populares siempre queda muy arriba», apunta, para remarcar a renglón seguido que los otros dos grandes favoritos, ‘El hombre y la tierra’, de Félix Rodríguez de la Fuente, e ‘Informe Semanal’, no son programas de entretenimiento.

Miguel Herrero lo tiene claro: «ahora la nostalgia está de moda, sobre todo desde hace unos cinco años», especifica el autor, sonriente como si estuviera en esa televisión que tanto le gusta y tan familiar le resulta. Menciona el libro ‘Yo fui a EGB’ o los vasos de la marca Nocilla como pruebas vivientes de ese gusto por el pasado, uno que en el ‘Un, dos, tres’ se revela como hippy y ochentero, y también de transición y hasta de fin de siglo. El que fuera presentador en varios programas autonómicos cuenta cómo todos esos rasgos de una España en transformación encontraban su reflejo en el programa, que siempre abordaba a un público familiar con una temática distinta para impedir el aburrimiento. Pero, ¿cómo se rastrea a un programa con una trayectoria tan amplia que sobrepasa las tres décadas? «Si fuera realista con cuánto me ha llevado la documentación del libro diría que unos 30 años», confiesa Herrero. «Lógicamente escribirlo ha llevado mucho menos, pero desde que era pequeño me fascinó el mundo del ‘1, 2, 3’».

El periodista Miguel Herrero posa con su nuevo libro. / Fotografía cedida por M. Herrero

Revistas, programas, periódicos... el soporte visual del libro es potente, como si quisiera suplir la ausencia de imagen animada que da la pantalla. No solo los presentadores Kiko Ledgard o Mayra Gómez Kemp desfilan por entre sus páginas, sino también famosos que participaron en algunos programas - por ejemplo la curiosa pareja de Alaska y el Fary- y emblemas como la bota Botilde o las azafatas de enormes gafas redondas. Las chicas eran un destello de erotismo propio de ‘la España del destape’. «Hoy la figura de las azafatas nos puede resultar hasta machista», explica el autor del volumen, «pero entonces, además de ver a la azafata como ayudante, se consideraba ese papel una plataforma para que la gente del mundo del cine y el espectáculo se fijara en chicas con talento».

Una reina candidata a presentadora

Anécdotas que ni los más acérrimos conocerán se entrelazan en los entresijos del libro. «Durante la promoción, llamó mucho la atención el dato que comento sobre que la última temporada estuvo a punto de ser presentada por Letizia Ortiz», resalta el periodista, que relata como Narciso (Chicho), el director del programa, anotaba en una libreta a la gente que le parecía que tenía potencial. Luis Larrodera estaba en el mismo cuaderno que la reina. «Me llamaron de todos los medios a partir de esa historia», admite.

Versátil y emblemático, el concurso se llevaba de calle a cualquier público con un formato que aunaba cultura y entretenimiento y presentaba unos rasgos inéditos y frescos respecto a otros programas. Kiko Ledgard, el primer presentador del ‘Un, dos, tres’, era peruano y su modo de conducir resultaba mucho más vivo que los «encorsetados» discursos de los presentadores televisivos españoles de entonces., como presentadora, fue ya la revolución completa: en 1982, ante la imposibilidad de la vuelta de Ledgard debido a un accidente, Gómez Kemp toma las riendas. «Ella cambia no solo la historia del ‘1, 2, 3’, sino la de la televisión en general», remacha Miguel Herrero, que considera que ese año trae consigo la etapa más transcendente, aunque el momento más álgido del programa fue en 1987, cuando batió todos los récords de audiencia con 23 millones de espectadores. «Mayra fue la primera presentadora en llevar un concurso en España, y hasta ese momento se consideraba que los programas de noche en prime-time los presentaban hombres», añade. «No era habitual ver a mujeres que condujeran programas en esa franja y aunque todo el mundo se quedó asustadísimo llegó y supo ganarse al público». Con Mayra Gómez Kemp llegaron muchas innovaciones, como la de que las azafatas empezaran a bailar y hacer números o que el programa en sí creciera. «Solo hay dos cosas en común a lo largo de todos los programas: Chicho Ibáñez Serrador dirigiendo el programa y la calabaza Ruperta», sentencia el periodista y escritor, que corona a esta última como el personaje más característico y entrañable del programa.

El formato de concurso se exportó a lugares como Reino Unido (’Three, two, one’), en el que fue todo un éxito. La repercusión del evento televisivo hoy día, tanto nacional como internacional, se reviste aún de una fuerza tal que no limita sus efectos a los admiradores. Iniciativas en activo realzan el valor del fenómeno televisivo, como la que viene encabezada como ‘Un, dos, tres... a recordar esta vez’, puesta en práctica en Zamora y que simula un programa del concurso como parte de una terapia contra el alzheimer. «El fenómeno es difícil de repetir», opina Miguel Herrero. Pero quién sabe, un ‘1, 2, 3’ actualizado... «Hay demanda de un nuevo programa así», concluye.

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