Gloria Lomana: «El periodismo no debe replicar chismes»

Gloria Lomana./
Gloria Lomana.

Debuta en la novela con ‘Juegos de poder’, una trama sobre el lado oscuro de las relaciones entre el poder mediático y el político

JESÚS BOMBÍNValladolid

Con la serie televisiva ‘House of cards’ como referencia inspiradora y de la mano del personaje literario Marcelo Russo, empresario del sector audiovisual, debuta en la novela Gloria Lomana (Madrid, 1959). En ‘Juegos de poder’ (La Esfera de los Libros) se adentra en un ambiente de extorsiones, amenazas y prebendas en el mundo de las altas esferas políticas y el de la comunicación. La periodista que en 2016 abandonó la dirección de los informativos de Antena 3 tras trece años al frente, ha levantado una ficción a partir de «experiencias personales, anécdotas y reflexiones» sobre la trastienda de las relaciones del poder político y mediático en España.

–¿La idea de escribir este libro surgió como ajuste de cuentas con lo que ha vivido profesionalmente?

–Claramente, este libro no lo podría haber escrito hace veinte años. Llevo más de tres décadas de vida profesional, trabajando en la trinchera y trece años en puestos de dirección en Antena 3. He creado personajes de ficción que circulan por los últimos 25 años de la democracia española en una trama en la que el personaje central, Marcelo Russo, comienza sus andanzas en los años noventa, era analógico y llega hasta esta perturbación informativa que en la actualidad nos invade con un oleaje de inmediatez, de abundancia informativa y de mezcla de verdad con manipulación y mentiras. Los personajes son ficción, inspirados en lo que yo sé, lo que he visto y las cosas que no solo he conocido yo, sino también otros compañeros; es una inspiración sobre hechos que uno sabe que se pueden dar.

–¿Dónde ha visto esa concentración de maldad para imaginar lo que relata?

–Bueno, este ambiente no es general. Afortunadamente, mi experiencia de todos estos días es que estoy hablando con buenos periodistas, con editores serios, eso es lo general. No hay que pensar que haya muchos Marcelo Russo, pero el libro sirve para reivindicar la verdad del periodismo, retrata lo peligroso que es que alguien utilice la información en su beneficio para condicionar a todos los poderes nombrando gobiernos o influyendo en la gobernanza de un país o sobre las leyes, controlando jueces porque este me va bien. Al final la idea del relato está inspirada en conocimientos y datos que dibujan un personaje malvado que trabaja solo para su interés en contra de los de los demás. Y esto, cuando se utiliza en los medios, es más pernicioso que si te topas con un mal maestro. Aquí hablamos de que se puede torcer la opinión pública, lo estamos viendo en Cataluña con el impacto de la manipulación y las mentiras. Si alguien utiliza los medios de comunicación para amanipular, su poder para dañar la democracia es inmenso.

–Ha llegado a decir que Ciudadano Kane sería hoy un pardillo en comparación con lo que cuenta en la novela.

–Tenía que hacer una ficción de malos. Y el Ciudadano Kane de 1951 nos enseñó que un tipo con la ambición desbocada, en cuanto conoce el poder, le desborda y se descontrola. Esto sucedió en un contexto analógico, imagina ahora el poder que puede dar a alguien así la posibilidad de manipularlo todo. No hay que extrañarse de que haya personajes así, en España, en Reino Unido, en Estados Unidos, en cualquier parte del planeta. Aquí lo que se retrata es a un individuo que circula por las cloacas del Estado, que se mueve entre policías corruptos, condiciona los gobiernos, intenta levantar, tumbar... Mi editora me dijo que eso no se había puesto negro sobre blanco en una novela en España. Probablemente la realidad sea peor que la ficción.

–¿Le ha llegado información de si alguien se ha dado por aludido?

–Nooo. ¿Quién se va a reconocer en una ficción donde el personaje comete tantos delitos? Es imposible que nadie pueda atribuírselo, ni el ser más vanidoso del mundo. Ni ha sucedido, ni lo espero.

–¿Cómo puede defenderse la sociedad de personajes como Russo?

–Creo que de tres maneras: una, con el buen periodismo, que casi le quito el adjetivo, o es periodismo o es manipulación. Volviendo los periodistas a hacer la profesión que siempre hicimos, la de contrastar, verificar y no ajustarnos a la inmediatez como a veces se hace en esta licuadora de impactar el primero. Segundo, teniendo los medios de comunicación acreditados con una enorme pluralidad; me encanta que cada medio tenga su línea editorial, que retrata los hechos, no los alternativos, y puede haber opinión, lo cual es enriquecedor, porque los lectores, oyentes o espectadores saben qué medio están leyendo y pueden leer varios y de ahí sacan la información veraz y rigurosa que todos queremos. Y tercero, de tipos así hay que defenderse abriendo la tapadera de todos los personajes que pueda esconder, y eso se hace en un Estado de derecho y una democracia con la ley, así al final las tapaderas se abren. Como dice mi heroína Pilar Garrido en el libro, la mentira tiene fecha de vencimiento.

–¿Cómo ha sido el salto del periodismo a la literatura?

–Una experiencia fenomenal. Me gusta el periodismo como oficio, como carrera que se va aprendiendo en el día a día, es práctica, trabajar. Pero también el periodismo para mí es una forma de vida, no sabría vivir sin él, son las emociones, es tu manera de ser. Lo que tengo claro es que me moriré periodista, analizando, escribiendo, averiguando, conociendo gente, situaciones, hechos, historias. Pero también te digo que con esta oportunidad de escribir la novela me ha parecido que alguien me ha regalado una nueva vida, porque había cubierto una etapa. La manera tan intensa en la que viví en los últimos años no se puede prolongar infinitamente, uno tiene que aprender a bajar de esa montaña rusa por renuncias personales y familiares. He ganado tiempo para mí y ahora puedo leer, viajar.

–¿Qué opinión tiene sobre el periodismo que se hace en España?

–Tenemos de todo, como en la viña del señor. Creo que hay quien está respondiendo a la búsqueda de la verdad y trabaja con la ética y la responsabilidad social que se le pide a un editor o a un periodista, pero hay periodistas que ceden a la tentación de entrar en la licuadora de la inmediatez, de replicar chismes, rumores, y esto es muy peligroso porque es mejor no ser el primero o lograr seguidores, lectores y oyentes a base de impactar con sensacionalismo. El periodismo se desprestigia con esas malas prácticas.

–¿La información libre e independiente es un mito?

–No. Creo que la información deseable es la que responde a los hechos, aunque luego pueda incorporar opinión. Es lo que hacen la mayoría de los medios y de forma correcta. Pero sí es cierto que hay malas prácticas en el periodismo como las hay en todas las facetas de la vida, el problema es que lo que hace un medio llega a millones de personas, y si manipula, configura una opinión pública distorsionada, equivocada, como estamos viendo en el caso de Cataluña. Si te llegan noticias sin descanso, con una intención y mezcladas con bulos, medias verdades y con alguna verdad entre medias, al final el ciudadano tiene una confusión que es entendible. Hay que repensar qué hacemos con el uso de las redes sociales, porque ha habido un movimiento pendular en el que creíamos que con Google, Twitter y demás ibamos a conseguir la democracia digital y estamos viendo que no es así. Que una sociedad tenga su criterio propio e independiente vemos que es algo fácilmente alterable hoy en día.

–¿Atravesamos por una mala época para la información veraz?

–No se puede generalizar, lo que pasa es que las malas prácticas lo tiñen todo. Cuando hay un editor que funciona como mi personaje Russo actúa como un calamar echando tinta, denigra a los demás, pero no quiero pensar que toda la profesión sea así, tengo la certeza que la mayoría de los medios funcionan bien. El periodismo y la política tienen que convivir porque el periodismo tiene que ir a las fuentes para informar, pero de ahí a dejarse manipular, influenciar o lo contrario... porque lo que se refleja en la novela no es que la política contamine los medios sino cómo desde los medios se puede controlar la política y las informaciones, falsificando noticias, manipulando, inventando, y a partir de ahí, con lo que se consigue, hacer favores o extorsionar.

–¿Cuáles son las mayores amenazas para la información?

–Que hagamos seguidismo de las redes sociales y privemos al periodismo del valor que tiene que tener. El periodismo no debe replicar chismes.

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