Matices sobre el amor de madre

Phil Camino, en Oletvm. /Henar Sastre
Phil Camino, en Oletvm. / Henar Sastre

Phil Camino, editora y novelista, presentó 'Diez noches blancas' en Oletvm

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑO

Editora de La Huerta Grande, fundadora de Los Editores –librería madrileña dedicada a las editoriales pequeñas– y narradora de ficción –hasta ahora–, Phil Camino presentó ayer en Valladolid su primer libro inclasificable, ‘Diez lunas blancas’ (editorial Elba).

«Es una confesión. Me fui a vivir con mi familia a Nueva York un año y había terminado ‘Rehenes’, mi segunda novela. A partir de una pregunta trivial de por qué había tenido tantos hijos –cinco no son tantos–, comencé a reflexionar sobre la maternidad, sobre los clichés. Y me di cuenta de que era una excusa para abordar la muerte de mi hija, después de una década en la que convivimos pacíficamente con esa pérdida, aunque la asunción de la herida real es otra cosa. Fue un embarazo difícil, tenía una malformación en el corazón pero era operable con buen pronóstico. Te preparan para vivir con un hijo enfermo pero no para su muerte».

Phil Camino se siente escritora, «porque escribo todos los días, no por lo que publique», y ese ejercicio diario la abocó a la escritura redentora de su sentir más íntimo.

«Ha sido muy bonito trabajar con ese dolor. Me ha gustado pasar por ese proceso de creación que me ha obligado a no engañarme aunque siempre hay un punto de engaño, siempre puedes dar un giro más», dice la autora de ‘Belmanso’.

Trascender al autor

El dolor de la pérdida se enmarca en una reflexión más amplia de la maternidad en la que Phil Camino ha querido despejar de clichés esa condición. «Intenté desmontar ese amor infinito que suele atribuirse a la madre. El amor a los hijos no está exento de cansancio, de aburrimiento. Creo que es bueno que sepan lo que les digo; ‘os quiero por encima de todo, pero a veces deseo no tener ataduras, ser libre para hacer lo que quisiera’. Poder decírselo fortalece la relación».

Los tres hijos mayores han leído la «confesión» de su madre, que en principio pensó hacer una edición pequeña para la familia y finalmente, animada por su marido, se lanzó al mercado editorial y encontró sello interesado. «Si a alguien que no me conoce le interesó, quizá tenga cierto valor literario y pueda ayudar a otros lectores. Eso es lo que puede hacer la literatura, trascender al autor y que el libro tenga vida propia al margen de la firma».

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