Luis Díaz da voz poética a los suicidas

El escritor Luis Díaz.
El escritor Luis Díaz. / Ricardo Otazo

El antropólogo presenta este jueves en la Casa Revilla su último libro

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑO

Entre cuestiones apuntadas por su pluma en prensa y en el ensayo académico, desde la paz de un verano y bajo la sombra de la fugacidad de la vida fluyeron los poemas de ‘La cortesía de los suicidas’. Poemario «sobrevenido» a Luis Díaz Viana sin vocación de libro, ha alcanzado tal condición y será presentado hoy (19:30 h.) por su autor junto a Juan Ramón González, Javier Campelo Bermejo, Jacob Iglesias y Mercedes Parada Deu, en la Casa Revilla.

«Vivimos en una sociedad en la que la muerte y, mucho más, el suicidio se oculta. Quizá comencé a escribirlo para exorcizar mis miedos y de esa amenaza de la vida salí con más ganas de vivir. Porque si hay un mensaje claro en el libro es el de ‘no se te ocurra morir antes de vivir lo que debes vivir’», explica Díaz, que en 2016 dio otro libro de poemas, ‘Paganos’, a la imprenta.

Ya en el segundo poema aparece el título. «Es la idea de estar en el filo de la navaja entre la vida y la muerte. Quien decide morir lo hace pensando en los vivos, de ahí la cortesía que también puede ser interpretada como lo contrario. Hay mucho de social en el hecho del suicidio. En el libro subyace un abordaje que viene de los clásicos, de los paganos, cuando el suicidio no estaba condenado como luego ocurrirá con el cristianismo, cuando puede ser una elección par quien solo le queda disponer de su vida».

Sobrevivir, morir, vivir

Yeso lo aborda de «una forma poética porque es la que me resultó natural en ese momento». La muerte y sus formas, su facilidad y su inexorabilidad, la banalidad de las circunstancias le llevan a sentencias como «no nos engañemos: morir es la norma y vivir, un milagro». Por otra parte «morir resulta fácil... y sobrevivir se ha vuelto demasiado difícil». Ahí le sale el oficio académico, el que enmarca la cuestión entre hitos antropológicos. «Por una lado estaban los suicidios devenidos de la crisis económica y por otro, esta supuesta epidemia de suicidios adolescentes por juegos como la ballena azul». Algunos atisbos de ironía, algún cabo a la comicidad de toda vida por dramática que sea, dan vuelo a este poemario «que no es pesimista, sino que invita a vivir», sentencia el profesor del CSIC.

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