«La literatura y las nuevas tecnologías están en fase de entendimiento; no sabemos qué saldrá de ahí»

Rubén Abella, en una edición de la Feria del Libro de Valladolid./Henar Sastre
Rubén Abella, en una edición de la Feria del Libro de Valladolid. / Henar Sastre

El autor vallisoletano habla este martes en la Biblioteca de Castilla y León sobre cómo afronta el reto de escribir

JESÚS BOMBÍNValladolid

Aunque renuente a hablar en público cuando se trata de hacerlo sobre su propia obra, Rubén Abella (Valladolid, 1967), narrador y profesor en la Escuela de Escritores de Madrid, lo hará esta tarde a partir de las 19:30 en la Biblioteca de Castilla y León en una sesión literaria organizada por el Grupo de Investigación Reconocido de Literatura Española Contemporánea de la UVA. En conversación con la docente Eva Álvarez Ramos contará cómo se enfrenta al reto de escribir y hablará de la génesis de su obra ‘No habría sido igual sin la lluvia’, reeditada por Cuadernos del Vigía, un texto con el que ganó el Premio Vargas Llosa NH en 2007. Finalista del Nadal en 2009 con ‘El libro del amor esquivo’, Abella ha sumado a su hacer literario obras como ‘Los ojos de los peces’ –Premio de la Crítica de Castilla y León en 2011– ‘Baruc en el río’ y ‘California’.  

–¿Por qué ha reeditado estos microrrelatos?

–En la edición que salió en 2007, por limitaciones de las bases del concurso, solo se podían enviar hasta 90 páginas, así que solo salió la mitad del libro que yo había escrito. Mandé cuatro partes cuando la obra tenía ocho, y para mí siempre ha sido una espinita clavada sacarla como yo la había concebido, lo que pasa es que me metí con otras novelas y proyectos y fue pasando el tiempo hasta que surgió la ocasión de publicarla completa. Me hace mucha ilusión porque le tengo un afecto especial a este libro.

–¿Cuál es el hilo conductor de esos textos?

–Buscar la universalidad en la diferencia. Los microrrelatos están unidos por un personaje llamado El Viajero, al que se menciona de vez en cuando y voy siguiendo sus viajes, en los que cuenta historias cotidianas de la gente que encuentra en los lugares que visita. Suceden en Tegucigalpa, Dar es-Alam o Nueva York, y cualquier lector puede verse identificado. Algunas historias tienen cierto aire lírico y la intención, como con todo lo que escribo, es conmocionar a través del lenguaje, de la forma y del contenido. Aunque el microrrelato se presta a lo fantástico, mis textos son realistas. Desde el principio tuve claro que mi narrativa sería realista.

–¿De dónde le viene su afición por el género corto?

–Siempre digo que empecé a escribirlos sin saber lo que era, pues me enteré más tarde de que existía el microrrelato. Todo comenzó a raíz de un viaje a Cuba en el que hice diapositivas, y un día revisándolas me paré en una que mostraba un automóvil Chevrolet destartalado que estaba delante de una silla de hierro forjado, dándose la espalda, como si estuvieran enfadados. Me pareció que había una historia y la escribí. Me encontré a gusto en esa distancia, se podían contar muchas cosas. Seguí escribiendo a partir de las fotografías de ese viaje y salió el proyecto ‘Fábulas del lagarto verde’, que da nombre a uno de los capítulos de ‘No habría sido igual sin la lluvia’.

–¿Qué ha cambiado en su literatura desde que debutó con ‘La sombra del escapista’ en 2002?

–Creo que he ganado mayor conciencia de lo que hago. Un mayor nivel de reflexión y, sobre todo con los años, la escritura se ha ido imbricando con mi vida hasta que ha llegado a un punto que es muy difícil separarlas.

–Imparte clases de narrativa. ¿Quién fue su maestro?

–Mi maestros fueron los escritores. He mamado de los autores que he leído. Hice un curso de escritura en Nueva Orleans que fue revelador, el resto lo he aprendido leyendo a Faulkner, cuya obra ‘Mientras agonizo’ es una de las que más me ha influido. Me gusta Juan Rulfo con ‘Pedro Páramo’, y los clásicos; Shakespeare me sigue maravillando... Leí hace poco ‘Hamlet’ y me impresionó más que la primera vez. Como escritor no termino de aprender, me estoy formando todo el rato a través de lecturas y de la observación de la vida.

–¿Están cambiado las nuevas tecnologías y las redes sociales el modo de leer y escribir?

–Y el modo de entender el mundo y de comunicarse. Tengo alumnos jóvenes y, leyendo sus obras, se ve la tendencia al pensamiento fragmentado, y eso tiene que ver con el posmodernismo y con la forma de comunicación habitual de mucha gente joven a través de mensajes cortos para la emisión y la recepción. La literatura y las nuevas tecnologías están en fase de entendimiento, viendo a ver cómo hacen para vivir juntas. No sabemos qué saldrá de ahí. Confío en que la necesidad de contar buenas historias siga ahí. El microrrelato se ha beneficiado mucho de las nuevas tecnologías porque es una forma de divulgación perfecta.

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