La librería que sopló 110 velas

Pilar Pérez-Canales, con un ramo de flores, en la puerta de la librería El Espolón.
Pilar Pérez-Canales, con un ramo de flores, en la puerta de la librería El Espolón. / Ricardo Ordóñez

El establecimiento burgalés El Espolón celebró su cumpleaños entre amigos, lectores y poetas

GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

En estos tiempos que corren, en los que la tecnología lo acapara todo, cambiando formatos, tendencias y hábitos de consumo, el libro impreso permanece como testigo mudo de un tiempo pasado en el que el valor intrínseco de la literatura estaba ineludiblemente ligado a las páginas de celulosa. A su tacto. A su olor. A su espíritu. Un pasado del que es protagonista la Librería del Espolón, que ayer celebró sus 110 años de vida entre amigos, poetas y lectores.

La de la librería burgalesa es la historia de un amor entre la ciudad y la literatura que comenzó allá por 1907 de la mano de Jacinto Ontañón, gran apasionado de la lectura. Alumbrada con el nombre de El Papamoscas, la librería se hizo rápidamente un hueco en el corazón mismo de la ciudad. Con su característica fachada de madera, por sus estanterías pasaron miles de ejemplares hasta que Ontañón, republicano confeso, puso «pies en polvorosa» en 1935 ante la amenaza de un alzamiento militar que acabaría consumándose.

Fue entonces cuando la librería pasó a manos de la familia Pérez-Canales, que decidió cambiar el nombre y rebautizar el ya histórico comercio con el nombre del paseo en el que se situaba. Primero fue el abuelo, luego el padre y ahora es ella, Pilar, quien se encarga de dirigir el establecimiento. Y lo hace, 110 años después, con la ilusión del primer día. «110 años sin público son imposibles» de cumplir, resumía ayer, 13 de julio, entre risas nerviosas y emocionadas ante parte de los autores burgaleses cuyos volúmenes han decorado durante años el escaparate rojo, que permanece como testigo mudo del Burgos de principios de siglo XX.

Eso sí, el camino no ha sido fácil, sobre todo en los últimos años, en los que las librerías tradicionales han tenido que enfrentarse al mundo digital. De hecho, la propia Pilar insiste en que «han sido más fáciles los 100 primeros años que los 10 últimos». A pesar de ello, la librería ha sobrevivido a base de ofrecer algo que el libro electrónico no puede. «Un libro en papel tiene algo que el formato electrónico no tiene».

Además, el presidente de la Asociación Provincial de Libreros de Burgos, Álvaro Manso, destaca un segundo factor clave para la supervivencia de establecimientos como el del Espolón. Y es que, en esa librería, el lector siempre ha podido encontrar a «un librero», que es alguien muy diferente a un «vendedor de libros». «La prescripción, el conocimiento de los clientes y los libros y el cariño a la lectura» de Pilar y su familia son clave, subraya Manso.

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