Jambrina: «Trump es un personaje bufonesco que no necesita a nadie que lo divierta ni lo caricaturice»

Luis García Jambrina, profesor de la Universidad de Salamanca, posa con su nueva novela. /Manu Laya
Luis García Jambrina, profesor de la Universidad de Salamanca, posa con su nueva novela. / Manu Laya

El novelista zamorano rescata la figura del bufón de Carlos V en ‘El manuscrito de fuego’, la tercera entrega de la saga ambientada en Salamanca, Béjar y Medina

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Su manuscrito fue de piedra, también de nieve y diez años después acaba siendo de fuego para seguir dando forma sin llegar a cerrar el círculo de intrigas palaciegas que tiene a Salamanca y al estudiante de leyes Fernando de Rojas como ejes centrales.

Luis García Jambrina (Zamora, 1960) rescata en esta ocasión del anonimato la figura del ‘Francesillo’ que en su día resucitara Umbral en la novela ‘Las ninfas’– llegó a bautizarle como patrón maldito de los periodistas–, y del que poco o nada se sabe pese a haber sido confidente y consejero, además de entretenimiento, del mismísimo Carlos V. Su asesinato en Béjar, sin rastro de los culpables, es el eje principal sobre el que gira ‘El manuscrito de fuego’ (editorial Espasa), que además deja otros guiños como el riesgo que entraña defender la verdad, el debate suscitado en la época sobre la locura, o el sobrevenido por la conclusión de la fachada plateresca de la Universidad de Salamanca en un año en el que se conmemora su VIII Centenario.

Sabemos demasiado de los reyes pero poco de sus bufones, que en el caso de don Francés de Zúñiga tuvo una influencia relevante.

–Efectivamente. En casi todos los libros de historia y biografías que he leído de Carlos V a ‘Francesillo’ se le menciona y poco más, y a veces ni eso. Pero precisamente lo interesante para el novelista es recuperar a este tipo de personajes olvidados y oscuros, y más si fueron asesinados como este caso. Lo que me lanzó a escribir esta novela es que fuera apuñalado por unos desconocidos en una calle oscura de Béjar y no se supiera nada sobre la autoría. Se echó tierra sobre el asunto porque todo el mundo pensaba que tenía que haber sido un noble.

Siempre hemos pensando que los bufones eran los tontos de la Corte cuando en este caso todo apunta a que murió por demasiado listo..

–Este es otro de los asuntos que me llamó la atención. El mundo de la bufonería era muy complejo. Se les llamaba entonces hombres de placer porque estaban destinados a divertir al Rey y a la Corte en general. Pero había varias categorías, desde los enanos y contrahechos, que divertían por su deformidad, los locos, que divertían por los disparates que decían, y luego estaban lo que se llamaban los locos fingidos y los locos de oficio porque vivían de eso, y éste es el caso de Francés. Se finge loco para poder decir esas verdades que nadie puede decir.

Y para callar muchas otras, que también es una virtud.

–También, porque era bastante difícil vivir y sobrevivir en la Corte. En este caso lo que parece es que llegó a tener bastante relación con el emperador, y el emperador lo protegía porque además de hacerle reír, era su confidente y con quien podía hablar de todo. Claro, cuando llega a Castilla no sabe hablar castellano y probablemente encontrara en don Francés un aliado de confianza.

Portada de 'El manuscrito de fuego'.
Portada de 'El manuscrito de fuego'. / Laya

¿Por qué había en la época esa predilección de los reyes por los bufones que hasta eran fichados como si fueran futbolistas?

–Por muchos motivos, entre otros, porque estando rodeados de contrahechos y de raros, los cortesanos y los propios reyes se sentían que eran más perfectos y superiores a los demás. Luego está también el divertimento y el espectáculo. Con el paso de la Edad Media al siglo XVI la figura del bufón evoluciona y el momento en que don Francés es bufón se les empieza a poner en tela de juicio porque muchos les acusan, además de inmoralidad e irreverencia, de tener demasiada influencia en los reyes.

Ese grado de influencia deriva en la envidia de otros cortesanos.

–En ese momento los bufones están en el punto de mira de mucha gente. De hecho Fray Antonio de Guevara, que aparece en la novela, les ataca en algunos de sus escritos y les insulta porque ve en ellos a un rival. A alguien que tiene lo que él desea. ¿Qué pasa? Que en los primeros años el rey es muy joven y seguramente muy influenciable, pero con el paso del tiempo cuando el emperador empieza a obsesionarse con el imperio y deja de interesarse por Castilla empieza a distanciarse de don Francés. Se habla de los motivos del despido pero evidentemente eran la gota que colma el vaso. Ya no le interesaba. Se le había subido el imperio a la cabeza y el bufón ya le molestaba.

«A veces los bufones tenían más influencia y llegaban más lejos que los propios sabios»

Es entonces cuando al poderoso deja de importarle la realidad y le interesa más que le regalen el oído.

–Lo que llamaban entonces las lisonjas. No quieren escuchar la verdad.

– ¿Tanta envidia despertaban como para querer asesinarles?

–Hay que tener en cuenta que don Francés cuando muere dejó una fortuna enorme. No fortuna pero sí un montón de propiedades, fincas y tierras con las que estaba formando un mayorazgo que lo heredaba el hijo mayor, y eso seguro que debió despertar muchas envidias. La clave está en que le matan justo cuando pierde el favor del rey y por otro el de otro señor que tenía, que era el duque de Béjar.

Otro de los vértices de la novela tiene que ver con el debate suscitado en torno a la locura, y en este sentido ‘El elogio de la locura’ juega un papel importante.

–El libro de Erasmo de Rotterdam forma parte de ese contexto que tiene que ver con la locura, de actualidad y en pleno debate en ese momento. Yesa influencia que tienen los bufones en la Corte, muchas veces se les deja llegar hasta donde no pueden llegar incluso los propios sabios. Lo que pasa con don Francés es que no es un bufón cualquiera, sino que tiene mucho de sabio.

¿Es lo que hoy llamaríamos asesor cualificado?

–Bueno, esos ya estaban allí, y eran los que competían con él.

Pero los que iban con la verdad por delante eran los ‘francesillos’, no los asesores.

–Eran los únicos que podían decir determinadas cosas, y lo hacían bajo esa máscara de locura.

Hoy día al poder le interesa más rodearse de aduladores que de ‘francesillos’.

–Es que hoy día, si te fijas, el bufón es el Rey. Ahí tenemos a Donald Trump, que es un personaje bufonesco que no necesita a nadie que lo divierta ni lo caricaturice porque él mismo se presenta así ya. Y se podía mencionar a otros, pero el de Trump es un caso muy evidente.

No necesita bufón porque tiene las redes sociales, donde la libertad de expresión juega en un campo de dimensiones limitadas.

–Estamos viviendo un momento en el que la libertad de expresión vuelve a estar en tela de juicio, si es que alguna vez no lo estuvo. Hay cosas de las que no se puede hablar.

«No se puede condenar a nadie por lanzar una opinión o hacer un chiste por muy macabro que sea»

Esta es otra de las reflexiones que deja la novela.

–Exactamente. Al tiempo que rescato del olvido a este personaje tan singular, también intento convertirlo en una especie de símbolo para aquellos que quieren decir la verdad pase lo que pase y con todas las consecuencias. Porque lo que se dice con gracia y con ironía es más tolerable que cuando se dice de otra manera. Es lo que estamos viendo en los últimos tiempos con algunos chistes, es verdad que de muy mal gusto y sin gracia, pero no se puede condenar a nadie por lanzar una opinión o hacer un chiste por muy macabro que sea. Se le puede repudiar pero aplicarle la ley... Es lo que está pasando con los delitos de odio. Porque, ¿qué es odio? Se abre un campo indefinido en el que cuando quiere el poder te reprime, te encarcela y te calla. Y esto está de telón de fondo de este personaje.

Dicho sea de paso su ‘Crónica burlesca’ es lo más parecido al ‘Fire and Fury’ escrito sobre Trump.

–Es que don Francés no solo hacía sus gracias en la Corte de viva voz sino que por lo culto que era lo lleva al papel para reírse de todo el mundo con estilo y con gracia.

– Tan culto como para publicar incluso un libro de proverbios.

–Sí, esta es una aportación de la novela gracias a la colaboración del bejarano José Antonio Sánchez Paso. Material que saca a la luz la licencia que pide al rey para imprimir una colección de refranes que ha terminado. Muchos expresan verdades con mucha gracia.

¿Como por ejemplo que Segovia tiene 8 meses de invierno y 4 de infierno?

–A lo mejor no lo utilizamos solo con Segovia o con Castilla en general, pero es un refrán que lo seguimos utilizando.

O que Medina del Campo es una villa sin suelo ni cielo. Sin suelo porque en el invierno está cubierto de lodo, y sin cielo porque no se puede ver a causa de las continuas nieblas.

–Este es un personaje sin explotar que ni siquiera sale en la serie de televisión, ‘Carlos, rey emperador’.

¿Daría juego en la pantalla?

–Esta tercera novela creo que incrementa el atractivo para que sea traslada a la pequeña o gran pantalla.

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