'Ícaro en los ojos' recorre la trayectoria poética y vital de Carlos Aganzo

Carlos Aganzo, en el centro de la imagen, junto a Pablo Méndez, editor de Vitruvio y Fernando Conde. /Henar Sastre
Carlos Aganzo, en el centro de la imagen, junto a Pablo Méndez, editor de Vitruvio y Fernando Conde. / Henar Sastre

El poeta presenta su poemario en el Círculo de Recreo, en compañía de Fernando Conde y Pablo Méndez, en un acto con coloquio y recital

SAMUEL REGUEIRAValladolid

El poeta y director de El Norte de Castilla, Carlos Aganzo, ha presentado su libro ‘Ícaro en los ojos’ en el salón del Círculo de Recreo, ubicado en la calle Duque de la Victoria, tras el acto de carácter más íntimo que tuvo lugar en verano en Pinar de Antequera. La obra, editada por Vitruvio, recoge distintos destellos de la trayectoria lírica de Aganzo desde 1983 hasta 2014, treinta años en cuatro decenios, en los que se perfila un devenir literario bien dividido en tres etapas.

«Aunque ahora parezca que vivimos un momento de resurgir, lo cierto es que publicar poesía sigue siendo difícil», opinó Aganzo al comienzo de su intervención. Su lectura comenzó a partir de textos de su primera etapa, la más juvenil, cuyos versos hoy le resultan «excesivos», pero ha querido mantener a modo de recordatorio de cómo el joven poeta «piensa que cuanto escribe en ese momento de su vida es mayestático, hasta por encima de las palabras de Horacio». ‘Canto de difuntos’ o ‘Canto carnal’ conforman divididos este bloque, ya que en su día se vieron publicados de forma conjunta bajo el título de ‘Ese lado violeta de las cosas’.

Una segunda fase, marcada por su llegada a Ávila, comprende una poesía más despojada, cargada de simbolismo y con una perspectiva ciertamente contemplativa: «Fue el momento de despojarme del exceso de ropajes y vivir en el campo –declaró–, rodeado de amigos como Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz». Es esta una etapa en la que se integran obras como ‘Manantiales’ y su prolongación espiritual, ‘La hora de los juncos’, así como textos de ‘Como si yo existiera’.

‘Caídos ángeles’ supone un punto de inflexión de cierta relevancia, que juega con las iniciales de título y autor mientras refleja los días más oscuros o el final de la vida de personajes célebres como la escritora Iris Murdoch. Se construye aquí la bisagra que abre la puerta a esa tercera y hasta la fecha última etapa en la trayectoria lírica de Aganzo, marcada por la crisis de la economía, educación y valores que asomaba desde comienzos de siglo y que terminó por desencadenarse en 2007. Aquí tienen cabida ‘Las voces encendidas’ (ganador del premio de poesía Jaime Gil de Biedma), ‘Las flautas de los bárbaros’, ‘En la región de Nod’ o ‘Meditación frente al sepulcro’.

En la presentación, Fernando Conde, enumeró los más recurrentes ‘leitmotiv’ de Aganzo: la naturaleza, las imágenes, la evolución del ser humano, el misterio… Todos ellos desfilan en un libro que es «mezcla de un jardín con una biblioteca», citando una de las frases predilectas del escritor y atendiendo a la etimología griega de ‘antología’. Pablo Méndez, responsable de Vitruvio, destacó, por su parte, que gracias a este encuentro la editorial firmaba su centésimo acto, protagonizado por un poeta al que llevaban siguiendo «mucho tiempo con ánimo de publicar algo de él».

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