La huella de la tecnología en la poesía

El escritor Rodrigo Garrido. /Gabriel Villamil
El escritor Rodrigo Garrido. / Gabriel Villamil

Rodrigo Garrido presenta este miércoles su poemario ‘El silencio del hombre sin otro hombre’ en el Desierto Rojo

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Rodrigo Garrido presenta su tercer poemario el Día de la Poesía. Acompañado por Esperanza Ortega, ‘El silencio del hombre sin otro hombre’ (Difácil) tendrá su puesta de largo en el Desierto Rojo esta tarde, a partir de las 20:00 h.

«El título hace referencia al silencio individual y al de nuestra especie, del que pienso surgen las preguntas que acompañan al ser humano sobre la existencia, el arte, el miedo a la muerte, la necesidad de afecto. Esos son los temas que aparecen en el libro», explica el escritor. Concebido como un poemario unitario, el hilo conductor que atraviesa sus cuatro capítulos es «la tecnología como elemento que puede o no modificar esas cuestiones trascendentales, revisando cómo afecta a nuestra inmortalidad teorías sobre la transhumanización, a nuestras relaciones afectivas –ahora a través de las redes sociales–, las modificaciones genéticas y nuestro futuro, nuestra conciencia que ya no es solo nuestra y se publicita en la Red, cómo influyen en el aprendizaje los canales de YouTube, el sexo virtual o con robots».

Incertidumbres prehistóricas

Tanta información va exponiéndose en una «pequeña historia de la evolución humana» que comienza con ‘Fiesta de la luz’, un capítulo primero en torno a la teoría del big band. Sigue ‘En el principio de un nuevo mundo’, «donde aparece el ser humano en la prehistoria y con él, el arte, las primeras incertidumbres sobre la vida y la naturaleza». El tercer capítulo es el central, ‘Todo el que nace está destinado a contar su tiempo’ y finaliza con ‘Un astronauta envía por Twitter imágenes a la Tierra’.

El también profesor Garrido Paniagua considera su escritura «clásica. Son poemas no muy largos con muchas referencias al arte, algo propio de los humanos, por eso evoco desde las manos pintadas en las cuevas a la noche estrellada y Van Gogh». Si su primer libro, ‘Los dormidos’ tenía una preocupación social, en el segundo, ‘La primera vez que vi a un animal muerto’, inició una poesía «reflexiva, filosófica, desde una óptica personal». Este tercer poemario «es una reflexión más comunitaria, como especie, pero en el mismo tono que el anterior.

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