La historia de Relieve, un refugio intelectual durante el franquismo

De izquierda a derecha, la presidenta de Alvacal Cristina Tejera, la concejala Ana Redondo, el profesor Jesús María Palomares, la escritora Cristina Rodríguez y el médico y autor Ramón Torío. /Henar Sastre
De izquierda a derecha, la presidenta de Alvacal Cristina Tejera, la concejala Ana Redondo, el profesor Jesús María Palomares, la escritora Cristina Rodríguez y el médico y autor Ramón Torío. / Henar Sastre

Cristina Rodríguez Vela presentó el viernes 13 de abril un recopilatorio sobre la célebre librería en la Feria del Libro Antiguo

Clara Rodríguez Miguélez
CLARA RODRÍGUEZ MIGUÉLEZ Valladolid

Tres hermanos, Domingo, Pepe y Pablo, tenían una librería en Valladolid, de nombre Relieve, que nació en 1951. El remanso de libros se convirtió en un refugio cultural durante el franquismo, en el que encontraban asilo los libros prohibidos, pero también la flor y nata del gran número de intelectuales que allí se reunía. Así lo cuenta la académica Cristina Rodríguez Vela en 'Relieve: La librería y el librero en el Valladolid del primer franquismo', el volumen que presentó el pasado viernes 13 de abril al mediodía en la carpa de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión.

Hija de Domingo Rodríguez y sobrina de Pepe 'Relieve' y Pablo –Blas Pajarero–, la autora ha convertido su tesis sobre la historia de la librería en lo que define como un auténtico «abordaje transversal», que ahora edita el ayuntamiento. «Era una época de autarquía», relató Cristina Rodríguez, «pero hay que matizar que en ese aislamiento había focos de cultura y que este no es un estudio local, sino un estudio de caso», puntualizó, tras repartir emotivos agradecimientos y recuerdos, después de las aportaciones de Cristina Pérez, de Alvacal; la concejala de Cultura Ana Redondo, el profesor Jesús María Palomares y el médico y escritor Ramón Torío.

«Pepe Relieve forma parte de nuestro patrimonio», reivindicó Ana Redondo, «y el patrimonio es el gran regalo que le hacemos a las generaciones futuras y un escudo protector contra la globalización». Palomares alabó su documentación, que calificó de espléndida, y revisó el papel de esa «botica intelectual» disidente ante la censura. Torío realzó los Pliegos de Cordel Vallisoletanos, que eran las ediciones de la propia Relieve que Domingo regalaba en aquel lugar de encuentro.

Sin duda, además de los ponentes destacó la aparición entre el público del pintor Félix Cuadrado Lomas, que declinó recientemente el Premio Castilla y León de las Artes porque este carecía de dotación económica. José Jiménez Lozano, que no pudo asistir, envió una carta para los presentes y se sumó a la ronda de elogios, con un cariño confeso hacia la librería, aquella en la que «buscar un libro, y solo ese, porque si no nos va la vida en ello, al menos nos va el alma».

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