El fotógrafo Navia le pone imágenes a la 'Castilla' de Delibes

El fotógrafo José Manuel Navia posa con el libro. /Alberto Mingueza
El fotógrafo José Manuel Navia posa con el libro. / Alberto Mingueza

El libro ‘Viejas historias de Castilla la Vieja’ conoce su primera reedición tras la muerte del escritor

SAMUEL REGUEIRAValladolid

Fue a raíz de unos grabados sencillísimos del artista Jaume Pla que germinó ‘Castilla’, una breve novela (de relatos casi autónomos) de Miguel Delibes que, cuatro años después, se popularizaría como ‘Viejas historias de Castilla la vieja’, acompañada de las instantáneas que Ramón Masats hiciera del campesinado autóctono y que supondría uno de los trabajos más hermosos y apreciados por su propio autor. El fotógrafo José Manuel Navia se ha implicado para recoger el testigo del maestro Masats en la que supone la primera reedición de esta obrita tras la muerte del escritor; un libro reeditado por la firma Ken que rescata el título original de ‘Castilla’ y que ayer presentaron, en la librería Oletvm, el propio Navia junto a Elisa Delibes y Gustavo Martín Garzo.

«Cuando Delibes escribió esta obra, y más tarde cuando Masats aportó sus fotografías, comenzaba en Castilla el problema de la despoblación y el envejecimiento», contextualizó Navia en declaraciones previas al acto; «en un trabajo que refleja una Castilla aún más esencial y sus habitantes, que cargan a sus espaldas el peso de la Historia». A lo largo de esta nueva edición, las fotografías de Navia se entremezclan entre una selección de instantáneas tomadas a principios de los años 80, donde algunas ya recogen sus primeros experimentos con las imágenes en color. Estas apuestas se mezclan con otras hechas ex profeso a lo largo del mes de noviembre de 2016, una combinación que dibuja, a la vez que la atmósfera de la Castilla descrita por Delibes, la evolución en la mirada del propio Navia a lo largo de 35 años.

«Todo el trabajo se ha construido buscando una sola unidad», explicó el profesional de la cámara, quien no deja de sorprenderse por encontrar gente joven en los bares de estos pueblos pero que tampoco es ajeno a ese fenómeno de la ‘España vacía’ que ya documentara, entre otros, Sergio del Molino: «Recordando los viajes por España del inglés Richard Ford, España siempre ha sido como una campana; llena de gente en sus límites, en la costa, y el centro, en su badajo –Madrid–, pero totalmente hueca en todo lo demás».

Un libro vivo

Martín Garzo reivindicó la importancia de que estas ‘Viejas historias de Castilla la vieja’ continuaran reeditándose pese al paso de los años: «Es un gusto ver que un libro sigue vivo después de su última edición», manifestó; entusiasmado ante la que considera «una de las obras más desnudas y despojadas de Delibes». En su trama, el estudiante Isidoro regresa a su pueblo (uno que abandona y que le lastra frente a los urbanitas en su primer viaje a la ciudad, en el brillante capítulo inicial de la obra), para volver a hallarse frente a su ‘patria’; la infancia, parafraseando a Rilke: «Se encuentra con los restos de un mundo perdido que aun así pervive», señaló el autor de ‘Historias de Marta y Fernando’.

Como Navia, Garzo coincide en la importancia de los nombres en este trabajo de Delibes: «Las fotografías no solo muestran un paisaje, sino quien lo habita, quien resulta el creador de un hogar y el responsable de dotar a este sitio de unas huellas de vida». En la misma línea, el autor de ‘Los santos inocentes’ «es capaz de mostrar aquello que describe de una forma tan desnuda que la imagen adquiere una inevitable dimensión poética», valoró Garzo; «un realismo que trasciende lo evidente y que nos lleva un paso más allá, al hacer aparecer las imágenes por el mero hecho de nombrarlas».

Elisa Delibes, por su parte, declaró que «nunca antes le había salido nada tan redondo [a Miguel] ni había tenido tanta suerte como con este libro», y rescató fragmentos de las cartas que se intercambió su padre con Jaume Pla: «El alma de Castilla está en esta novela, árida e inmutable, espectacular por su ausencia de espectáculo», citó, conmovida ante el hecho de que «en pleno siglo XXI sigan escogiéndose sus palabras para describir Castilla».

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