De un error informático a poema ganador

Jaime Peña. /Ángela Saéz Díaz
Jaime Peña. / Ángela Saéz Díaz

Jaime Peña se impuso a los 246 aspirantes al V Premio de Poesía Experimental Francisco Pino con su libro ‘Teorema de Glitch’

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Técnico informático, batería y poeta, esos son los afanes de Jaime Peña, el ganador del V Premio de Poesía Experimental Francisco Pino. De un error en su ordenador nació ‘Teorema de Glitch’, la obra con la que se ha impuesto a los otros 246 trabajos presentados al galardón dotado con 4.000 euros. El primer accésit ha reconocido el poemario ‘Todo lo soporto y aguanto - Solo para fumadores’, del vallisoletano José Carlos Sanz, y el segundo accésit, a ‘Fin de la serie, objetos fallidos’, del mexicano Kissel Hiram.

Aunque el fallo ha dejado el título de Peña en ‘Teorema’, el original es algo más explícito. «El teorema de Glitch es un término que describe un error informático que interfiere en la información de datos o visual. Tiene que ver con el origen de este poema cuya idea primigenia surgió del error en un archivo de mi ordenador que echó a perder un poemario y empezó a hacer cosas raras. Ante eso, o dices adiós al trabajo o lo enfocas como que el ordenador rediseñó el poemario. Trabajé con esa mezcla de informaciones, como si fuera una metáfora de la posmodernidad en la que vivimos dentro de una ingente cantidad de información, mezclada, y para entenderla hay que desentrañarla», cuenta Jaime Peña.

No conoció a Francisco Pino hasta que se fijó en el premio, de hecho él mismo no se considera especialmente experimental, sino más bien «lírico, me interesaba la tradición lírica». Comenzó garabateando ideas casi por azar y tras sentirse espoleado por la poesía de Luis Cernuda. La Generación del 27 es su gran referente, con especial aprecio por Aleixandre, Lorca y Alberti. «‘Teorema de Glitch’ no es un poemario en sentido estricto, sino más bien un poema largo que no tiene continuidad. Abordé el proyecto desde la forma, quería que fuera como un rollo chino o un papiro que se desenrolla, lo que llevaría el último androide en un futuro apocalíptico. Una especie de registro gráfico aparentemente en una forma caótica, donde se suceden versos, códigos maliciosos propios de la informática, palabras de María Zambrano, de Homero, de poetas árabes con su grafía, como una implosión de todo ello».

A sus 35 años este escritor cántabro gusta más de los poetas que le han precedido que de sus coetáneos. «Me parece un genio Alberto Santamaría, un escritor santanderino. Pero leo más a escritores del pasado. Hace cuatro años descubrí a María Zambrano y me voló la cabeza, también estoy conociendo ahora la poesía de Sylvia Plath y de Eliot».

Música instrumental

Jaime Peña considera la poesía como «la única forma literaria capaz de cambiar el lenguaje» y si su escritura comenzó bajo el influjo de los surrealistas, pronto le interesó indagar en la cadencia y la sonoridad del español. «Al final se basa en el ritmo, soy batería, así que para mí poesía y ritmo van de la mano». Toca en dos grupos de música instrumental, así que no le dejan llevar sus versos al escenario. «No lo echo de menos. La música ya lo dice todo por sí misma. Creo que es la forma de expresión que hace sentir de manera más inmediata, más que la palabra», dice este poeta con dos libros publicados.

El ‘Teorema de Glitch’ de Jaime Peña García fue elegida como obra ganadora por un jurado compuesto por el hijo de Francisco Pino, Carlos Aganzo, José Noriega, Juan González-Posada y Antonio Piedra quienes dieron a conocer el fallo ayer a mediodía en la sede de la Fundación Jorge Guillén.

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