Desandar el camino del cuento español

Díaz Viana y Susana Asensio reeditan para el CSIC la recopilación de 280 relatos que realizó el estadounidense Aurelio Espinosa en 1920

Luis Díaz Viana, en la Feria del Libro de Valladolid. /H. Sastre
Luis Díaz Viana, en la Feria del Libro de Valladolid. / H. Sastre
VICTORIA M. MIÑOValladolid

Bilingüe por aislamiento, el filólogo estadounidense Aurelio Espinosa (1880-1958) nació en El Carnero (Colorado) una comunidad española del Valle de San Luis. Durante dos siglos esas islas latinas se mantuvieron rodeadas de angloparlantes. Y por la curiosidad de conocer la procedencia de cuentos y decires comenzó a recopilar relatos en 1902 en esos territorios del sur de EE UU anexionados en 1848. Recorrió Nuevo México y Colorado hasta 1915. Convencido de que muchos de ellos tenían su origen al otro lado del Atlántico, logró apoyo económico para venir a España. En seis meses, de julio a diciembre, recorrió de Santander a Sevilla capitales y pueblos, con larga parada en las provincias de la actual Castilla y León. Aurelio M. Espinosa hizo el primer gran trabajo de campo del cuento popular, registrando 280 en una colección a la altura de las que tenían el resto de países europeos.

Luis Díaz Viana y Susana Asensio Llamas han reeditado el volumen que el CSIC publicó en su colección ‘De acá para allá. Fuentes etnográficas’ en 2009. Recuperaban así este clásico que había sido publicado en España por primera vez en 1946-1947, en tres volúmenes, con prólogo de González Palencia. Posteriormente Víctor García de la Concha encargó a Díaz Viana una selección de 67 cuentos para Austral. «Eso es lo que se conocía de esta obra», dice el antropólogo.

España, una «civilización»

Aurelio M. Espinosa se graduó como filólogo y eligió tempranamente seguir las pesquisas los rasgos distintivos del español que se hablaba en Nueva México y que intuía debían proceder de Andalucía, Castilla y Extremadura. «El origen de su inquietud científica tiene un sesgo personal identitario. Él está a caballo entre dos mundos; el español y el americano, entre la filología y la antropología. Y por encima de todo sentía un amor por lo español que ojalá tuviéramos aquí», explica el catedrático del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. «Espinosa conoce el trabajo de los hermanos Grimm, bebe de la filología europea porque se ha formado en ella. A su vez estos autores son los que construyen esa visión evolutiva de la narrativa universal. También conoce la escuela finlandesa (el finlandés Kaarle Krohn y el estadounidense Stith Thompson definirán el catálogo para tipificar cuentos). Junto a él, antropólogos americanos en Colorado y Nuevo México hacen trabajos de campos sobre leyendas, cuentos y romances». Aurelio M. Espinosa se curte primero en los estados sureños.

«En el método de Krohn y Thompson hay dos fases: la identificación y después la interpretación. Siempre ha sido más cultivada la recopilación y más pobre la segunda». Espinosa participa de la corriente evolucionista del cuento a partir de un origen indoeuropeo aunque en el viaje de esos cuentos, que son reinterpretados en América, hay una parada crucial: España. «Para él España no es una cultura, sino una civilización. Por eso quiere venir para comparar las historias de aquí con las que llegaron allá. Logra financiación de la American Folklore Society y otros mecenas y viene en 1920».

«Castilla y León es la región que más porcentaje de relatos aporta a la colección» Luis Díaz

Sus únicas referencias son Menéndez Pidal y los arabistas que conoce en el Centro de Estudios Históricos. Por el primero, comienza su periplo español en Santander, bajando por Burgos. «Viene a España a recoger suficiente material para comparar con las colecciones americanas. Necesita un punto de referencia para probar sus tesis: un trasvase directo de España a Estados Unidos. Llega a la península y descubre un campo virgen. Viene de un mundo académico donde están normalizados los estudios folklóricos y en España no existe esa conexión. Aún hoy, aquí parece que los estudios de cultura popular están siempre comenzando en cada generación», apunta Díaz Viana.

Campensación a informantes

Espinosa viene convencido de que los cuentos que recorren Asia desde la India, como la raza aria, hacia Occidente, tienen un desarrollo específico en España, «importante puente entre Oriente y Occidente. Las colecciones orales (populares) y cultas (escritas) pasan por España. Hasta ahí vale, pero es que él y su generación mantienen la idea de la monogénesis, frente a la constatación de la poligénesis actual. Porque aunque conocen las colecciones de otros muchos países europeos, se olvidan de África. Sin embargo hoy sabemos que historias como las de Polifemo y otros mitos helénicos que identifican al Mediterráneo se habían contado antes en África».

Espinosa se sumerge en las tierras españolas y va donde los ‘informantes’ le llevan. «Su método, que era común en este trabajo, fue cuestionado. Compensaba el tiempo y el interés de quien le contaba un cuento con una peseta, por lo que podía darse el caso de que abusaran inventando historias», advierte Díaz Viana. Y es que a veces los cuentos se mezclaban, otras se convertían en romance, «contaminándose» unos con otros. «Porque cuando el cuentista es bueno, puede no acabar la narración». Espinosa comienza en la Casona de Tudanca, enclave cántabro donde le acoge José María de Cossío en julio de 1920 y terminará en Zaragoza. Las tartanas le llevan a Barbadillo, Santo Domingo de Silos, Palencia, Valladolid, Soria, León, Zamora, Segovia, Ávila, Cuenca, Granada, Sevilla, Córdoba, Ciudad Real, Toledo, Madrid y Zaragoza. «En Soria se queda diez días recogiendo hasta 30 versiones del mismo cuento. Castilla y León es la que más cuentos aporta a esta colección», explica Luis Díaz.

A la recopilación le sigue un estudio pormenorizado del origen, su razón de ser y su evolución. Las historias se recogen con fidelidad al lenguaje popular empleado, a sus variantes dialectales y a los tiempos verbales empleados. Los relatos populares españoles los clasificó en cuentos de adivinanzas, humanos, morales, de encantamiento, picarescos y de animales, con otras subclasificaciones.

Si se pide a Díaz Viana que señale algunos que definan los puramente español en esta suma de influencias, lo encuentra difícil. «Son cuentos universales. Quizá los que tienen que ver con la astucia del zorro puede identificarse con el folklore español pero también con el francés. España se caracteriza por el cruce de culturas, donde confluyen el Camino de Santiago, la tradición oriental, pensemos en ‘Calila e Dimna’, y otras muchas influencias. Todo eso va a América».

A Espinosa le siguieron sus hijos en la tarea académica y en esa estela continuaron Julio Camarena (1949-2004) con su ‘Catálogo tipológico del cuento folclórico español’ (Gredos) y más reciente José Manuel Pedrosa (1965). El propio Díaz Viana, que comenzó su carrera trabajando sobre el cuento ‘EL incrédulo y la calavera’ -«muy relacionado con el Don Juan de Zorrilla como estudió Narciso Alonso Cortés»- ha hoyado en ese surco en su fuente más contemporánea, las leyendas en Internet.

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