Peri Rossi: «Me gusta que el lector ponga algo de su parte, la novela actual le deja poco espacio»

Cristina Peri Rossi.

La autora uruguaya vuelve al género dieciocho años después con ‘Todo lo que no te pude decir’

ANGÉLICA TANARROValladolid

Han pasado dieciocho años desde que Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941) publicara su última novela. Ahora vuelve a un género que no es su preferido, pero que de vez en cuando llama a su puerta, porque lo que quiere contar exige ese formato. «Creo que el lector de novelas busca sobre todo entretenimiento, es un género en principio más comercial. Por eso, solo escribo una novela cuando no me queda más remedio», explica gráficamente y con cierto humor. La publicación de ‘Todo lo que no te pude decir’, que sale a la luz en la editorial Menoscuarto, sello palentino al que se mantiene fiel desde hace años y en el que ha sacado libros de relatos como ‘Habitaciones privadas’ o ‘Los amores equivocados’, coincide con la aparición de un completo estudio sobre su obra bajo la coordinación de Jesús Gómez de Tejada de la Universidad de Sevilla, en el que varias decenas de investigadores de universidades de todo el mundo analizan el tema ‘Erotismo, transgresión y exilio: las voces de Cristina Peri Rossi’. De erotismo y transgresión mucho hay en ‘Todo lo que no te pude decir’, que estos días llega a las librerías.

En ella Peri Rossi aborda uno de sus temas favoritos: las diferencias sustanciales entre hombres y mujeres, sobre todo a la hora de encarar el amor y la sexualidad. Y lo hace introduciendo un asunto poco tratado en la literatura española como la zoofilia, al plantear una relación entre un hombre dedicado al cuidado de los animales de un zoo y una hembra de chimpancé.

«Desde el feminismo se habla de igualdad entre hombres y mujeres, y es necesaria esa igualdad desde el punto de vista de los derechos y el papel en la sociedad, pero no se dice tanto que hombres y mujeres somos profundamente diferentes. Mi novela se abre con dos citas que la enmarcan bastante. Una es de Julia Kristeva, la psicoanalista, feminista y escritora búlgara que dice: ‘No hay mayor asimetría que la diferencia sexual y de género’. La otra es de Borges, un escritor al que no se le puede achacar ningún sentimentalismo y que dice: ‘Enamorarse es crearse una religión cuyo Dios es falible’, y es que cuando nos enamoramos perdemos la razón, el enamoramiento no pasa por la razón».

Desde esta esquina del caleidoscopio, como diría Cortázar al hablar de la novela, Peri Rossi aborda una historia coral en la que un grupo de hombres y mujeres van entrecruzando sus vidas a vueltas con su propia soledad y sus deseos. La estructura de la novela hace que se pueda leer como un conjunto de relatos breves que dan agilidad y frescura al desarrollo de los acontecimientos.

–¿Por qué necesitaba introducir esa relación sexual entre un hombre y un chimpancé para hablar del tema central de su novela?

–Porque eso me permitía ampliar el espectro de las diferencias entre hombres y mujeres desde el punto de vista del imaginario. También desde la imaginación hombres y mujeres se enfrentan de forma diferente al amor y a la sexualidad. Claudia, el personaje de la novia de Suárez, que es quien tiene la relación con el chimpancé, acude a un amigo de éste para que le explique por qué su pareja ha llegado a ese punto. Ella no puede entenderlo, pero reclama del amigo una explicación, porque es hombre «y los hombres saben cómo sienten los demás hombres», dice. Por otro lado, el introducir este tema me suponía un reto como escritora. El escritor debe meterse en la piel de gentes que no son como él, que incluso hacen cosas que él nunca haría, para tratar de entenderlo. De otra forma toda la literatura sería un puro narcisismo. Eso no quiere decir que no haya muy buena literatura del yo. Pero entiendo muy bien cuando Flaubert dice ‘Madame Bovary soy yo’. No quiere decir que él sea el personaje, sino que mientras lo escribió se puso en su piel para saber cómo pensaba y por qué hacía las cosas.

–¿Fue difícil escribir la escena de sexo entre el hombre y la chimpancé de una forma tan real al mismo tiempo tan poca escabrosa?

–Sí, fue difícil precisamente por eso, porque me obligaba a ser sutil en un tema en principio muy escabroso. Pero yo no soy una escritora comercial. Fui muy minuciosa. Y estoy contenta, porque las pocas personas que han leído la novela me han dicho que no se han sentido agredidos con esa escena.

–¿Y no tiene miedo de que se haga una lectura muy superficial de la novela, que todo se quede en hablar de esa relación que al fin y al cabo no es más que una pequeña parte del todo?

–Sí, por supuesto. Pero ahí no hay nada que hacer. Claro que preferiría que el lector fuera más allá, porque la novela trata de asuntos muy profundos. Pero cada uno se quedará en donde quiera o pueda. A mí a veces me preguntan para qué tipo de lector escribo y luego no veo reflejada la respuesta. Pero cuando pienso sobre ello, creo que escribo para un lector que haya leído, vivido o experimentado lo que yo he leído, vivido o experimentado. Y da igual que sea una novela, un cuento o un poema. Esos serán los que mejor me entiendan, pero la novela la leerán todo tipo de personas y eso está bien.

–La novela está llena de referencias culturales y guiños cómplices a creadores vivos. Las hay cinematográficas, como la película ‘La muerte y la doncella’ de Polanski o ‘No mires para abajo’ de Eliseo Subiela, literarias y artísticas como las fotografías de Isabel Muñoz.

–Hablo de obras que a mí me han impresionado y que por otra parte me ayudan a enmarcar la tesis de la novela. Son referencias reales. Las fotografías que Isabel Muñoz, una de nuestras artistas más reconocidas internacionalmente, hizo en África a los chimpancés, por ejemplo, son maravillosas y me han ayudado mucho a la hora de las descripciones, sin embargo creo que no son muy conocidas.

–Como todos sus libros, también esta novela pide un lector activo.

–Sí, yo creo que la novela española actual deja poco espacio al lector. Se explica todo demasiado, incluso lo obvio. A mí me gusta que el lector ponga algo de su parte. Mis novelas no son una sucesión de hechos sin más, para eso están las series de televisión. Mis novelas introducen una tesis, un punto de vista, una manera de ver el mundo, son novelas, no son filosofía, cuentan una historia, pero son algo más. Invitan a reflexionar.

–Desde ese punto de vista no entenderá el éxito por el número de ejemplares vendidos.

–Por supuesto que no. Si me importara ser una autora comercial escribiría otras cosas. Por eso me mantengo fiel a una editorial que sé que no puede competir con las grandes campañas publicitarias, pero que al frente tiene a un editor al que le importa la novela, que sé que la va a cuidar.

Cristina Peri Rossi confiesa en conversación telefónica desde su casa de Barcelona que una vez llegó la novela a sus manos la leyó, quedó satisfecha, y pasó a otra cosa. «Porque si no, no podría seguir escribiendo». Y es que, a pesar de su frágil salud, que apenas le permite participar en la promoción de sus libros, es una gran trabajadora que tiene ya más de cincuenta títulos en su haber y el reconocimiento no solo de la crítica o de los lectores, sino de premios tan importantes como el Ciudad de Barcelona en novela, el Loewe en Poesía o el Vargas Llosa en relatos. Lo próximo que entregue a la imprenta volverá a ser un poemario o un libro de cuentos. «Tengo otra novela terminada en un cajón desde hace años, pero me da pereza ponerme a corregirla. Aunque quién sabe, cualquier día me sorprendo a mí misma».

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