Radiografía del fanatismo

Antonio Rivera./Iosu Onandia
Antonio Rivera. / Iosu Onandia

El catedrático Antonio Rivera coordina 'Verdaderos creyentes', en el que varios autores analizan desde todos los prismas la raíz del pensamiento sectario, radical y violento

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Solemos asociar el fanatismo a las religiones monoteístas, por aquello de exigir obediencia unívoca a un libro o a una jerarquía, pero el fanatismo ni es monopolio de ninguna creencia ni es un fenómeno del siglo XX. Es tan viejo como el ser humano y no es inevitable». Lo destaca Antonio Rivera, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de País Vasco y coeditor, junto a Eduardo Mateo, de 'Verdaderos creyentes' (Catarata). Es una radiografía del fanatismo analizado desde distintos prismas y posicionamientos ideológicos por catorce autores de muy diversas disciplinas que lo «describen, explican, predicen y previenen».

¿Cómo se forja un fanático? ¿Cómo se pasa del pensamiento sectario a la radicalización y la violencia? ¿Cómo lo prevenimos? Son algunas de las cuestiones que se plantea y a las que responden «con mirada abierta y crítica» politólogos, médicos, psicólogos, historiadores, antropólogos, periodistas, juristas, letrados, filologos y sociólogos. Expertos como Aintzane Ezenarro, Ander Gurrutxaga, Edorta Elizagarate, Eduardo González, Eduardo Mateo, Florencio Domínguez, Jesús Prieto, Jesús Loza, Manuel Moyano, María Lozano, Mónica Carrión, Moussa Bourekba o Pedro Rojo.

«Esta radiografía del fanatismo surge a partir de una reflexión», aclara Rivera. «Cuando el fanatismo y el terrorismo global actúan, una de sus consecuencias inmediatas es la estupefacción: no sabemos interpretar o entender los objetivos que animan a las personas que llevan a cabo crímenes atroces», plantea.

Ofreciendo herramientas para la reflexión y la prevención, en una doble perspectiva, los análisis del libro confrontan el fanatismo y el terrorismo «global» con el «local». «Recordar qué ocurría con los crímenes atroces que se cometían con el terrorismo local nos lleva a pensar que quien es capaz de matar en casa, con una motivación política y un determinado mecanismo mental, se mueve en un contexto social y se vincula una serie de redes que, básicamente, no son muy distintos de quien mata lejos de casa». «Que los esquemas de pensamiento y las vinculaciones que caracterizaban al terrorismo local, en nuestro caso el de ETA, no difieren en esencia de los mecanismos que operan en las cabezas, las redes y las relaciones de grupo del terrorismo global», agrega Rivera.

Microscopio y telescopio

Pretende evidenciar «que eso que queda tan lejos y nos parece tan descabellado y canalla es, en el fondo, exactamente lo mismo que nos ocurre a nosotros de cerca». «Aunque parece que vemos mejor con el microscopio que con el telescopio, una cosa y otra son básicamente lo mismo», insiste el catedrático vasco. Destaca su interés «por trasladar la experiencia y el aprendizaje que, por desgracia, acumulamos en muchos años de terrorismo local para ver si podíamos poner una piedrecita, aunque sea en términos comparativos, sobre las características del terrorismo global».

El libro toma su título del célebre ensayo homónimo en el que Eric Hoffer indagaba en 1951 en la naturaleza del «verdadero creyente», del fanático, -«quien está dispuesto a sacrificar su vida y la de otros por una causa sagrada, una totalidad colectiva o una Arcadia futura»- y su activo papel en la deriva totalitaria de los movimientos de masas de los años treinta. Siete décadas después «la divisa 'piensa como yo o muere' sigue teniendo una triste vigencia» y la reciente historia europea «es elocuente sobre el carácter violento que puede adoptar cualquier movilización política, con el terrorismo de ETA, las Brigadas Rojas o el IRA, que han dejado miles de víctimas como su expresión por antonomasia. «Ahora se vincula ese fanatismo terrorista a los yihadistas musulmanes, pero queremos hacer ver que el fanatismo no es monopolio ni patrimonio de determinadas culturas, políticas y creencias religiosas. Que anida en las mentes bajo determinado tipo de circunstancias», apunta el catedrático.

Además de analizar el fanatismo, los expertos proponen soluciones. «Estudiamos qué se puede hacer en el País Vasco para evitar que sigamos teniendo jovencitos que, aunque ya no se apunten a la 'kale borroka' o sean pistoleros, puedan seguir justificando el elemento que antaño animó al crimen terrorista y analizamos qué no se está haciendo con colectivos de jóvenes magrebíes en nuestras ciudades», dice Rivera.

Sostiene el catedrático que «el mecanismo de pensamiento sectario, de radicalismo violento no es inevitable» y que «cuando acaba en la violencia es que se ha producido el tránsito». «Todos podemos ser sectarios, no necesariamente violentos, pero cuando nos realizamos no necesariamente acabamos pegando tiros», dice. «Para pegar tiros y poner bombas ha de haber un sistema de oportunidades, tienes que tomar una decisión, relacionarte con otros que han tomado la misma decisión que tú en una situación social que lo propicie», plantea el experto.

De la misma manera que advierte de que «no hay unos colectivos, una cultura política o unas creencias más proclives a la fanatización», constata cómo «ahora el prejuicio se abate sobre el mundo musulmán, aunque, de hecho, el propio termino integrismo o radicalización tiene más que ver con las tradiciones cristianas que con las musulmanas».

Disciplinas

Cada experto estudia el fanatismo desde su disciplina. «Los historiadores desde los contextos históricos; los psiquiatras y psicólogos desde los elementos de personalidad de los individuos; los sociólogos desde las relaciones sociales que articulan estos grupos, y los politólogos y loa activistas, que también los hay, viendo qué terapias y qué actuaciones se pueden llevar a cabo para evitar que siga produciéndose», enumera Rivera, autor de varios trabajos sobre la historia social y política, nacionalismo y movimiento sociales en España y el País Vasco.

Rivera refiere las iniciativas de algunos de los autores como Pedro Rojo, filólogo al frente de la Fundación Al Fanar, «que actúa cómo observatorio para evitar la islamofobia en unos medios de comunicación que al tratar de lograr lo bueno consiguen lo malo, cómo identificar comportamientos formales y estereotipos en los jóvenes y traducirlos en mecanismos de radicalización, con lo cual lo que se hace es criminalizar».

Cita a María Lozano, que lidera el grupo de trabajo de Recuerdo a las Víctimas para 'Radicalization Awareness Network' (ARN), organización soportada por la Comisión Europea «que traslada lo que está pasando en ciudades europeas», o a Moussa Bourekba, especialista en integración que gestiona el proyecto SAHWA (Juventud Árabe del Mediterráneo), un 'think tank' con sede en la capital catalana «que se encarga de elaborar un informe muy exhaustivo sobre los atentados en Barcelona».

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