Antonio Basanta: «Uno de los dramas de España es que no tolera el error»

Antonio Basanta. /
Antonio Basanta.

El vicepresidente de la Fundación Sánchez Ruipérez sintetiza en ‘Leer contra nada’ toda una vida dedicada a la lectura

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑO

Doctor en Literatura Hispánica, Antonio Basanta (Madrid, 1953) ha abrazado en su vida profesional media docena de oficios relacionados con el libro. Ahora resume en uno pequeñito su pensamiento sobre el fenómeno de la lectura, a la luz del goce, de la ciencia y de los beneficios sociales que conlleva.

–‘Leer contra nada’ (Siruela) ¿descarta la lectura militante y la pragmática?

–El título contiene ambos sentidos. Por una parte la pragmática utilización que a veces se le quiere conceder a la lectura como si esa fuera su razón de ser, y, por otro, la oposición franca de la lectura al vacío. Es un juego y un recuerdo cuando se habla del avance de la nada, de la desaparición en las personas de la capacidad de soñar, de sentir, de pensar, y, en la medida en que esas capacidades retroceden nos hacen perder humanidad. ¿Cómo se recupera? A través de un medio tan maravilloso como es leer con entrega, atención y comprensión. No conozco nada más parecido al amor, un intercambio en el que se da lo mejor de cada parte; el autor propone un texto y el lector completa la obra. La lectura disipa una energía mágica, por eso a veces las exposiciones bibliográficas conllevan un cierto concepto forense, porque les falta la energía del lector. Eso que antes era una utopía ha venido a refrendarlo la neurología. No hay otra actividad intelectual comparable a la lectura (se enciende casi todo el cerebro), solo la relación interpersonal, únicamente ahí nuestro cerebro está tan alerta.

–El libro parece una síntesis de un inmenso archivo personal.

–Sí, es la síntesis de lo que ha sido mi periplo profesional y personal.He tenido la enorme fortuna de descubrir el mundo a través de las curiosas historias de mis padres antes de saber leer. Luego tuve el privilegio de leer en la infancia una literatura que no entraba en la escuela, con Blyton o Hergé. Los libros me acompañaron en la universidad, en la docencia, en la edición y en la gestión de proyectos culturales. Leer me ha construido como persona. Durante mi vida he copiado infinidad de textos sobre lectura y este libro recoge una mínima parte, es un homenaje a sus autores.

«La neurología prueba que la lectura es tan estimulante como la interrelación personal»

–Compara la lectura con el amor, ¿en ambos casos mejor disfrutarlo que hablar de ello?

–Creo que no solo la lectura provoca una forma de comunicación de una experiencia profunda. Pero en este caso se añade otro elemento, que la comprensión lectora se amplía en cuanto es compartida. La lectura es individual y, por tanto, escuchar lo que para otro lector ha supuesto esa experiencia es enriquecedor. Me interesa la lectura como vínculo social, además de acompañamientos de momentos críticos; la lectura como terapia, protección del alzheimer, como compañía de los más pequeños en familias desestructuradas. A la lectura todavía tenemos que descubrirla, es demasiado joven para conocer su potencial, solo tiene 5.000 años. El viaje de la lectura está empezando. La construcción de una sociedad alfabetizada es contemporánea. Ymás ahora cuando se reproduce hasta el infinito la transmisión de información que llevará a nuevas formas de lectura que si bien no anulan las anteriores, sí aportan nuevos rasgos.

–En el cambio de agujas de papel a pantalla, se afirma que nunca se ha escrito y leído tanto ¿no hay cierta perversión cuando se considera el qué y el cómo?

–Es evidente que el abuso de los medios deviene en malformación. Nos lo advirtió Cervantes en su Quijote; del mucho leer según qué cosas puede terminar uno enajenado. Lo que hay que plantearse es qué hacemos para conservar la lectura tradicional, el valor de la profundización, y cómo compatibilizarlo con enseñar a leer en nuevos soportes para conciliar las virtudes de ambos. Antes del dato apocalíptico, preguntémonos qué hacemos. ¿Qué hace el sistema educativo? Hay un gran contrasentido: nunca hemos tenido semejante acceso a la información, en facilidad y volumen, y eso es una conquista extraordinaria. Pero a la vez nunca hemos dedicado menos tiempo a educar sobre cómo transformar esa información en sabiduría. Nos quedamos en el dato y el peligro de la cantidad nos asfixia. Leer es complicado, exige un aprendizaje continuo. Vivimos en una sociedad de la información desde hace quince años sin que se haya modificado la metodología de la lectoescritura. ¿Cómo se prepara a los maestros para ser prescriptores en el nuevo contexto? ¿cómo leen hoy los niños? ¿qué prácticas metodológicas manejamos, qué ha cambiado en las bibliotecas escolares, qué en los bibliotecarias? Esas preguntas deberíamos poder responderlas porque si no, no lograremos los resultados esperados. El poder de captación y fascinación de los nuevo medios es absoluto, no podemos despreciarlos. Como todo, es cuestión de gobierno y doma.

«La lectura refuerza la empatía. Tú has sido Robinson y esa experi encia de ficción está en tu paquete neuronal»

–¿Cómo domar algo que está en permanente cambio?

–Creo que estamos en el principio del principio de esta revolución tecnológica. Esto no será nada comparado con lo que ocurrirá en los próximos 15 años. Nos vamos a reír del ordenador con teclado, o del impedimento de los idiomas para movernos por el mundo, o de la vida extraterrestre, se modificarán nuestras certezas inapelables. Para eso hay que tener una mente abierta y capacidad para entender la realidad de forma positiva. La lectura refuerza la capacidad de empatía, no es ponerte en el lugar, sino ser el otro. Tú has sido Robinson y esa experiencia de ficción está en tu paquete neuronal de igual forma que si hubiera sido real. La lectura como elemento de formación personal es imbatible. No quiero pensar qué será de nosotros si eso se frena.Detrás de un lector, hay un modelo de ciudadano, de educación y de sociedad. Si apostamos por una sociedad crítica, hay que defender la lectura.

–La Fundación Sánchez Ruipérez sigue leyendo un paso por delante del público en una Casa del Lector sin libros.

–Felizmante desde su nacimiento mantiene su alianza con la vanguardia y eso genera no poca incomprensión porque la verdadera innovación va cargada de una parte que no se entiende. En las corrientes más subterráneas de la cultura lectora y escrita se producen movimientos telúricos que llevarán a panoramas distintos en breve. El lugar de la juventud de hoy es la pantalla. Nosotros tenemos que entrar allí para entender sus reglas y desde ellas, mediante el adiestramiento de jóvenes y mediadores, la lectura se puede seguir enriqueciendo de ambas experiencias. Tenemos alianzas extraordinarias como una con el mundo de los videojuegos.En el fondo ese fue el mensaje de Germán Sánchez Ruipérez, que la fundación no se muera de sí misma, que procure estar atenta a los cambios y apueste, que para acertar hay que equivocarse. Ese es otro drama de España, aquí no se tolera el error, que es la cara distinta pero inseparable del éxito. Se premia la indolencia y la nada. Aquí nadie reconoce equivocarse en ningún plano.La vida es equivocación y acierto. Se aprende más del error que de los aciertos. En cambio nos empeñamos en sufrir porque nos inventamos una forma de ser humano que no existe. Nos resistimos a asumir que somos frágiles y débiles y, en cambio, fortísimos cuando somos seres sociales. El día que convirtamos a nuestro antagonista en nuestro complementario, cambiarán las cosas. A pesar de la edad, sigo siendo utópico, creyendo en la inteligencia, la decencia y la ilusión.

–¿En qué libros le entran deseos de «quedarse a vivir»?

–Frecuento muchos. Por ejemplo a Nietzsche, un autor que permanece, cuando lo lees te reta, te obliga a retroceder sobre su prosa densa y a estar en permanente ejercicio de discernimiento profundo. Como libro de aprendizaje para mí fue fundamental Herman Hesse y su ‘Demián’. Me golpeó en el sentido revelador de la palabra.A veces para ver hay que golpearse, caer y te levantas distinto. Me entusiasmaAgustín García Simón, que escribe una gran literatura con la magia y honradez. Exprime el lenguaje, no me extraña que le cueste. «No hay batalla más dura que la de las palabras», decía Unamuno.

«La construcción de una sociedad alfabetizada es contemporánea»

–Recoge en su libro un aforismo leído en una pared de Medellín; «Quien lee no está haciendo algo; se está haciendo alguien».

–Me pareció buenísimo, subraya la deliciosa inutilidad de la lectura que es algo a recuperar, como todo eso que se aleja de lo objetivable o cuantificable. En esta sociedad lamentablemente entre el tener cosas y tener tiempo, hemos optado por lo primero.

–Conecta escuela, lectura y tecnología ¿cómo está esa relación hoy?

–Vivimos en un mundo al que hemos incorporado la mirada femenina, hemos prolongado la esperanza de vida, la migración de personas es natural, la revolución tecnológica, hay muchos cambios buenos que han modificado estructuras sociales como la Iglesia, el ejército, la familia. Todo esto requiere mentes creativas con nuevas respuestas a esta nueva realidad que cambia a velocidad de vértigo. Invertir en educación es prepararnos para todo eso. Hay una perversión educativa constatable solo con mirar lo que está pasando en Cataluña, todo eso ha sido construido en las aulas. La escuela no puede ser una fábrica de prosélitos sino de estímulos, de entusiasmo, porque no hay nada más satisfactorio para el ser humano que aprender. Y contamos con un cerebro de plasticidad ilimitada, es decir, que siempre podemos aprender.

–¿Qué camino debiera seguir la docencia?

–No es posible que la escuela de hoy sea la misma que la mía. Todo ha cambiado mucho en las últimas décadas, pero no así la escuela. Hay que dividir nuestra historia antes y después de Google. En esta nueva sociedad no valdrá lo uniforme, necesitamos respuestas diversas. Estimular lo irrepetible que hay en cada uno de nosotros debe ser el objetivo de la educación. En Finlandia el sueldo docente más alto lo tiene el maestro de infantil, su nota de corte en la universidad, es una de las más elevadas. Cuando ves sus resultados, empiezas a explicártelo. El profesor debe ser un transmisor de entusiasmo no del tedio, que es un crimen del que difícilmente se puede uno recuperar. Son miles de horas las que los niños pasan allí. La información es fácil de conseguir, hay que trabajar en los métodos para discernir su fiabilidad.

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