Luis Landero.
Luis Landero. / Henar Sastre

«Si te pones sentimental, el humor impedirá caer en la cursilería»

  • Luis Landero mantiene su apuesta por la tragicomedia en 'La vida negociable', que presentó en Oletvm

El chispazo de ‘La vida negociable’ (Tusquets Editores) prendió hace veinte años. «Tenía en la cabeza la idea de una madre que lleva a su hijo a una tienda y desaparece;lo que más me fascinaba era fabular sobre por qué desaparecía ella y qué le sucedía después al niño». Luis Landero contó ayer en la librería Oletvm de Valladolid cómo se le ocurrió escribir su última novela, en la que la melancolía y el humor se desbordan una vez más como marca personal del autor. «La melancolía a mí me viene de fábrica; es el estado natural del hombre y a mí me gusta la dulce, no la agria y destructiva».

El escritor vallisoletano Gustavo Martín Garzo presentó al autor de ‘Juegos de la edad tardía’, que mantiene la impronta tragicómica en su última obra, donde narra la vida de un peluquero erigido en pícaro contemporáneo del que se sirve para relatar «los momentos ridículos o sublimes que a todos nos suceden alguna vez en la vida. La tragicomedia –asegura– me sale de modo natural. Cervantes, Quevedo o Valle-Inclán tienen esa mezcla y yo intento ser un narrador lo más puro posible porque la abstracción es la enemiga del arte», sostiene Landero, para quien ‘El Quijote’ –«donde mejor está contada la condición humana»– es el libro de todos los libros.

Confiesa que en la literatura que sale de su pluma echa mano del humor como elemento graduador de la temperatura emocional de la historia. «Si te pones sentimental en la literatura, gracias al humor no caes en la cursilería, y si te pones dramático lo cómico evita el patetismo».

Ayer, arropado por los lectores firmó su libro, del que recibió múltiples elogios este autor que acostumbra a tratar con esmero los títulos de sus obras. «Me puse en verano a pensar cómo titular esta novela y tenía como 40 títulos: ‘Historia de un hombre inútil’, ‘Secretos de cristal’, etc. y con el editor llegué a la conclusión de que el mejor era ‘La vida negociable’; los títulos siempre se me ocurren al final».