La transición también se escribió en servilletas y billetes de avión

Santiago Carrillo y Adolfo Suárez, en 1996.
Santiago Carrillo y Adolfo Suárez, en 1996. / Efe
  • El profesor de la Universidad de Extremadura Alfonso Pinilla indaga en el archivo privado de José Mario Armero, personaje clave en el proceso, en su libro ‘La legalización del PCE. La historia no contada’

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El 9 de abril de 1977 fue el ‘Sabado Santo rojo’, una fecha clave en la historia de España porque se produjo un hecho, la legalización del Partido Comunista tras cuatro décadas de prohibición, que podía haber provocado que la transición de la dictadura a la democracia saltara por los aires. Aquel acontecimiento se gestó durante los tres años anteriores y ahora, a punto de cumplirse cuatro décadas, el profesor de la Universidad de Extremadura Alfonso Pinilla aborda sus entresijos en un nuevo libro, ‘La legalización del PCE. La historia no contada’ (Alianza Editorial).

¿Queda algo por saber de la transición? Pinilla contesta rotundo: “Por supuesto. Como decía Ortega y Gasset, siempre se puede ir un poco más hacia el Este. Queda mucho por contar”. En el caso de su obra, la gran novedad es la posibilidad que ha tenido el autor de acceder al archivo privado de Jose Mario Armero, uno de los pilares sobre los que se sustentó el proceso. En servilletas, en el anverso de billetes de avión, en folios sueltos, Armero iba escribiendo la historia contemporánea de España. Esos apuntes fueron primero pasados a limpio por su mujer, Ana Montes, y ahora Pinilla ha indagado en ellos para poner luz sobre algunas de las zonas en las que aún hay sombra.

"La negociación para la legalización del PCE fue en aquel momento secreta y se produjo directamente entre Adolfo Suárez y Santiago Carrillo. Suárez compartimentó la información de tal manera que sus ministros, ni siquiera Rodolfo Martín Villa, no supieron nada", cuenta el profesor. Por el lado de Suárez, sólo Armero conocía qué estaba ocurriendo. Por el de Carrillo, tres personas más estaban en el secreto: Jaime Ballesteros, Manuel Azcárate y Pilar Brabo.

Personaje fundamental en la transición, Armero, importante letrado en la capital y presidente de Europa Press, aparece en escena en 1974. Cuando Franco, convaleciente de tromboflebitis, abandona el poder temporalmente, don Juan Carlos quiere tantear al Partido Comunista. Para ello, pide ayuda al sobrino de Franco, Nicolás Franco, que le habla de Armero, que, a su vez, tiene una persona de confianza en el círculo del Partido Comunista: se trata del empresario Teodolfo Lagunero, que es quien pone a Carrillo en contacto con el propio Armero.

"Las conversaciones entre Suárez y Carrillo comienzan en 1976, cuando el líder comunista hace saber al Gobierno que quiere el pasaporte", relata Pinilla. En ese periodo, Suárez y Carrillo solo se ven una vez, pero tras los asesinatos de Atocha, en enero del 77, deciden que la negociación debe ser directa.

Reunión en el chalé de Armero

El momento clave se produce el 27 de febrero de 1977, cuando Suárez y Carrillo se reúnen en el chalé que José Mario Armero tiene en Pozuelo de Alarcón. La previa de esa cita se parece al guión de una película de cine negro. Armero se pasa por la Moncloa y en un coche conducido por un policía secreto llegan al chalé. Por su parte, Ana Montes, la esposa de Armero, tiene que recoger a Carrillo. Cuando le aguarda, un joven se le acerca y le pregunta: "Está usted esperando a Carrillo?". Montes, nerviosa, contesta que sí. El joven se identifica: "Yo soy un hijo de Carrillo y vamos a seguirles". Ya en el trayecto, y tras unos minutos, Montes le dice a Carrillo que el coche que va detrás de ellos tiene que irse. Entonces, Carrillo saca la mano por la ventana y hace una señal para que se desvíen. Así ocurrió.

Cuando la reunión comienza, Armero quiere marcharse y dejar solos a los dos protagonistas, pero le insisten en que se quede. Ana Montes, en la cocina, ve cómo los agentes que aseguraban el jardín para evitar que nadie entrara en la casa (ese día habían dado fiesta al servicio) pasan al jardín del vecino y les avisa de que salgan de ahí, no sea que el dueño de esa casa sospeche algo.

La reunión es clave: ahí Carrillo le dice a Suárez que el Rey será tolerado, e incluso apoyado, por el PCE si ayuda en la transición a la democracia. Suárez se da cuenta de la necesidad de legalizar al PCE antes de las primeras elecciones. “Aun asumiendo que de aquella tarde-noche lluviosa no salieron Carrillo y Suárez con serios compromisos bajo el brazo, la reunión fue crucial porque el presidente del Gobierno y el líder comunista se conocen y simpatizan y porque ambos aclaran sus respectivas interpretaciones y actitudes ante el cambio político”, sostiene Pinilla.

A juicio del historiador, “la transición no fue un cuadro de Caravaggio con luces y sombras nítidamente separadas, sino uno de Velázquez, con matices, con difuminación en los contornos y atmósferas complejas. Es decir, la historia no es un código binario, sino una escala de grises. Me parece un error santificar o satanizar cualquier proceso. Es un objeto poliédrico con muchas caras y hay que recorrerlas todas para comprender bien qué ocurrió. Solo desde la intrahistoria se puede abordar la complejidad del proceso y comprender mejor las decisiones que se tomaron”.