Unamuno y el obispo Pla acompañan a Carmen Polo, a la salida del Paraninfo de Salamanca, entre legionarios gritando.
Unamuno y el obispo Pla acompañan a Carmen Polo, a la salida del Paraninfo de Salamanca, entre legionarios gritando. / Efe

La recreación de los últimos días del rector Unamuno

  • Pollux Hernúñez narra ‘La última lección de Unamuno’ e incorpora el testimonio original de Millán Astray y Oportet publica el hasta ahora inédito primer libro de viajes del bilbaíno

Hay ocasiones en la que Historia se cuenta de forma tan redonda –los buenos son buenísimos, los malos terroríficos– que la satisfacción anega cualquier asomo de duda del destinatario. Pollux Hernúñez ha disfrutado durante buena parte de su vida con «el relato tan bonito de Portillo» sobre aquel 12 de octubre de 1936 cuando el rector honorífico de la Universidad de Salamanca pronunció la conocida sentencia «Venceréis, pero no convenceréis». Pero un documento posterior, el relato de los hechos escrito en 1942 por el otro protagonista de ese Día de la Hispanidad, Millán Astray, matiza la versión que ha trascendido. La antitética afirmación de aquel día – «muera la inteligencia», del general– tenía un contexto atenuante de la brutalidad que exhala. Hernúñez, traductor de profesión, recrea lo acaecido en ‘La última lección de Unamuno’ (Oportet) con los discursos y los testimonios que han ido apareciendo. También este sello ultima la edición del primer libro de viajes del escritor bilbaíno que se presentará a finales de febrero.

«Si naces en Salamanca, en pleno franquismo, te inyectan la figura de Unamuno. Tanto si eras un joven rebelde, ahí estaba su memoria, como por parte de los otros, que de vez en cuando echaban sobre su estatua pintura roja y le tildaban de rojo y ateo», explica este filólogo que trabaja en Bruselas. Desde su etapa de estudiante tiene a Unamuno presente, aunque aclara «no soy experto en él, sí, lector». Doctorado con una tesis sobre el teatro antiguo, tanto en Camberra como en París, participó en compañías dedicadas a las recreaciones teatrales de momentos históricos. Unidos ambos intereses, en una carpeta de su ordenador dormía la recreación que hizo de la famosa jornada que terminó con la salida de Unamuno de la Universidad que presidía, con su silencio oficial y con su muerte, apenas tres meses después.

Rigor archivístico

Esa recreación es el corpus fundamental del libro que ahora publica Oportet. En él están los discursos de José María Ramos, del dominico Vicente Beltrán y de Francisco Maldonado, todos ellos catedráticos, además del José María Pemán, poeta y ministro extraoficial de Cultura, y el general Millán Astray. Miguel de Unamuno se había propuesto no hablar, pero tras escuchar a los participantes –todos, excepto Vicente Beltrán, convirtieron sus intervenciones en un acto de propaganda a favor del levantamiento militar– no pudo contenerse. Esa improvisada intervención no fue registrada por los micrófonos y su reelaboración se basa en el trabajo de los taquígrafos de los dos periódicos locales, los testimonios de los presentes y un papel que guardó Unamuno con unos apuntes, tomados presumiblemente mientras escuchaba ese día. Hernúñez ofreció a la Universidad este texto para representarlo en el 50 aniversario de los hechos, «me enteré de que alguien dijo que ‘para qué abrir viejas heridas’», y en distintas ocasiones sin éxito. A raíz de la reciente recreación por parte de José Luis Gómez, centrada exclusivamente en Unamuno, Pollux y su editor consideraron la pertinencia de publicarlo.

«Las dos biografías rigurosas sobre Unamuno son las de Emilio Salcedo (‘Vida de don Miguel: Unamuno en su tiempo, en su España, en su Salamanca; un hombre en lucha con su leyenda’, Anaya, 1964), redactor jefe de este diario entonces, y la más reciente de Jean-Claude y Colette Rabaté ‘Miguel de Unamuno. Biografía’ (Taurus, 2009)», explica Hernúñez. Pero ninguno contaba con un documento sacado a la luz por Togores Sánchez (2003). «Es un interesantísimo testimonio titulado ‘Conducta observada por D. Miguel de Unamuno , en su calidad de Rector Honorario de la Universidad de Salamanca, con motivo de la fiesta del día de la Raza de 12 de octubre de 1936’». En él, además de puntualizar varias afirmaciones de Unamuno, Millán Astray aclara el origen de su famosa sentencia: «Me fastidió tanto su supuesta superioridad (la de Unamuno) y su afán de hacernos comulgar con ruedas de molino, que no pude remediarlo y dije textualmente: ‘Si esto es inteligencia, ¡muera la inteligencia’. Pero se ha quedado solo con la última parte», escribió el militar. En cuanto al relato del discurso de Unamuno que ha trascendido, Hernúñez indagó que el firmante, Luis Gabriel Portillo, «no estuvo aquel día en el Paraninfo. Es decir, escribió a partir de palabras de otros. Portillo, padre de Michael Portillo ministro con John Major, se quedó en Madrid al saber que habían fusilado a ocho personas en Salamanca. Luego se exilió a Londres, al amparo de Arturo Barea. Fue la esposa de este, Ilse Pollak, la que tradujo la historia escrita por Portillo para publicarla en la revista ‘Horizon’, y de allí fue reproducida por Hugh Thomas. Después fue traducida de nuevo al español y es la versión que se ha dado por buena. A la ausencia de Portillo se suman los errores acumulados en las dos traducciones», explica Pollux.

Fascinado por la contradictoria figura del rector de Salamanca, recuerda que «donó 5.000 pesetas a los militares levantados, eso se publicaba en listas. Es conocido que Unamuno era tacaño y esa era una gran suma. No sabemos si lo hizo inducido a ello o para evitarse problemas. Se enfrentó a a Azaña porque siendo un republicano liberal sentía que el caos dominaba el país. Unamuno era un hombre del XIXque creía que los militares podían poner orden en un par de semanas e irse. Eso parecía al inicio del levantamiento pero en la reunión del Paraninfo él ya se había dado cuanta de lo que se avecinaba, una guerra».

Hernúñez presentará la edición del primer libro de viajes de Unamuno, «los apuntes que tomó cuando con 25 años le lleva su tío a conocer Europa, –Italia, Suiza y París–». Grafómano empedernido, Unamuno escribió entre 35.000 y 40.000 cartas que está catalogando el matrimonio Rabaté. El primero de los ocho tomos de correspondencia proyectados se publica este año.