El Norte de Castilla

Un vistazo foráneo a la comunidad

Joaquín Díaz, Javier Campelo (editor) y Jorge González.
Joaquín Díaz, Javier Campelo (editor) y Jorge González. / R. OTAZO
  • Un libro recoge las impresiones de intelectuales extranjeros sobre el arte y la cultura de la región

Nadie se atreve a concluir firmemente sobre cuál es la «identidad de Castilla». El consenso parece ser que es un concepto en evolución, que carga con las innumerables impresiones que, históricamente, los extranjeros han propalado sobre ella mediante distintas vías. Este debate se sostiene a lo largo de nueve artículos en ‘Castilla bajo mirada extraña’, un trabajo coordinado por Jorge González del Pozo y prologado por Joaquín Díaz, presentado ayer en la Casa Revilla y cuya publicación corre a cargo de la editorial Páramo.

«Nuestro objetivo pasa por ofrecer una visión académica de la visión que se tiene de Castilla, artística y culturalmente, fuera de España», detalló González del Pozo a este medio: «A veces analizamos obras creadas por extranjeros, y otras veces obras propias pero vistas desde fuera». Entre sus conclusiones, puede destacar este profesor de la Universidad de Michigan que «ha sido un gran descubrimiento el impacto que tiene Castilla en el extranjero», la comprensión de que esta comunidad «no cuenta con una identidad tan marcada como otras regiones» y finalmente entender que, para definir esta serie de cuestiones, «la perspectiva extranjera ayuda mucho a hallar ese carácter y ese reconocimiento castellanos».

Tras año y medio de trabajo, emerge así un libro de distintas opiniones y contenidos pero con una idea común fuerte: la paradoja de que «si bien se ve todo lo extranjero como algo que resulta mejor, en el día a día de las situaciones hay un apego a lo propio muy fuerte de escuchar más a nuestra gente», sostuvo González. Esa idea de amor-odio vertebra una imagen canalizada no solo por los ejes geográfico y político, también por el lingüístico: «Miguel Delibes funciona mucho como canalizador de ese arquetipo, que nosotros tratamos de llevar un poco más allá», explicó el coordinador.

Ingleses en Valladolid

González firma, en el libro, ‘Viajeros ingleses del siglo XIX a su paso por Valladolid, una visión del lugar y sus gentes’; un artículo sobre los grabados y documentos de estos turistas, que demuestran que los estereotipos de frialdad y sequedad achacables a los castellanos ya existían hace ciento cincuenta años: «Uno de ellos dice que Castilla es uno de los lugares menos atractivos como reclamo turístico de la Península, y que es un lugar de «vicio y disparate, hipocresía y cualquier otra descripción del mal, pero… ¿dónde no?».

Otro de los autores, Pedro Vizoso, vuelve sobre esa idea de amor-odio en ‘Castilla y el exotismo inverso del modernismo hispánico’, derribando el mito de que todos los autores de aquel momento español tuvieran ese ánimo escapista que ha caracterizado a esta época a ojos de la Historia y acuñando ese concepto de ‘exotismo inverso’ para «comprender la mirada extraña de los modernistas americanos sobre Castilla y los castellanos», de acuerdo al autor.

El profesor Adolfo Campoy-Cubillo abarca desde finales del siglo XIX hasta 1939 para hablar, en su texto ‘Iberos republicanos: discursos nacionalistas y antiimperialistas a finales de siglo’, de cómo los discursos nacionalistas catalán y español «se apoyan en el abolicionismo y el anticolonialismo en diferentes momentos para buscar legitimidad moral». Es uno de los textos más radicalmente disonantes de este trabajo, junto al de Elena Cueto y David George, ‘Streaming Isabel: Castilla personificada en una serie de ficción’, donde la construcción del pasado solemne de la región apela tanto al público cercano, que se identifica fácilmente, como al lejano, «ajeno a sensibilidades construidas a partir del imaginario histórico dentro de la nación pero igualmente predispuesto por visiones que sitúan a Castilla dentro de una Península Ibérica como espacio interpretado», explicó Cueto.

Numerosos autores americanos aportan también su granito de arena a este trabajo. El argentino Anibal A. Biglieri se remonta a tiempos medievales en ‘Castilla como región: reexamen del problema’, para encontrar el germen de los estereotipos de la zona, geográficos («meseta árida, seca y pobre») y etnográficos («pueblo sobrio, resistente y guerrero»), así como para definir Castilla y «las realidades más complejas de una región muy variada y con una historia multisecular». En un marco temporal próximo, Mark Aquilano firma ‘La Castilla de Alfonso X en los mundos textuales del trovador genovés Bonifacio Calvo’, donde compara la producción escrita sobre Castilla de este poeta italiano con el resto de su obra, en busca de concomitancias, inquietudes cercanas y rasgos estéticos afines.

Thomas Deveny trabaja en ‘Ana de Mendoza, la leyenda negra y su identidad castellana’ con tres novelas sobre la princesa de Éboli para deconstruir su figura y arrojar luz sobre la verdad de un emblema de nuestro pasado. En un terreno similar se mueve Stephanie Saunders con ‘Locos por Juana: una mirada extranjera con indeleble obsesión por la reina Juana de Castilla’, cuya historia vital y su estudio de la novela de Gioconda Belli ‘El pergamino de la seducción’ le brinda respuestas «para contemplar las injusticias perpetuadas actualmente», afirma su autora, «cuando hay tantas denuncias problemáticas de la importancia del feminismo en el diálogo necesario –y no resuelto– de los derechos humanos».

Diálogo nacional

Por último, Mahan Ellison se encarga de «El ultimo conquistador y el primer Rey: África como heterotopía literaria en ‘La conquista del Reino Maya’ y ‘Paradox, Rey’». Su capítulo analiza las dos novelas de Ángel Ganivet y Pío Baroja, que «emplean la alteridad de África para reflexionar sobre el diálogo nacional en España» y «toman temas familiares para la imaginaria castellana y las transponen a un lugar diferente», donde se lanzan dardos contra la narrativa colonizadora de la época.

Joaquín Díaz firma el prólogo de este completo trabajo con una reflexión sobre los métodos para conocer la identidad, «desde el viaje por el mundo con la necesaria percepción física para hablar de una región a la perspectiva de Richard Ford, que sostenía que el que leía y escribía era el que, al final, se quedaba en su casa».