El Norte de Castilla

Espido Freire, en un encuentro con lectores en Ávila.
Espido Freire, en un encuentro con lectores en Ávila. / Sanchidrián.

Freire vuelve a la Roma clásica con 'El chico de la flecha'

  • La escritora bilbaína mantuvo un encuentro con los lectores en el que hablaron de 'los malos de los cuentos'

Puede hablar del señor Shakespeare, de moda o de los malos de los cuentos con el mismo tono pausado y misterioso. Ayer Espido Freire mantuvo un encuentro con sus lectores en la Biblioteca Municipal de Tudela de Duero en el que dio muestras de esa versatilidad temática en su personal timbre. Esta especialista en música antigua presenta ahora una novela dedicada a chavales a partir de 12 años. ‘El chico de la flecha’ (Anaya) invita a un viaje a la Emerita Augusta romana.

Todos los cuentos tradicionales, orales hasta su recopilación en el XVIII, tienen un código ético, una clara división entre buenos y malos, así que es natural preguntarle si los malos de la realidad son los mismos que los de Grimm o Perrault. «Coinciden casi milimétricamente. Lo que ocurre es que hemos perdido la capacidad de leer entre líneas, y hemos destinado esas historias a niños, cuando son códigos morales para una sociedad que entonces era analfabeta, que se basaba en la oralidad, pero que se enfrentaba a los mismos problemas que la nuestra: violencia, manipulación, corrupción...».

Su nueva novela juvenil retoma una querencia por la Roma clásica que Freire alimenta desde 4º de EGB, cuando una profesora le mostró los libros que entornaron una puerta luego nunca cerrada. «Es complicado que las obsesiones reales nos dejen así como así. Para mí era fascinante encontrarme en los libros en ese tiempo y lo sigue siendo ahora». Ya entrenó su pluma en el viaje a través del tiempo hasta el medievo y ahora marcha un poco más atrás. «Es un viaje, y como todos los viajes obliga a los lectores salir de su realidad, contemplar otra, comparar, y luego, ya de regreso, sacar conclusiones. Algunas se insinúan en el libro, otras se espera de ellos que las extraigan los jóvenes por su cuenta». Tres niños protagonizan ‘El chico de al flecha’; Marco, su siervo Aselo y su hermana Junia. En torno a ellos trenza la historia con ribetes ilustrativos de la sociedad, la ley, la forma de vida romana. «Todos los jóvenes de todas las épocas son, en cierta medida, hermanos. Las divisiones las provocan los intereses, la edad, las distintas maneras de enfrentarse a la realidad. La infancia y la adolescencia, sin ser ni mucho menos idílica, mantiene esa conexión común a los seres humanos, un idealismo, una ingenuidad que nos devuelve muchas esperanzas a los adultos».

A la hora de considerar la huella romana en nuestra vida actual, reconoce que «sería inacabable relatarlo. Son nuestros antepasados, hay una línea común que se mantiene, muy mezclada con otras culturas y pueblos, pero que es reconocible en el idioma, la estructura familiar, el derecho, desde luego... hemos ganado en conocimiento y en derechos humanos y ciudadanos. Y perdido... ya no somos parte esencial del Imperio, supongo». Freire, que mantiene una colaboración diaria en la Ser donde cuenta microrrelatos, acabo de entregar una novela de adultos y está retomando la poesía. «Mantengo una actividad importante en mi Instagram. Intento seguir contando historias a través de formatos muy diferentes».