El Norte de Castilla

Gustavo Martín Garzo, Jesús Marchamalo, Ofelia Grande y Javier Ortega.
Gustavo Martín Garzo, Jesús Marchamalo, Ofelia Grande y Javier Ortega. / Henar Sastre

De bibliotecas con Marchamalo de guía

  • El periodista presentó en Valladolid ‘Los reinos de papel’, reunión de sus artículos publicados en La Sombra del Ciprés

Antes de venir a Valladolid, Jesús Marchamalo estaba ayer ‘haciendo’ la biblioteca de la semana o lo que es lo mismo, curioseando las estanterías de Pilar Adón, en Fuenlabrada, de la mano de la escritora. Una veintena de esas visitas, publicadas originalmente en el suplemento cultural de este diario, La Sombra del Ciprés, han sido encapsuladas en forma de libro que presentó en la Casa Revilla. ‘Los reinos de papel. Bibliotecas de escritores’ ha sido editado por Siruela. Ofelia Grande, la responsable del sello, junto a Javier Ortega, director de la Fundación Miguel Delibes, y Gustavo Martín Garzo, fueron la voz del lector interpelando al periodista, guía por esos reinos.

«Todas las visitas han estado presididas por una extrema cordialidad. Llama la atención la generosidad de nuestros escritores a la hora de mostrar ese lugar íntimo y secreto que parece predispone a la cautela, la biblioteca. Siempre se muestran gustosos de invitarte a ella, lo que provoca en mi entorno cierta envidia», explica Marchamalo. Su definición de esos ‘reinos de papel’ aparece pronto: «son seres vivos que crecen, se expanden por la casa, menguan. Sus dueños mantienen una relación personal con ellas, aparecen sus huellas en las marcas, los subrayados, los objetos que conviven con los libros, los recuerdos». A esos seres vivos se dedica Marchamalo hace algunos años. Está de acuerdo con Mateo Díez. «Luis Mateo sostiene que todas las bibliotecas son iguales y, a la vez, diferentes. Hay una parte que se repite, los clásicos, una suerte de sustrato lector. Por ejemplo, recuerdo la presencia de Pérez Galdós en casi todas». Si se le pide elementos diferenciadores, aunque todas las bibliotecas son ya una en su cabeza. «Por ejemplo, en la biblioteca de Javier Gomá, por su especialidad, hay mucho ensayo. Por contra, en la de Antonio Colinas hay novela y ensayo pero no poesía, porque los poemarios los tiene en otra casa en León».

De órdenes y manías

‘Los reinos de papel’ es un recorrido por las estanterías de Bernardo Atxaga, cuyos cimientos comienzan cuando deja una oficina y alquila una casa en Villamediana (Palencia)para escribir, quizá por eso habla de las ‘Viejas historias de Castilla la Vieja’, de Delibes. Julio Llamazares comenzó cambiando novelas del Oeste en el quiosco. A Ignacio Martínez de Pisón se los ordenó su mujer, con el consiguiente conflicto y la de Manuel Vicent se ha multiplicado por la suma de bibliofilia y oficio. La de Elvira Lindo es funcional y compartida, con Muñoz Molina, la de Luis Goytisolo estaba atrapada en una inminente mudanza casi como la de Félix de Azúa. Ángeles Caso se confiesa desordenada para todo menos para los libros. David Trueba y Marta Sanz mezclan glamur del Hollywood clásico con el blanco y negro espartano de los libros. Luis Antonio de Villena es un dandy también a efectos bibliotecarios como Longares representa el ascetismo. Molina Foix, García Montero, Armas Marcelo, Rosa Montero y Delibes completan la lista.

Y¿cómo es la biblioteca de Marchamalo? «Una calamidad permanente. Nunca he sido consciente de ir haciendo una biblioteca. Vas comprando libros de forma caprichosa y caótica y acaba en una construcción accidental. Me encantaría tener un tiempo para parar y darle un sentido».