El Norte de Castilla

Monika Zgustova: «Stalin fue, junto a Hitler, la personificación del mal»
/ Monika Zgustova, en la librería Oletvm de Valladolid. Henar Sastre

Monika Zgustova: «Stalin fue, junto a Hitler, la personificación del mal»

  • La autora checa presentó en Oletvm ‘Las rosas de Stalin’, una novela histórica basada en la biografía de la hija menor del dictador ruso

Monika Zgustova (Praga, 1957) siente veneración por Occidente y sus valores. Al igual que Svetlana Alilúyeva, la hija menor del dictador ruso Iósif Stalin protagonista de su novela histórica, la escritora checa huyó del comunismo. Lo hizo siendo adolescente, tras el aplastamiento por los tanques rusos de la ‘Primavera de Praga’, acompañada de sus padres y su hermano a través de la India en busca del exilio en Estados Unidos. Ayer presentó en la librería Oletvm de Valladolid ‘Las rosas de Stalin’ (Galaxia Gutenberg), obra basada en la biografía de Svetlana Alilúyeva, cuyo testimonio resultó clave para mostrar al mundo la personalidad cruel y despótica del líder del Partido Comunista Soviético.

–¿Por qué le atrajo la figura de Svetlana Alilúyeva?

–Un día, caminando por Nueva York, vi una autobiografía de la hija de Stalin y me llamó la atención. La compré, cuando volvía a Europa la empecé a leer y desde ese momento me tuvo secuestrada. Solo hablaba de una parte pequeña de su vida, sobre todo de lo mal que lo pasaba en el Kremlin, pero también de cómo fue su exilio. Había un paralelismo tan fuerte con el del exilio de mi familia, que me atrapó.

–¿Qué le llamó la atención de su peripecia vital?

–Me interesaron las razones por las que abandonó su país, donde estaba protegida, conocía el idioma, la cultura... En cambio, decidió irse a lo desconocido, y además dejar a sus dos hijos en la URSS. Necesitaba la libertad, quería vivir en un país libre, hablaba de que los americanos le sonreían y esto le parecía importante.

–¿Huía Svetlana de la sombra de su padre Stalin?

–Eso fue una parte muy problemática para ella porque se movía en la dicotomía de si era su padre y la había querido, y su personalidad cruel como dictador. Para deshacerse de su figura se marchó a EE UU, al país que su padre más odiaba y en plena Guerra Fría. Sus hijos luego le pagaron con la misma moneda. Es una historia de abandonos, rechazos, y traiciones.

–Su pensamiento está marcado por la recuperación de la memoria de las dictaduras comunistas.

–Porque pienso que la memoria histórica es algo importantísimo que debemos cultivar. Porque somos nosotros, nuestras raíces, y si no entendemos de dónde venimos, estamos perdidos. Esto sucede en todos los países, que tienen aspectos graves y problemáticos en su pasado. Aquí en España es muy deseable que no se olviden ciertas cosas.

–¿Ha vuelto a visitar países que estuvieron bajo la influencia de Unión Soviética?

–Voy bastantes veces. No solo a Praga, también a Rusia, a Polonia, a Rumanía, a la antigua Yugoslavia... y lo que encuentro es que todavía están buscándose a sí mismos, no han encontrado su identidad. No son del todo europeos como los occidentales, tienen otra mentalidad distinta y no se han encontrado. Estos países están escindidos en dos: una parte de la población es liberal, integrada por una elite cultural y urbanita; y la otra, más rural, son votantes de los partidos populistas que tantos quebraderos de cabeza dan a la Unión Europea.

–¿De la figura de Stalin se ha dicho todo?

–No se ha dicho todo, se ha escrito muchísimo más sobre Hitler y la II Guerra Mundial. En los años 60 y 70 hubo intelectuales de izquierda que defendían a Stalin, algo que hoy sería inconcebible porque se sabe muy bien quién era, pero todavía hay mucho por descubrir tanto sobre Stalin como sobre lo que supuso el comunismo.

–¿Por qué está aún pendiente esa indagación?

–Hay varias razones. Alemania era la representación del mal porque llevó a término una guerra. En cambio, la Unión Soviética ayudó a ganarla. En Occidente hubo mucha gente que tuvo una cierta adoración hacia esa idea y por eso durante mucho tiempo no se quiso admitir que en la URSS existían campos de concentración, los gulag..., parecía como si el mal de la URSS fuera menor que el de la Alemania de Hitler cuando ambos compartían el horror. Stalin ha sido uno de los máximos males de la historia de la humanidad. Fue, junto junto con Hitler, la personificación del mal.

–¿Cómo se valora hoy la figura de Svetlana en Rusia y qué recuerdo se tiene de Stalin?

–La clase intelectual en Rusia sabe perfectamente quién era Stalin, y en ella despierta un fuerte rechazo; en cambio, Putin ha puesto en marcha una política de recuperar la grandeza del pasado y no quiere dejar que un personaje como Stalin quede como un malhechor. La política educativa en la Rusia actual busca recuperar a Stalin como un gran estadista. La población está persuadida de que convirtió a la URSS en una superpotencia y esto para los rusos es muy importante. Y la figura de Svetlana despierta sentimientos encontrados, pero la Rusia de hoy es muy patriótica y tiende a pensar que traicionó a su país, por eso para muchos Svetlana no es un personaje luminoso y en Rusia no se ha escrito ningún libro sobre ella.