El Norte de Castilla

El académico Luis Ribot.
El académico Luis Ribot. / Henar Sastre

El mundo moderno,
desde una mirada española

  • El académico Luis Ribot concentra 43 años de docencia e investigación en el primer manual que abarca del siglo XV al XVIII escrito por un español

España fue imperial entre 1469 y 1716, según John Elliott. Tuvo unos reyes –Carlos V y Felipe II– que determinaron buena parte del devenir mediterráneo, según Braudel, y un reducto académico que aspiraba a formar parte de la república de las letras de aquel Erasmo que no quiso venir a verlos, según estudió Bataillon. España dominó el mundo conocido durante siglo y medio pero aún no había sido contado por un español. El académico Luis Ribot, que ha bebido de todos estos hispanistas, se ha lanzado a ello tras 43 años de docencia, investigación y lectura. Ha sido coordinador de obras corales, ha escrito para otros manuales, pero no ha sido hasta ahora cuando ‘La Edad Moderna (siglos XV-XVIII)’, publicado por Marcial Pons, ha tenido una pluma unitaria desde el territorio protagonista.

Ribot cristaliza así en ‘El Ribot’, como hasta ahora dominaba en esta edad ‘El Bennassar’ o en la contemporánea ‘El Carr’. Convertido en manual, prefiere hablar de estudios generales de esos siglos. «Puede ser leído por cualquiera, aunque espero que sea una referencia para mis alumnos», dice el catedrático de la UNED y anteriormente de la Universidad de Valladolid.

«Siempre pensé en escribir algo así pero sabía que sería una tarea de madurez. Es el material de muchos temas hechos para las clases, de muchos libros leídos, de muchas visiones». El reto: «la síntesis, hacer un esfuerzo por la generalidad para que aparezca todo equilibradamente, que no haya ni demasiado poco ni mucho de ningún proceso histórico y para no dejar nada fuera. Es una visión de conjunto con armonía y una sola voz».

La historia de abajo a arriba

Si se compara con los índices de las obras de referencia de los ochenta, ‘El Ribot’ destaca por la sencillez conceptual y por la inversión del planteamiento. La política, eso que parece regir cada minuto de la historia, no es lo primero. «Soy hijo académico de los años setenta, del estructuralismo a partir de Braudel, que hace primero un análisis demográfico, económico, social, político y cultural. Esta es una manera de hacer historia de abajo hacia arriba. Por otra parte, que la política sea lo más importante es discutible. Y dentro de la cultura hay un importante capítulo, la religión».

Otra de las maneras superadas en la historiografía actual es «la idea de que la historia es una sucesión de cambios que contamos en los anales. Vivimos de las novedades y, sin embargo, la realidad es que es más lo que permanece que lo que se transforma. Y hay cambios que tardan siglos en aflorar». Por eso Ribot distingue dos bloques de análisis, «el dedicado a la estructura que permanece y un segundo, dedicado a los cambios. Hay un estructura básica de la Edad Moderna y luego estudio los cambios en los procesos históricos».

Un motor fundamental de los cambios a partir de las últimas décadas del XV será la «política internacional. Será lo que abra la modernidad: desde la expansión del imperio turco, –por novedosa, por el peligro para el Mediterráneo–, y las guerras de Italia, ya que gracias a ellas se internacionaliza el Renacimiento. A partir de ellas se forma el imperio español, la expansión de los Reyes Católicos se consolida con la conquista de Nápoles en 1503 y luego Carlos V tomará Milán. Ahí se impone la hegemonía española».

Si en el XVI«la gran potencia es España, la que maneja la política internacional, el siglo XVIIserá el de Francia, y el XVIII desarrollará la hegemonía inglesa».

Occidente es inevitablemente el centro del mundo conocido, pero la historia también avanza en el descubrimiento del devenir de otros pueblos coetáneos. El descubrimiento de América, la revelación de un Nuevo Mundo, lleva firma europea, sin embargo otro pueblo milenario como el chino poseía el dominio técnico para haberlo descubierto antes. «Europa tiene necesidad desde el siglo XIIde expandirse. En China se tienen conocimientos técnicos suficientes ya en el sigloXI, también conocen la pólvora. Pero parece que carecen de motivación».

El estudio de la alimentación, de la climatología (Geoffrey Parker abrió esta brecha), «los estudios sobre la mujer, los sentimientos, los grupos marginados, la historia de la gente sin historia o la globalización han ido enriqueciendo durante las últimas décadas la forma de mirar estos fenómenos históricos».

Si un español escribe la historia de su país, cabe preguntar al miembro de Real Academia de la Historia por el papel de los hispanistas. «El hispanismo cumplió su misión. En un momento dado fue fundamental para sacar a la historiografía española del aislamiento en el que quedó durante el primer franquismo. Elliott mismo ha dicho que el hispanismo ha perdido su razón de ser porque la historiografía española ya es potente y disfruta de las mismas oportunidades de internacionalización que dan los idiomas, los viajes y los contactos. Al citado Elliott, a Joseph Pérez o a Braudel les han sucedido voces más débiles. De igual manera hay historiadores españoles hoy especializados en aspectos de otras naciones».

Razón y lacisimo

Después de poner su nombre en la mitad de las mil páginas de este volumen, Ribot considera que la aportación más decisiva de la Edad Moderna es la «revolución científica. Es el período en el que el ser humano se da cuenta de que puede pensar el mundo por sí solo, de que la ciencia está escrita en un lenguaje matemático y que se puede tener un conocimiento cierto a partir de la razón».

El ‘sapere aude’ (atrévete a saber) kantiano implica «capacidad de valoración, al conciencia individual, el uso de la razón. Se abandona el principio de autoridad, se desarrollan las ciencias de la naturaleza. Elmundo es cognoscible».

Junto a eso «el capitalismo, la ruptura de la cristiandad, el absolutismo, los derechos humanos, el liberalismo, el ateísmo y las primeras constituciones son de este momento. También la división de poderes, Locke Montesquieu, la laización de la vida política y del pensamiento avanza lentamente».

Tras esta incursión divulgativa, Ribot espera poder volver a investigar en sus décadas ‘naturales’, el final del XVIIy el comienzo del XVIII, «seguiré con Carlos II».