El Norte de Castilla

«Trato de aplicar los valores que aprendí con el rugby a mi trabajo como inspector de Homicidios»

Ramiro Sancho observa Valladolid desde lo alto del edificio de 'La Española cuando besa', uno de sus bares preferidos
Ramiro Sancho observa Valladolid desde lo alto del edificio de 'La Española cuando besa', uno de sus bares preferidos / Perico
  • Ramiro Sancho, protagonista de 'Cuchillo de Palo', libro del escritor César Pérez Gellida que sale a la venta este jueves

  • El policía afronta en este nuevo reto el profundo peso que dejó en él 'Sarna con gusto', la primera parte de la trilogía 'Refranes, canciones y restos de sangre'

Llega a la entrevista vestido como se espera de él: austero. La pelirroja barba crece a sus anchas, señal de que de nuevo anda discurriendo con algún caso entre manos; el pelo despunta más de los habitual en el cráneo, y reclama las caricias de su maquinilla de afeitar. Pese a su altura y el llamativo color de su aditamento capilar no llama especialmente la atención cuando accede al interior del lugar en el que hemos quedado. No es extraño. Por una de esas coincidencias de la vida, al final de la barra César Pérez Gellida toma unos vinos con unos cuantos amigos, y mucha de la concurrencia del local está más pendiente de lo que hace o dice el escritor que de la llegada del perspicaz inspector de homicidios. Se miran de reojo y se saludan de manera discreta. Tan sutil que solo quien estuviera pendiente de ello podría darse cuenta.

El móvil sobre la mesa, reforzado con un cuaderno de espiral y un bolígrafo, le dicen a las claras a Sancho quién es el que le espera. Saluda con fuerte apretón de manos, recio, y me mira a la cara de frente, sin apartar esa mirada fría pero a la vez cercana.

-Me pido un vino y vengo, dice.

Segundos después, agarrando la copa de Pago de Carraovejas por el pie, Ramiro Sancho, 43 años, de raíces zamoranas, inspector de homicidios de su ciudad natal, exjugador de rugby del Chami y protagonista de cinco novelas un poco a su pesar, se sienta dispuesto a pasar por el trago de la entrevista. ‘Cuchillo de Palo’, la nueva novela que le vuelve a poner en el primer palo de la actualidad, sale a la calle el 6 de octubre. Él piensa que la promoción debe hacerla el autor, y no el personaje que la protagoniza, pero esta vez se ha dejado convencer.

-Ya estamos. Cuando quiera.

La primera pregunta es casi obligada. ¿Se reconoce usted en el inspector Ramiro Sancho que dibuja Gellida?

No, pero tampoco me reconozco cuando escucho mi voz. Sospecho que el escritor me conoce mejor de lo que me conozco yo. Normalmente la imagen que tenemos de nosotros mismos está muy distorsionada pero preferimos quedarnos con esa que con la que proyectamos en realidad. Es más cómodo. Conviene.

Cuando ha entrado usted ha cruzado una mirada con el escritor, pero nada más ¿Hay problemas en la relación entre usted y él? ¿Hay riesgo de que la trilogía quede inacabada?

No, ninguno. Nos llevamos bien, nos respetamos. Sabemos dónde están las líneas rojas y por el momento nunca hemos puesto los pies al otro lado.

¿Cuánto de real y cuanto de ficticio hay en lo que narra Gellida sobre sus métodos policiales?

Este es uno de los puntos principales del 'contrato'. Cuando vino a verme la primera vez, tal y como relato en el prólogo de Sarna con gusto, ya me trasladó su interés por construir la ficción con hilos de realidad. Eso me gustó. Cuando me llama para consultarme alguna cuestión que tiene que ver con la investigación, nunca busca el camino fácil, busca resolverlo de la forma en la que yo, o cualquiera de mis compañeros, lo haríamos en un caso real. Creo que por eso sus novelas son poco predecibles, porque la realidad nunca lo es.

Es de suponer que sus superiores hayan leído tanto Memento mori, Dies irae y Consummatun est como Sarna con Gusto. ¿Se siente desnudado ante ellos cada vez que se publica una nueva entrega de sus aventuras?

Algo sí, pero ellos son más gellidistas que sanchistas, así que no me siento incómodo por ello. Es habitual que la superioridad trate de sonsacarme información sobre futuras tramas, pero obtienen el mismo resultado que usted. El vino y la confianza déjelos para Sancho Panza.

Augusto Ledesma le exprimió psicológica y físicamente y dejó muchas heridas en su alma y en su cuerpo. Ahora, en ‘Cuchillo de Palo’, parece tener usted prisa por recuperar el tiempo perdido y se somete a los placeres de la carne con cierta delectación.

Digamos que esta etapa es consecuencia del funesto bagaje con el que Sancho tiene que acarrear. Lo raro es que todavía no se haya arrojado al Pisuerga y dejado arrastrar hasta el fondo por ese peso.

¿Sabe ya por dónde va a ir la tercera parte? Por la forma que tiene de trabajar Gellida es casi seguro que la tiene o acabada o medio acabada. Venga, devuélvale el golpe y al menos avance algo de lo que nos encontraremos después de leer Cuchillo de Palo

Sí, por supuesto que conozco el desenlace de la trama, pero esa una de las líneas rojas que yo no debo cruzar. Solo puedo decir que se desarrolla casi íntegramente en Argentina y que va a sorprender a más de uno por el corte que tiene la novela.

¿Es posible que exista un ser humano como Augusto Ledesma? ¿Se ha encontrado usted alguna vez con un ser tan abyecto? Ya sé que es ficción, pero, desde su experiencia profesional ¿no forzó un poco la mano Gellida con ese personaje?

La maldad existe y no hay forma de cuantificarla. Hay personas que han provocado mucho más dolor que Augusto Ledesma y lo han hecho de forma consciente y premeditada sin importarles una mierda las consecuencias. ¿Cuántas familias se han roto a causa de las preferentes? ¿Cuántas personas han decidido quitarse la vida porque alguien decidió quitarle los ahorros de toda una vida? Lamentablemente nos rodean muchos Augustos, pero no hace falta que aprieten el gatillo para provocar el dolor ajeno.

Decía Machado que su infancia eran recuerdos de un patio de Sevilla. ¿Los suyos son los de la trasera de un pueblo de Zamora?

Conservo muy gratos recuerdos de los veranos en Castrillo de la Guareña, cuando la mayor de mis preocupaciones consistía en conseguir más tiempo para estar jugando en la calle. Ahora peleo por esos minutos de la basura en los que consigo desconectarme de lo cotidiano.

Apenas sonríe usted en las novelas, pero en lo que va de entrevista ya se ha reído un par de veces. ¿Por qué le ha dibujado tan serio Gellida? ¿Han hablado alguna vez de este asunto?

Él sostiene que soy económico con la sonrisa, como buen castellano viejo que soy, y creo que no le falta razón.

Cuchillo de Palo. Sarna con Gusto… Del latín a los refranes. ¿Qué cree que pretende Gellida con este cambio?

Eso habría que preguntárselo a él pero entiendo que es una forma de poner en valor mi forma de expresión más característica, muy reconocida ya por los lectores.

Quienes juegan o han jugado al rugby solo saben hablar maravillas de ese deporte tan minoritario. ¿Qué le ha aportado a usted en su trabajo haber practicado esa disciplina deportiva?

Yo trato de aplicar los valores que un día aprendí sobre un campo de rugby a mi trabajo como inspector de homicidios. El trabajo el equipo, el compromiso, el respeto, la disciplina y la constancia siguen muy presentes en mis formas de hacer y confío en que siempre las tenga presentes.

Gellida fue representante de jugadores de rugby y usted jugador. Gellida vive ahora en Argentina y disfruta con cada partido que puede ver por allí. Ahora que está fuera del Cuerpo ¿se ha planteado irse al otro lado del charco y encontrar una nueva manera de vivir?

La distancia no aleja los problemas porque estos siempre viajan dentro de uno. Sin embargo, hay veces que conviene separarse de nuestros seres queridos para evitar que ellos se contagien de tu sufrimiento.

Y tras contestar el inspector introduce los dedos en la barba y los mueve muy despacio como si quisiera encontrar la respuesta dentro de esa maleza cobriza. Se queda perdido en sus pensamientos unos segundos antes de apurar el vaso de vino, levantarse, mirar de reojo al fondo del local y, con un gesto seco, despedirse. Justo en la puerta se cruza con tipos trajeados que se le quedan mirando. «Ese tipo se parece mucho a Ramiro Sancho», dice uno de ellos. «¿Cómo lo sabes?» «¿No has comprado 'Cuchillo de Palo' aún?» «No, tío, no he tenido tiempo. Luego voy»