El Norte de Castilla

Joan Noya, ayer en el bar El Desierto Rojo, en Valladolid.
Joan Noya, ayer en el bar El Desierto Rojo, en Valladolid. / Ricardo Otazo

Joan Noya transmite sus sensaciones sobre América en cinco relatos

  • El bar El Desierto Rojo acogió ayer la presentación de 'Relatos americanos', editado por el sello vallisoletano Difácil

Desde la nostalgia y las experiencias vividas en sus estancias como ejecutivo de multinacionales, Joan Noya (Barcelona, 1948) ha trenzado en ‘Relatos americanos’ (Difácil) cinco perspectivas de la América del siglo XX a través de un viaje que lleva de los ecos del México de Pancho Villa a la dictadura militar de los años 70 en Ecuador, al Brasil de los noventa y a la atmósfera social de las telenovelas colombianas con fin de trayecto en la modernidad de Estados Unidos. Ayer presentó la obra en el bar El Desierto Rojo, de Valladolid, en un acto organizado por la librería A Pie de Página y el sello vallisoletano Difácil, con el apoyo de Eva Álvarez Ramos, profesora de la Universidad de Valladolid.

«América es un continente que siempre me ha fascinado; tengo buen conocimiento de muchos lugares que me han sugerido historias que contar y cuando he tenido el tiempo necesario para la reflexión y la escritura me he puesto a ello», refiere el autor. «He querido mezclar episodios policíacos como los que ocurren en Ecuador y Brasil, hasta aspectos de la revolución mexicana que sucedieron en torno a la vida de Pancho Villa, recogidos a través de los recuerdos de un gallego que era su afilador personal y al que conocí en Barcelona».

Si en 2014 en su estreno literario con ‘El elocuente gesto del señor Krause’ (Difácil) se decantó por el realismo para retratar el ambiente de la corrupción en la España de los noventa con el ‘boom’ urbanístico, en este libro de relatos ha optado por dejar correr la imaginación. «Aquí –dice– la ficción es la que toma el relevo y se impone definitivamente». Sostiene Noya que una de sus prioridades cuando escribe es ser amable con el lector y muy duro conmigo mismo. «Eso ha de reflejarse escribiendo bien, claro y preciso, y cuidando mucho la lengua, sin caer en la petulancia y la impostura intelectual».

Editor cómplice

Reconoce en su estilo una tendencia a la descripción profusa, «lo que me obliga a hacer un ejercicio de contención a través de la poda del texto. Escribo pensando en lo que es la modernidad. Hoy el lector y sobre todo los jóvenes, están muy influidos por los medios audiovisuales y esto hay que tenerlo en cuenta en el acto de comunicar».

Se prodiga Joan Noya en elogios a César Sanz, «editor de mesa», ensalza, «de los pocos que quedan, que trabajan con el escritor y corrigen, sintiéndose cómplices con la obra creada e implicándose con los detalles; esto, que es muy común en el mundo anglosajón, en España cada vez lo es menos, porque las editoriales son muy comerciales y el libro se trabaja en plan industrial. Es grato encontrar editores con valores, cuidadosos con sus libros», proclama el autor, que en la actualidad trabaja en su tercera novela, una reflexión sobre la impostura religiosa.