2.000 años para llegar al estado de bienestar y perderlo

El historiador Pedro Carasa. /Henar Sastre
El historiador Pedro Carasa. / Henar Sastre

Pedro Carasa, catedrático de la UVA, ha dedicado décadas a la historia de la pobreza

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Que el estado tenga el deber de proporcionar sanidad y educación universal sufragándolas con los impuestos y sus ciudadanos puedan reclamar ese derecho es una conquista reciente en España aunque con muchos siglos detrás. De la ‘Historia y crisis del Estado de Bienestar en España’ ha hablado el catedrático de la Universidad de Valladolid Pedro Carasa en su última conferencia del ciclo que se celebra en el Círculo de Recreo.

A la interpretación histórica de la pobreza, la asistencia social y la beneficencia ha dedicado Carasa varias décadas de estudio. «Hoy se tiene una visión un poco superficial del estado de bienestar porque es un concepto que usan los políticos como un instrumento con el que acceder al poder», explica el también colaborador de la sección de Opinión de El Norte de Castilla. «De hecho si ese estado de bienestar tiene algún defecto es su paternalismo. Nos hemos acostumbrado a que todo se nos dé. Por otra parte, el político que atiende esa política, si lo hace bien consigue votos, es aplaudido. Pero es que el estado de bienestar no debe ser solo eso, sino que tiene que crear ciudadanos activos y exigentes, algo que no les interesa a los políticos, porque eso no da votos».

Para llegar a ese concepto ligado a los regímenes democráticos del siglo XX, Carasa se remonta a la Edad Media «porque parece una conquista de hoy y, sin embargo, es consecuencia de un proceso histórico larguísimo. Llevamos 2.000 años peleando por qué hacer con la pobreza, con los excluidos, con la marginación social». En el medievo «se sacraliza la pobreza, era una virtud cristiana, aparece en las bienaventuranzas. La caridad es el primer mandamiento y sirve incluso para justificar al rico en su riqueza porque Dios le perdonará si hace obras de beneficencia. La percepción cristiana de la pobreza es positiva, los religiosos hacen ese voto».

El humanismo renacentista «alentado en España por Luis Vives empieza a dar una visión menos trascendente y más humana de la pobreza, es una visión material de la que es responsable no solo el cristiano sino la corona. Es decir el rey debe hacer actos de caridad y por ello comienzan a construirse los grandes hospitales reales en Burgos o Santiago, las grandes fundaciones de la corona y los burgueses que desarrollan la caridad municipal, la ayuda a los artesanos de su barrio. Por ejemplo Lutero exigió desacralizar la ayuda a los demás, es decir, no obedecía a motivos religiosos sino humanos». De ahí al Barroco, «con su cultura de cofradías, de albergues para pobres, de exaltación sentimental. Tiene un gusto por lo doliente y se generaliza la mendicidad». La contracurva barroca, la Ilustración, carga precisamente contra la mendicidad y las obras pías «porque eso crea vagos así que deciden encerrar a los pobres, se prohibe pedir, se les recluye en hospicios donde se les enseñan oficios, por eso en todos había talleres o imprentas».

Ya en el XIX «se siembran las semillas cuyos frutos recogemos hoy, el liberalismo y el capitalismo. Hoy vivimos en una sociedad neoliberal y neocapitalista. La burguesía decimonónica pretende defender su propiedad, sus valores, su jerarquía y para eso utiliza la beneficencia municipal: acostumbran al pobre al trabajo, a la limpieza, al orden, lo que se llama morigeración, la gestión de las buenas costumbres. En realidad no es que les interesara que los marginados se integrasen sino, como después en el siglo XX, defender sus intereses y que esos pobres no se rebelen, no atenten contra el sistema». En medio, a finales del XIX y comienzos del XX, España vive el regeneracionismo con Costa a la cabeza. La idea principal es que la pobreza hay que evitarla, hay que prevenirla con políticas dedicadas a ello. La asistencia social se logra en la Segunda República, pero España vive dos retrocesos con las dictaduras».

Plañideras sociales

También hay una «lectura interesada de la pobreza por Franco. Igual que hace una Revolución Nacional Católica o una Revolución Nacional Sindical, hace una Asistencial, todas al servicio del régimen. Habrá un sistema de atención a huérfanos y niños a través del Auxilio Social y la Sección Femenina». Mientras Alemania, los países nórdicos o Gran Bretaña «desarrollaron un estado de bienestar tras la II GuerraMundial, es nuestro se gestó cuando ya estaba caduco, a partir de 1978. Hemos vivido dos crisis, 1983 y 2008», explica Carasa. «Pero toda crisis es un acto creativo, obliga a replantearse un modelo, a inventar uno nuevo. Nuestro estado de bienestar se enfrenta ahora a problemas demográficos, a coyunturas económicas, a falta de cotizantes. El Estado tiene la obligación de satisfacer las necesidades educativas y sanitarias de sus ciudadanos con recursos fiscales. Soy un defensor de que esa competencias fueran desarrolladas por el gobierno central y no por las comunidades autónomas ya que vemos a qué nos llevan los nacionalismos, a desigualdades y atrasos».

«Los sindicatos han sido plañideras en esta crisis. Han salido a la calle a llorar por los recortes sin proponer nada nuevo»

Además, apunta el profesor, «nos hemos acostumbrado a que el Estado nos dé. Los movimientos sociales, los sindicatos han sido plañideras en esta última crisis que han salido a la calle a llorar por los recortes sin proponer nada nuevo. Tal y como está planteado nuestro estado de bienestar no es viable hoy. Otra cuestión es la pasividad de la sociedad.Debemos ser activos y exigentes y eso pasa por el llamado tercer sector, ayudar desde el voluntariado con nuestro tiempo, nuestras personas, nuestro trabajo. Hay muchas ongs donde hacerlo».

Pedro Carasa lamenta el ataque histórico de la izquierda española a la familia, «que la identificó con el conservadurismo, con un reducto de religión. En los países nórdicos siempre se ha protegido porque sin población el resto de políticas carecen de sentido. En España estamos a la cola en conciliación familiar». Vislumbrar una solución a futuro será la propuesta del conferenciante ante su público.

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