El elixir de Delibes

Exposición sobre Delbes en Zamora. </p><p>Mariam A. Montesinos/
Exposición sobre Delbes en Zamora. </p><p>Mariam A. Montesinos

Una exposición muestra en Zamora 40 fotografías de caza de los años 60, que tomó Ontañón para 'El libro de la caza menor'

Alicia Pérez
ALICIA PÉREZ

Más que una afición o una pasión, podría decirse que la caza para Miguel Delibes fue un elixir. Ese remedio o medicamento con propiedades mágicas que quita todas las penas. Su quitapenas. Cuando en casa del escritor le veían triste, decaído, pensaban 'que se vaya de caza'. Después, aparecía con la presa capturada y volvía canturreando y alegre mientras se acicalaba tras la jornada en el campo.

Si algo le ayudó en sus momentos íntimos de melancolía y depresión, fueron la caza y la naturaleza, que dieron muchas satisfacciones al autor, según recordó ayer su hija, Elisa Delibes, presidenta de la fundación que lleva su nombre.

A la caza y a la naturaleza dedicó, entre otras obras, 'El libro de la caza menor', publicado en 1964 con 120 fotografías de Francisco Ontañón. El fotógrafo capturó en total 360 imágenes en las temporadas cinegéticas de 1961 a 1963, cuando acompañó a su amigo y a su cuadrilla en algunas de aquellas jornadas en el campo. Las 120 publicadas fueron seleccionadas por Delibes y Ontañón.

Ahora cuarenta de aquellas instantáneas forman la exposición 'Cazando imágenes con Miguel Delibes', que ha llegado a Zamora desde Toledo, después de su inauguración en 2014 en Segovia y de un periplo por varias ciudades de España. La mayoría son inéditas.

Muestran gentes y paisajes de la provincia de Valladolid y de Mérida, en Extremadura, donde se dice que Miguel Delibes conoció a Azarías, personaje de 'Los Santos Inocentes'.

La sala de exposiciones de la Biblioteca Pública del Estado de Zamora muestra imágenes de la cuadrilla de cazadores, de la compra del pan para el breve almuerzo, del ir y venir por los maíces o entre los pinos en busca de las piezas, con la escopeta al hombro, o de la espera de la tórtola y de la torcaz resguardados bajo la sombra.

Junto a las fotos, en vitrinas, todos los libros que el escritor y periodista dedicó a su afición y objetos personales que le acompañaron por los campos de Castilla y Extremadura. La gorra de visera, el morral, una red para guardar las piezas cobradas, la bolsa de los cartuchos, la petaca para el tabaco picado, el librillo de papel de fumar y los reclamos.

Siete perdices, dos liebres, dos conejos, cuatro patos, tres palomas… apuntó Delibes en las páginas de una libreta que hacía las funciones de su diario de caza.

Refleja la exposición, organizada por la Fundación Miguel Delibes y la Biblioteca de Zamora, lo narrado por el autor en 'Mi vida al aire libre': el despertar a las seis de la mañana en aquellos años 50 y 60, «cuando los cotos apenas existían»; «las jornadas de 25 o 30 kilómetros» y las comidas de fiambrera «en un breve alto en la cacería». Así lo sigue narrando. Ahora también con imágenes que enriquecen la historia.

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