Los desastres de la guerra a través de los ojos de una artista iraní

La iraní Farideh Lashai. / El Norte

El Museo del Prado expone la última creación de Farideh Lashai, inspirada en los ‘Desastres’ de Goya, al mismo tiempo que se publica en España su autobiografía

ANGÉLICA TANARROValladolid

El nombre y la obra de Farideh Lashai (1944-2013), una de las artistas iraníes más destacadas de nuestro tiempo, eran apenas conocidos en nuestro país hasta fechas recientes. Pero dos acontecimientos relacionados con ella ayudan a solventar este desconocimiento. Por un lado, la exposición de su última obra, la videoinstalación ‘Cuando cuento estás solo tú… pero cuando miro hay solo una sombra’, que hasta el 10 de septiembre se muestra en el Museo del Prado dentro del proyecto ‘La obra invitada’, y, por otro, la publicación por primera vez en nuestro país de su autobiografía, ‘Llegó el chacal’, de la mano de Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.

‘Cuando cuento estás solo tú…’, la videoinstalación del Prado, fue la última obra realizada por Lashai entre los años 2012 y 2013 y está inspirada en los ‘Desastres de la guerra’, de Goya, una serie de grabados y un pintor que le habían impresionado profundamente durante sus visitas al Prado. No podía ser de otra manera en una artista de extremada sensibilidad, que había conocido el exilio y el horror de la guerra en primera persona y cuya experiencia vital tiene muchos puntos de común con la del artista de Fuendetodos. Farideh Lashai emprende un diálogo a través del tiempo y las diferencias culturales para subrayar las inquietudes, y las perplejidades comunes de un artista enfrentado al sinsentido de la existencia, y que contempla las contradicciones del ser humano, capaz de las mayores atrocidades y de los actos más sublimes. El acercamiento a esta obra es una experiencia ética y estética de primer orden, pero la coincidencia con la publicación por primera vez en español de la autobiografía de su autora permite entenderla en toda su dimensión al ponernos en contacto con los acontecimientos de una vida y la evolución de una artista cuya formación y experiencias le llevaron a derribar las barreras no solo entre literatura y artes plásticas, sino entre los distintos lenguajes de la creación artística.

Por lo que se refiere a la videoinstalación, se encuadra en la última etapa creativa de Lashai cuando descubre las posibilidades del vídeo como lenguaje artístico, algo que le permite incorporar la narración a sus obras. El vídeo se había convertido para ella en una posibilidad de seguir desarrollando su trabajo plástico cuando la enfermedad que le causó la muerte a los 68 años le impedía pintar, pues los olores de los pigmentos le causaban malestar. En ‘Cuando cuento estás solo tú… pero cuando miro hay solo una sombra’ –título sacado de un pasaje de ‘La tierra baldía’, de T. S. Eliot, que conecta con una de sus grandes pasiones como lectora, estudiosa y creadora que fue la poesía– vacía de figuras varias escenas de la serie de Goya que luego hace aparecer en proyección animada durante unos segundos cuando un foco que va recorriendo la instalación las ilumina. La proyección, acompañada de la reproducción de un ‘Nocturno’ de Chopin, supone una experiencia sensorial que da un paso más allá de la contemplación de los grabados originales, uno de los mayores gritos artísticos contra la guerra y sus terribles consecuencias para el ser humano.

Algunas de las obras de la artista iraní. / El Norte

La complicidad entre el que hasta fechas recientes ha sido el director del Prado, Miguel Zugaza, y la comisaria de esta exposición, Ana Martínez de Aguilar, ha provocado que la contemplación de esta obra sea posible en el mejor de los emplazamientos nunca soñados por la propia Farideh: junto a las obras del genio que la inspiró. Efectivamente, la instalación se muestra en una sala entre las ‘pinturas negras’ y los célebres cuadros dedicados a las fatídicas fechas del 2 y 3 de mayo. Y junto a la instalación se muestra una selección de las estampas originales de los ‘Desastres’.

Conocedora de corrientes

En el texto del catálogo que acompaña a la exposición, Martínez de Aguilar se refiere a la evolución artística de Lashai, profunda conocedora de las corrientes artísticas y literarias de nuestro tiempo, algo que también la emparenta con Goya, pintor profundamente arraigado en la intelectualidad de su tiempo y cuya relación con pensadores como Jovellanos pero también con Moratín, está presente en sus obras, consideradas las primeras en las que se expresa la modernidad. «Es imposible no vincular su lenguaje –escribe la comisaria a propósito de la iraní– a la asimilación del cubismo, que incorpora la fragmentación, la simultaneidad de puntos de vista, la integración del texto escrito en las obras y de distintos materiales de la realidad y que, en definitiva, crea el ‘collage’». El juego de la aparición y desaparición de las figuras humanas sobre los espacios imaginados por Goya remiten a una de las esenciales características en la obra pictórica de Lashai: el juego entre el vacío y la concentración de la pintura en sus cuadros, que tiene que ver con la relación entre una manera lírica de contemplación de la naturaleza y su conocimiento de la poesía mística a través de autores como Rumi. En su último trabajo, este juego parece relacionarse también con una intencionalidad política, otra constante de su vida y obra. Como expresa Martínez de Aguilar, «Farideh quiere preservar el valor de las imágenes de Goya, las de los fondos y las de las figuras, porque siente la actualidad de su legado» y con el efecto de la desaparición y aparición contribuir a alertarnos de la necesidad del mensaje antibélico en una sociedad que, como advierte el escritor Roberto Toscano, que conoció a la pintura durante su estancia en Irán como embajador de Italia y que escribe en el catálogo, está saturada por una avalancha de imágenes que genera un nuevo tipo de barbarie como es la indiferencia.

El chacal

La publicación de la autobiografía que Farideh Lashai fue escribiendo ente 1984 durante su exilio americano, y 1996, ya de regreso en Irán y que se publicó en 2003 en farsi viene a completar el mapa humano y artístico de una mujer comprometida e independiente, sensible y valiente a pesar del miedo y la soledad que de alguna manera le acompañaron siempre.

Mediante el recurso de la corriente de conciencia, Lashai recuerda una infancia feliz en su país, el amor y la admiración por su hermano mayor Kourosh, responsable de su conciencia política y su acercamiento a grupos de izquierda, sus estudios en Alemania, su estancia en Estados Unidos, las guerras y revoluciones que se entrecruzan en la historia de su país… También es el testimonio de tres generaciones de mujeres, su abuela, su madre Parvín y ella misma, arraigadas en un país y una cultura profundamente patriarcal. La prosa de Lashai, cuya pasión además de la pintura fue la literatura y que dejó escritas y sin publicar varias obras de ensayo, narración y poesía, es como un imán que capta la atención del lector con su fuerza, su lirismo y su profundidad. Sin un orden cronológico, en un aparente caos, desgrana tradiciones literarias, encuentros políticos, lecturas y personas sin renunciar al simbolismo que la conecta con las tradiciones de la cultura persa. Algunos de los creadores que más le influyeron, como Bertolt Brecht, de quien también fue traductora, están presentes a lo largo del libro. «Mi juventud –escribe– se formó con Brecht. De los escritores de izquierda fue el que más me influyó, sobre todo por sus obras de madurez (…) No necesito buscar a Brecht en su casa o en los museos, está a mi lado, junto a mi juventud, como una semilla oculta, descansa en mi alma». Lorca, los místicos Rumi y Hahez, Shakespeare (cuyo ‘Hamlet’ montó durante su estancia en la cárcel por haber pertenecido a la confederación de estudiantes iraníes en el extranjero) aparecen a lo largo de sus páginas.

Páginas en las que pone de relieve la dualidad entre su pensamiento de izquierdas y la distancia frente a todo dogmatismo, la defensa de su radical individualidad y de su libertad, las eternas preguntas sobre sí misma y el camino a seguir: «… Y un día frente al espejo con una mirada iré en busca de mí misma, igual que a los 28 años me encontré, estupefacta, en aquel espejo roto de la comisaría del savak».

Poliédrica Farideh Lashai. Ya no hay excusa para no conocerla, para no encontrarse con su apasionante experiencia de mujer y artista.

Fotos

Vídeos