¿Qué custodia el Archivo General de Simancas?

Una de las salas del Archivo General de Simancas donde se custodian y exhiben documentos históricos. /Henar Sastre
Una de las salas del Archivo General de Simancas donde se custodian y exhiben documentos históricos. / Henar Sastre

Los fondos conservados en esta institución, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, va más allá de la Península e incluye documentación sobre la Inquisición y relacionada con América

ENRIQUE BERZALValladolid

Los fondos del Archivo General de Simancas han sido reconocidos por la Unesco como Patrimonio de toda la Humanidad, en una calificación que reconoce a dicha institución como Memoria del Mundo. En la reunión celebrada en París los días 24 al 27 de octubre, el Comité Consultivo Internacional (CCI) del programa Memoria del Mundo de la Unesco recomendó 78 nuevas inscripciones en el Registro Internacional Memoria del Mundo, entre las que se encontraba el Archivo General de Simancas. Aceptadas dichas recomendaciones por la directora general de la Unesco, Irina Bokova, el Archivo General de Simancas agranda aún más su proyección internacional al ser reconocido su contenido como Patrimonio de toda la Humanidad. El ministro de Educación, Cultura y Deporte y portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, celebró la incorporación de Simancas en el Registro de la Memoria del Mundo. Con las tres nuevas incorporaciones –además del Archivo General de Simancas, se ha aceptado la candidatura del archivo de Ramón y Cajal y el Códice Calixtino– la Unesco vuelve a refrendar y poner en valor la importancia y relevancia mundial del patrimonio documental de España.

El origen de este reconocimiento proviene de la proposición no de Ley que el 25 de marzo de 2015 presentó en la Cámara Baja Máximo López Vilavoa, hoy procurador del Grupo Parlamentario Popular de las Cortes de Castilla y León y en ese momento vocal de la comisión de Cultura del Congreso de los Diputados, para iniciar los trámites conducentes a la inclusión del Archivo de Simancas dentro del listado Memoria del Mundo de la Unesco. El objeto de dicha proposición, según palabras del mismo López Vilavoa, era que «se valore aún más esa gran maravilla que es el Archivo General de Simancas, tan presente en investigaciones históricas publicadas en todo el mundo, en cuyas notas a pie de página figuran constantemente esas siglas de AGS, Archivo General de Simancas, seguidas del correspondiente número de signatura. Y es que, aunque este archivo se ubica desde su creación, allá por el siglo XVI, en la localidad vallisoletana de Simancas, por la importancia del fondo documental allí depositado, su relevancia sobrepasa los límites tanto del municipio de Simancas, de la provincia de Valladolid, de Castilla y León y de toda España».

La Proposición no de ley, defendida igualmente, en esa misma sesión, por el diputado socialista Mario Bedera, fue aprobada por unanimidad por todos los grupos parlamentarios presentes –PP, PSOE, CiU, PNV y Grupo Mixto, a través de la representante del BNG–, por lo que el Gobierno de España elevó a la Unesco la candidatura correspondiente, completando la documentación sobre los fondos depositados, su importancia histórica y la relevancia universal de los mismos.

Imágenes del Archivo en el primer tercio del siglo XX.

Ciertamente, desde su apertura al público en el año 1844, el Archivo General de Simancas constituye un centro documental de primer orden para conocer la historia de lo acontecido en el mundo desde el último tercio del siglo XV hasta el primer tercio del XIX. De hecho, los más importantes historiadores que han difundido el relato histórico correspondiente al Antiguo Régimen y a los primeros tiempos de la contemporaneidad han tenido que acudir a Simancas para completar sus líneas de investigación. Ya el origen mismo del Archivo, en 1540, arroja un testimonio espléndido de la conformación administrativa del Estado Moderno, pues fue el rey Carlos I el que mandó custodiar en el castillo simanquino los documentos más importantes de la Corona de Castilla, empezando por aquellas escrituras y documentos que avalaran su preeminencia real. Fue así como la histórica fortaleza de los Enríquez, almirantes de Castilla, se convirtió en archivo de la Corona, depósito de documentos para avanzar en la eficacia administrativa y asegurar el control y dominio de la Monarquía sobre un territorio cada vez más vasto.

Seguidamente, Felipe II, consciente de la importancia que tenía la custodia de la documentación para la administración del Imperio, decidió dedicar a ello todo el espacio de la fortaleza, en 1574 encargó el proyecto de adaptación a Juan de Herrera y mandó redactar el primer reglamento, fechado en 1588. De inmediato, ordenó que todos los documentos producidos por los órganos centrales de gobierno fuesen enviados a Simancas tan pronto como su vigencia administrativa hubiera finalizado, inaugurando así la concepción del Archivo como pieza esencial en el Estado moderno y cabeza de un sistema archivístico pionero en su tiempo. Es elocuente, a este respecto, la frase que en cédula real envió al cronista Jerónimo de Zurita: «Sin los papeles no hay noticia que convendría para la buena dirección de las cosas presentes y de las que cada día ocurren».

Más allá de España

Dada la expansión de la monarquía, la documentación conservada en el Archivo de Simancas sobrepasa con mucho los límites territoriales de la Península, pues si en 1580 Felipe II incorporó el Reino de Portugal, posteriormente hizo otro tanto con territorios de los Países Bajos, de Borgoña y de Italia. Es más, hasta la creación del Archivo General de Indias, en 1785, toda la documentación relacionada con América también estuvo en Simancas, lo mismo que todo lo relativo a la Inquisición, que a principios del XX pasó a Madrid. Aun así, el grueso del archivo inicial: Consejo Real de Castilla, Cámara de Castilla, Cancillería, Contaduría Mayor de Hacienda, Consejo de Estado, Patronato Real y el resto de secretarías, continúan en Simancas. A todo lo dicho hay que sumar documentación relevante de los Imperios turco y persa, sobre las relaciones con China o Japón y de asuntos relativos a América y a la navegación hacia oriente de los portugueses.

No es casualidad, por tanto, que Simancas haya acogido en su sala de investigadores a hispanistas pioneros y de importancia crucial en la profesión histórica, como, por ejemplo, Fernand Braudel, Jean Sarrailh, Bartolomé Benassar, Federico Chabod, Pierre Vilar o Marc Bloch, pero también a renovadores de la disciplina en la España del primer tercio del XX, tales como Eduardo de Hinojosa, Antonio Flores de Lemus, José Manuel Piernas Hurtado, Rafael Altamira, Carmelo Viñas o Eduardo Ibarra.

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