El Tenorio regresa a los cines

Una escena de ‘Don Juan Tenorio’, de Gustavo Pérez Puig. /El Norte
Una escena de ‘Don Juan Tenorio’, de Gustavo Pérez Puig. / El Norte

Un miniciclo organizado por Futuro en Español permite ver en los cines Broadway de Valladolid dos versiones muy distintas de la obra de Zorrilla

VIDAL ARRANZValladolid

Don Juan no solo es un seductor de mujeres, sino también de espectadores de cine. En más de cien ocasiones el mito de raíz española ha cobrado vida en la pantalla, en producciones de todo el mundo, ya fuera inspirado en alguna de sus versiones literarias más conocidas, o sin asumir ninguna de tales ataduras. Y de todos los don juanes posibles, el más adaptado ha sido el del vallisoletano José Zorrilla, que ha protagonizado más de veinte películas. Dos de ellas podrán verse gratis el lunes y el martes en los cines Broadway, como actividad complementaria de las Jornadas ‘Futuro en español’ .

El miniciclo cinematográfico, con la colaboración de los Cines Broadway, tiene la gran virtud de ofrecer dos visiones diametralmente opuestas del personaje. Hoy lunes, a las 18:00 horas, los espectadores se enfrentarán a ‘Don Juan’ (1997), de José Luis García-Berlanga, una de las adaptaciones más infieles imaginables del Tenorio. Tan infiel que, en realidad, de la obra de José Zorrilla apenas toma otra cosa más que un cierto aire de época y los nombres de sus personajes principales: Juan Tenorio, Luis Mejía y doña Inés. Que nadie espere reconocer la trama del vallisoletano en esta miniserie de televisión, de tres horas de duración. Ni la sonoridad de sus versos, pues los diálogos han sido adaptados al lenguaje coloquial. Estamos ante una película de aventuras de capa y espada y amoríos, cuyo aliciente principal son sus protagonistas: José Coronado es el encargado de dar vida a Tenorio y Silvia Abascal encarna a una doña Inés mucho más resuelta y menos pura que la de Zorrilla.

Mañana martes, a las 19:00 horas en los Cines Broadway, se proyecta el ‘Don Juan Tenorio’ (1966) de Gustavo Pérez Puig. Estamos ante el reverso luminoso de la cinta anterior. Y es que se trata de una versión absolutamente fiel al texto del vallisoletano, que encarga sus personajes principales a dos de sus mejores intérpretes posibles: Francisco Rabal encarna a un Juan Tenorio apasionado y convincente y Concha Velasco hace lo propio con una doña Inés fiel a la obra, pero que evita el exceso de rigidez y pureza virginal que derrochaban otras adaptaciones.

La película no es, en rigor, una película, sino una de las ediciones del mítico programa de TVE ‘Estudio 1’. Es decir, estamos ante teatro filmado para la televisión. Y en el blanco y negro de la época. Pero esta quizá sea una de las mejores opciones posibles para una obra como la que nos ocupa, en la que la sonoridad del verso es esencial, y cuya trama no soporta un enfoque que ponga el énfasis en el realismo o la verosimilitud. El Tenorio de Zorrilla requiere de ese mundo aparte que es el escenario teatral para que sus versos suenen como deben, y esta versión de ‘Estudio 1’ brinda un entorno adecuado para disfrutar la obra.

El dramaturgo y académico de la Española Francisco Nieva aporta una clave: «Es fácil ver que Zorrilla soñaba y jugaba a escribir un ‘Don Juan’ de su cosecha en un estado que traduce, aún en formas artificiosas, el flujo de un sueño». Ese ingrediente onírico de la obra, que ha sido detectado por sus defensores más actuales, es justamente el que se pierde en cualquier adaptación que se pretenda realista.

La relación con la pantalla

Las películas del ciclo que organizan El Norte de Castilla y Cines Broadway son solo dos muestras de una relación del Tenorio con el cine que se inició muy pronto, en 1898, apenas cinco años después de la muerte de su creador. Y en México, país en el que el escritor había vivido 11 años. La obra de Salvador Toscano apenas duraba cinco minutos, el equivalente a una bobina de 30 metros, duración estándar de las películas entonces, y es muy difícil imaginar cómo podría condensarse en ese tiempo el argumento del drama.

En España, el pionero fue Ricardo Baños, en 1908, con una obra, de duración similar a la anterior, que enfatizaba los elementos sobrenaturales de la obra de Zorrilla, pues, como resalta Rafael Utrera, conectaban bien con el género cinematográfico de la fantasmagoría, muy en boga en esos años iniciales del cine.

Una de las últimas adaptaciones de la obra, ‘Amar y morir en Sevilla’ (2001), de Víctor Barrera, ha podido ser vista también en Valladolid este año con motivo del bicentenario del nacimiento de Zorrilla.

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