Sorrentino deja torear a Berlusconi

Fotografía facilitada por la productora Indigo, de una escena de la película 'Loro'. /Efe
Fotografía facilitada por la productora Indigo, de una escena de la película 'Loro'. / Efe

Llega a los cines italianos 'Loro', la primera parte del díptico que el laureado director dedica al cuatro veces primer ministro

DARÍO MENORCorresponsal en Roma

Paolo Sorrentino concedió a Silvio Berlusconi el mismo privilegio que a Giulio Andreotti: un día antes de su estreno, pudieron ver en exclusiva las películas que el laureado cineasta había centrado en sus vidas. 'Il Divo', que llegó a la gran pantalla hace una década, le disgustó mucho a Andreotti. Le molestó verse retratado como un cínico incorregible. Era un insulto para un democristiano de misa diaria y que decía inspirarse por los valores del Evangelio. Aunque parece que Berlusconi rechazó la oferta y no quiso ver 'Loro' (ellos, en español), la primera parte del díptico que Sorrentino ha dedicado al cuatro veces primer ministro, estrenada esta semana, tal vez no se habría sentido disgustado.

«Al final de la película Berlusconi resulta ser el mejor de todos», comentó 'Il Giornale', diario propiedad de la familia del magnate. El ex 'Cavaliere' temía que le pasara como a Andreotti y acabar siendo objeto de las críticas del director napolitano. Las experiencias previas tampoco ayudaban: salió muy mal parado en 'El Caimán' (2006), de Nanni Moretti. Le daba miedo que volviera a hablarse de sus 'años locos' (2006-2010), en los que se rompió su matrimonio con Veronica Lario mientras se multiplicaban las noticias sobre sus fiestas con jovencitas, alguna incluso menor de edad. La época de aquellas bacanales que se conocían como 'bunga bunga' coincidió con la crisis económica que puso a Italia al borde del precipicio y acabó propiciando su dimisión en 2011.

Ganador del Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 2014 con 'La grande bellezza', Sorrentino ha centrado la primera parte de 'Loro' (la segunda llega a los cines el 10 de mayo) más en los personajes que componen el estrato más bajo del 'berlusconismo' que en el propio líder de Forza Italia. De hecho, al magnate, interpretado por el gran Toni Servillo, no se le ve el pelo hasta que ha pasado una hora y cuarto de cinta. El protagonista es hasta entonces Sergio Morra, el personaje al que da vida Riccardo Scamarcio y que es un trasunto de Giampaolo Tarantini, el encargado de conseguir chicas y droga para los 'bunga bunga'. Ante esa Italia bajuna, arribista y chanchullera que Sorrentino retrata, Berlusconi no sale mal parado. Sobre todo porque se le ve como a un romántico que se desvive por recuperar el amor de Lario.

En sus notas de dirección, Sorrentino reconoce la inmensidad de un personaje imprescindible para entender Italia en las últimas décadas como el ex 'Cavaliere' y recurre a una cita de Ernest Hemingway en 'Fiesta' (1926) para describirlo: «No hay nadie que viva su vida hasta el fondo, excepto los toreros». «Quizá», confiesa el director, «la imagen más verosímil que se puede tener de Silvio Berlusconi sea esa, la de un torero».

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