Martín Garzo y su vínculo con el cine de Almodóvar

Gustavo Martín Garzo y Basilio Casanova escoltan el cartel del Congreso de cine, de la UVA. /Henar Sastre
Gustavo Martín Garzo y Basilio Casanova escoltan el cartel del Congreso de cine, de la UVA. / Henar Sastre

El novelista vallisoletano analiza qué es para él el séptimo arte a partir de las películas del director manchego, con motivo del Congreso de Análisis Textual organizado por la Universidad de Valladolid

VIDAL ARRANZValladolid

«El cine tiene que ver con la fascinación y con el encantamiento, con la apertura a territorios inesperados». Esta es la respuesta del escritor vallisoletano Gustavo Martín Garzo a la pregunta ‘¿Qué es el cine?’ que encabeza el IX Congreso Internacional de Análisis Textual, que se celebra desde ayer en la Facultad de Filosofía y Letras.

El Congreso, que se prolongará hasta el sábado 21 de octubre, movilizará a doscientos participantes que intervendrán en mesas de trabajo repartidas por cuatro aulas diferentes de la facultad vallisoletana. La intervención de Garzo, ayer al mediodía, fue uno de los momentos más esperados de la jornada y dejó a los asistentes con un excelente sabor de boca. El novelista centró su intervención en el cine de Almodóvar a partir de una serie de reflexiones sobre algunas de sus películas que le permitieron ir desgranando una reflexión sobre el arte del autor de ‘Hable con ella’, pero también sobre la naturaleza misma de la creación y de lo poético.

El escritor vallisoletano, que hace un tiempo recopiló en su libro ‘Sesión continua’ una parte de sus numerosos escritos sobre cine, empezó reconociendo que el cine ha sido «esencial» en su vida. «Tanto en mi vida personal como en mi vida de escritor el cine me ha acompañado siempre». Reivindicó «el misterio de la sala oscura, que ahora en gran medida se ha perdido por las nuevas formas de ver el cine», pero que, a su juicio, es el entorno idóneo para su disfrute: «El cine supone la apertura a un mundo de ensueño y necesita de un lugar separado del mundo real», aseguró. «Para mí la experiencia del cine implica superar el umbral de la sala. Pero no me atrevo a juzgar a un joven que lo contempla de otro modo o con otro formato».

La sala de cine está ligada a su misterio también por el tamaño de la pantalla de proyección. «Ningún arte como el cine nos ha acercado tanto al misterio del rostro humano. Esos primeros planos enormes evocan el rostro de la madre, que es el objeto de la primera fascinación de todo ser humano». Por eso el cine «tiene que ver con la fascinación y con la apertura a un universo de encantamiento». Pero también, como ocurre en todo proceso de creación que tenga carácter poético, «con la apertura a lo sorprendente». El creador transita por territorios desconocidos incluso para él mismo. «Un creador nunca sabe bien lo que hace. Si merece la pena su trabajo es porque se ha metido en líos, en territorios inesperados; de ahí su inseguridad».

Un buen ejemplo de esa inseguridad es el propio Pedro Almodóvar, que acostumbra a realizar pases privados, previos al estreno, porque nunca tiene la certeza de si ha logrado lo que pretendía. «El territorio del creador es el de la duda y la búsqueda, y es muy frecuente que, ante su obra final, no sepan del todo qué han encontrado».

El espacio de inocencia

En relación con Almodóvar, Martín Garzo aseguró que una de las claves de su cine es la «nostalgia de una bondad natural», y también una concepción del sexo que lo reivindica como «un espacio de inocencia». También están la oscuridad y la perversidad, aclara inmediatamente el escritor vallisoletano, como en la vida misma. «Pero lo importante es que también está eso otro, ese candor que acompaña a sus personajes».

«En las películas de Almodóvar abundan los santos sin religión», añade el autor de ‘El lenguaje de las fuentes’. Y es que «el lugar de la fascinación es el lugar del cuidado del otro». El cine de Almodóvar «nos dice que el paraíso está en este mundo, aunque no siempre encontremos la puerta que nos lleva a él». Como no puede ser de otra manera el amor, y el encuentro de los cuerpos que se funden, es uno de sus temas recurrentes. «Su película ‘Julieta’ habla de cómo el amor nos engaña. El fracaso del amor es que nos hace creer que todo está unido, pero no es cierto. El mundo es una colección de fragmentos: no hay un todo al que estos pertenezcan». Sin embargo, el sexo, cuando es pleno, asegura el novelista «nos devuelve la nostalgia del paraíso».

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