Un documental recuerda la figura del actor Ricardo Vicente

Imagen de la presentación del documental, con miembros del equipo y el alcalde Óscar Puente. /G. Villamil
Imagen de la presentación del documental, con miembros del equipo y el alcalde Óscar Puente. / G. Villamil

La cinta rinde tributo al dramaturgo y actor, fallecido prematuramente, a través de los testimonios de quienes le conocieron en vida

SAMUEL REGUEIRAValladolid

«Océanos de amor y miles de besos». Quienes conocieron a Ricardo Vicente en vida reconocerán esta como una de sus frases más recurrentes, una sentencia breve, poética y cargada de amor… como su propia vida. La asimilación que puede producirse entre este aforismo y su tristemente truncada odisea vital ha servido a Lia Willems-Gomez para vertebrar el documental ‘Océanos de amor, tributo a Ricardo Vicente’, que se presenta proyecta/estrena el próximo martes 27 de marzo en el Teatro Zorrilla.

«Mi primera toma de contacto con Vicente fue casual», declaró Willems-Gomez en conversaciones previas con este medio; «alguien me habló de Ricardo y pronto pude descubrir el talento que tenía como actor y muchas de las facetas que el público no conocía». Su investigación en torno a esta persona le ha hecho entrevistar a numerosos amigos, familiares y compañeros de profesión vinculados, de una u otra manera, al dramaturgo y actor de la Escuela Dramática; intérpretes como Roberto Enríquez, Lucía Quintana, Inés Acebes o Pablo Rodríguez; el antiguo actor y actual alcalde de Valladolid, Óscar Puente; el crítico y colaborador de El Norte de Castilla Fernando Herrero o los directores teatrales Nina Reglero y Xiqui Rodríguez, entre muchos otros.

Willems-Gomez, coartífice de esta producción junto al director de fotografía Álvaro Gonzalo, ha contado con un equipo técnico de unas diez personas para dar forma a un proyecto en el que llevan trabajando desde el mes de julio del pasado año: «Estuve investigando sobre esta persona y me fui encontrando con gente de su círculo, de su profesión, que demuestran que no era solo puro talento, sino también un artista que lo englobaba todo y le daba al teatro otra dimensión, siempre a la búsqueda de contarlo todo de otra forma».

Guiada por la curiosidad, afirma la directora que, de entre todos los testimonios, le llamó la atención un poderoso elemento de todas ellas en común: «El poso que fue dejando, el impacto, aquello que compartieron con él... sigue vivo de alguna manera. A través de ese sentimiento que se trasluce en el brillo de los ojos que hay en la gente cuando hablan de él demuestran que, de alguna manera, continúa presente».

Estos testimonios, en los que indefectiblemente se entremezcla lo personal con lo profesional, suponen la prueba de la huella indeleble que Vicente dejó en todas aquellas personas que lo conocieron, muchas de ellas tan seducidas por su calidad humana como por su talento artístico: «Lo que le diferenciaba era su capacidad de empatía», sostiene la cineasta. «Siempre iba más allá, trataba de entender al ser humano en su complejidad, lo que somos las personas y cómo nos relacionamos». Para Willems-Gomez, es esta una de las claves, además, que se esconden tras el secreto que guarda la diferencia entre un trabajador talentoso y un artista absoluto: «Mi percepción me transmite que cuando vamos más allá en lo humano conseguimos un mejor trabajo, porque tiene más vida, más alma», sostuvo. «Ricardo Vicente siempre iba más allá en lo personal y en el comportamiento humano, creaba un mundo a su alrededor, de su trabajo y de la gente con la que trabajaba. Era una persona que buscaba y encontraba».

Imágenes del rodaje del documental bajo la dirección de Lia Willems-Gomez. / El Norte

Son hasta cuatro los bloques temáticos dividen este documental sobre Ricardo Vicente; divididos cronológicamente desde su infancia y adolescencia hasta su trabajo tanto para el teatro como para otros tipos de artes escénicas. Se enfocan además tanto en su lado más polifacético como en su honestidad y compromiso a la hora de acometer el teatro, y emergen diferenciados, a su vez, mediante pequeños recursos de representaciones de ficciones que suponen el punto creativo de Willems-Gomez en este trabajo netamente testimonial: «He llevado esa investigación que hacía Ricardo a mi terreno para darle un poco de profundidad y que explicara al mismo tiempo y aún más lo que él era», explicó la directora. «Mi objetivo ha sido, de alguna forma, aportar eso, y muchas de esas ficciones cuentan con una voz en off con la que se ilustra un punto de encuentro entre lo que yo percibo de Ricardo y yo misma y mi propia realidad».

La vida en episodios

Una veintena de personas entrevistadas jalonan el largometraje final, a través de cuyas distintas verdades se compone la historia del dramaturgo y actor de teatro: «Para nosotros ha supuesto un gran reto poder contar esta historia, nos ha resultado muy complicado porque hay que tratar de ser imparcial, verlo en globalidad y narrarlo lo más objetivamente posible, haciendo uso de testimonios personales». Willems-Gomez tiene claro, afirma, que se encontraba «construyendo una verdad a través de verdades personales, donde no hay una universal y donde muchas veces hay una palabra que se opone a otra». La certeza total no puede existir, pues la única válida la tendría el propio Ricardo Vicente: «Para mí, lo más importante ha sido ser honesta, buscarle a él a toda costa, y uno de mis grandes miedos a lo largo de todo el rodaje ha sido decepcionarle». Esa búsqueda a toda costa de la verdad de Ricardo Vicente ha supuesto la gran meta de la directora y de su equipo, terminar un largometraje del que, si el dramaturgo pudiera haberlo visto en vida, se hubiera sentido orgulloso.

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