El Curso de Cine de la UVA define al «otro cine español» en su jornada inaugural

Los críticos de cine Antonio Santamarina y Carlos Heredero. / R. Otazo

Antonio Santamarina y Carlos Heredero delimitaron en la apertura de la edición número 54 el fenómeno de un cine de bajo presupuesto, mayor libertad creativa y mucha heterogeneidad

SAMUEL REGUEIRA Valladolid

Tratar de delimitar lo que se ha dado en llamar el «otro cine español», en círculos tanto mediáticos como estrictamente especializados en el séptimo arte, no resulta tarea sencilla. No se compone este fenómeno de una corriente estética uniformada, no hace ostentación alguna de rasgos generacionales afines, y sus miembros no comparten género cinematográfico, inquietudes artísticas o características superficiales homogéneas. «Ni siquiera es un movimiento como lo fue la Nouvelle Vague, el Free Cinema inglés o el Nuevo Cine Español de los años 60», advirtieron Carlos F. Heredero y Antonio Santamarina durante las charlas inaugurales que mantuvieron ante los alumnos del Curso de Cinematografía de la Universidad de Valladolid, conferencias que funcionaron como pistoletazo de salida de esta 54ª edición.

«Se le ha conocido de muy diversas formas: cine periférico, alternativo, radical…», enumeró Heredero, historiador y actual director de la prestigiosa revista ‘Caimán Cuadernos de Cine’: «En realidad se ve conformado por un conjunto de trabajos variopintos cuya producción, exhibición y distribución suele transcurrir por vías diferentes a la tradicional». La coyuntura de los últimos años parece haberles obligado a ello: «Se han tenido que enfrentar a la crisis económica, pero también a la transformación de panoramas como el tecnológico, con la revolución digital; o al nuevo papel que también han comenzado a jugar las televisiones».

«La mayoría de estas películas no superan el umbral de los dos millones de euros en su presupuesto» Carlos heredero

El problema con la distribución de copias y la búsqueda activa de locales de proyección casi obliga a que «muchos de ellos vayan con los DVD bajo el brazo», ironiza Santamarina, filólogo, historiador y gerente de la Filmoteca Española. La exhibición, por su parte, ha encontrado un nuevo acomodo en las plataformas VOD (Video On Demand), de «televisión a la carta en Internet». Afortunadamente, el cambio de hábitos de consumo de los espectadores y los cinéfilos más jóvenes les brinda la seguridad de que, al menos, parecen haber sabido moverse con una buena parte del público potencial.

Las vías de producción son las más dificultosas de sortear: «La mayoría de estas películas no superan el umbral de los dos millones de euros en su presupuesto», afirmó Heredero; «incluso muchas de ellas logran salir adelante con infinitamente menos». Santamarina asienta: «Ni siquiera participan siempre de ayudas o subvenciones, lo que más les identifica es no estar dentro» de esa maquinaria. Como dijera Carlos Losilla en su día en ‘Caimán Cuadernos de Cine’, se han esforzado por «hacer ‘tabula rasa’ con el cine de su entorno». Sin embargo, esta situación de dificultades en la financiación, en apariencia asfixiante, encierra, en sí misma, una estimulante contrapartida: «Debido a sus escasos presupuestos, estos cineastas han podido gozar de una mayor libertad creativa».

Los primeros largometrajes de Jaime Rosales (‘Las horas del día’) y Javier Rebollo (‘Lo que sé de Lola’) funcionan como antecedentes de referencia en dicho fenómeno; dos cineastas que, posteriormente, triunfarían con trabajos posteriores granjeándose premios de prestigio: Rosales ganaría el Goya a la mejor película en 2008 por ‘La soledad’, y Rebollo, el premio al mejor director en San Sebastián por ‘La mujer sin piano’ en 2009: «Resultó significativo que perfiles tan autorales empezasen a ganar los galardones más importantes», expuso Heredero, «muchos de ellos procedentes de las grandes instituciones del sistema».

Incremento de mujeres

En ese mismo sentido, estima Heredero que la presencia en festivales internacionales del llamado «otro cine español» supone el 95% de la participación total nacional, «con la salvedad de cineastas como Almodóvar, Amenábar, Bollaín o De la Iglesia». Como prueba, también se revelan los recientes éxitos del Festival de Málaga ‘Júlia ist’, de Elena Martín; y ‘Estiu 1993’, de Carla Simón, tan solo dos de las muestras de una nueva forma de hacer cine que, por primera vez, destaca el incremento de cineastas mujeres: «En el otro cine español se aprecia un repunte porcentual de directoras jóvenes con propuestas muy interesantes».

Cineastas como Albert Serra, Mar Coll, Carlos Vermut, Juan Cavestany o el colectivo Los Hijos, entre muchos otros, conforman este heterogéneo «grupo que no es grupo», todos ellos «con un «importante bagaje cultural y que hablan, de un modo u otro, sobre el mismo cine», indicó Santamarina. También cabe destacar nombres como el de Isaki Lacuesta, «uno de los realizadores más prolíficos y poliédricos de este «otro cine español», siempre a medio caballo entre el documental y la ficción»; o el de Jonás Trueba, hijo de Fernando Trueba, que ha huido del paraguas del nombre de su padre y de la carrera de cineasta tradicional: «El suyo es un cine radicalmente independiente», diagnosticó Heredero; «hecho entre amigos, distribuido y programado sin recurrir a otros paraguas, y temáticamente en las antípodas de lo que hace Fernando, lo cual no deja ni de ser llamativo ni de hablar bien de Jonás». Su película ‘La reconquista’ podrá verse el miércoles 2 de agosto, por la tarde en el Aula Mergelina.

Un curso veterano y aún pujante

Javier Castán, decano de la Facultad de Filosofía y Letras y director del Curso de Cinematografía de la Universidad de Valladolid, y Felicidad Viejo, vicerrectora de Estudiantes y Extensión Universitaria, destacaron ayer durante la inauguración de la 54ª edición la antigüedad y estabilidad de este proyecto, así como su impacto en la ciudad y la sociedad, hasta el punto de suponer una referencia «a nivel nacional» y el «último reducto» del vallisoletano aficionado al séptimo arte, según palabras de Castán: «Contribuimos a crear criterio, ofrecemos cine no comercial y despertamos un gusto especializado en el público de la ciudad».

Frente a los retos de programar una oferta sólida, escoger un profesorado de renombre y renovar en los ámbitos que lo requieran, el hoy conocido como Curso de Cinematografía «ha sabido mantenerse», pese a que «la cinefilia ha decaído». En términos similares se manifestó ayer la vicerrectora, quien no dudó en destacar el papel social de esta propuesta educativa «con una amplia oferta en formación, jornadas, charlas y exhibición de películas, que no solo sirve a los estudiantes, sino que además divulga de cara a toda la sociedad, dando a conocer las investigaciones y los contenidos más especializados a toda la ciudad de Valladolid». El curso de cine, concluyó Castán, «presenta los suficientes motivos para que nos podamos sentir orgullosos».

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