El Norte de Castilla

Soldados en el confín del mundo

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El director Salvador Calvo (3d arriba) posa con el resto de actores durante la presentación de la película "Los últimos de Filipinas". / Efe

  • Luis Tosar y Javier Gutiérrez mandan a un destacamento de jóvenes actores en '1898. Los últimos de Filipinas', el debut en la pantalla grande del director Salvador Calvo que se estrena este viernes

«Cachito a cachito se come todo el chuletón». Con esta frase, entre lapidaria y gastronómica, Karra Elejalde intentaba calmar los nervios de Álvaro Cervantes. Su joven compañero, bregado en series de televisión como 'Carlos, rey emperador' o 'Los nuestros', tenía la misión de llevar sobre sus hombros una película acompañado de actores de su generación y de otros intérpretes curtidos como Luis Tosar, Javier Gutiérrez, Carlos Hipólito o Eduard Fernández. Dos generaciones que se pusieron a la órdenes de Salvador Calvo en '1898. Los últimos de Filipinas' para recrear una de las últimas batallas en el imperio español y que se estrena este viernes en las salas de cine de toda España.

Una situación, la de hace más de un siglo, que se parece a lo que está ocurriendo en la actualidad. «Había un gran descontento en el pueblo y coincide en que había una situación de interinidad con una regencia», explica el director de la película quien considera que su ópera prima tiene un claro «mensaje antibelicista». «Habla mucho del absurdo de la guerra. Mandaban a señores aterrorizados de Galicia, Extremadura y Castilla al confín del mundo a luchar. Y no entendían nada de lo que sucedía», explica Tosar. El actor gallego da vida al teniente Martín Cerezo, quien dirigió la resistencia española en la iglesia de Baler tras la muerte del capitán Enrique de las Morenas (interpretado por Fernández). Durante casi un año, desde el 30 de junio de 1898 al 2 de junio de 1899, el destacamento español de 50 hombres aguantó los ataques de los rebeldes filipinos, quienes les instaban a rendirse como había hecho el Gobierno de Práxedes Mateo Sagasta. Por 20 millones de dólares había cedido Puerto Rico, Cuba, Filipinas y Guam a Estados Unidos. Pero los soldados no se creyeron las palabras de los tagalos.

«Había muchas razones para no rendirse», explica el director, como que los bombardeos continuaban. «Como buen militar, él (Martín Cerezo) pensaba que no se podía hacer semejante vileza de vender las colonias. Y tampoco que nadie hubiera ido a buscarlos. No le entraba en la cabeza», apunta. «La situación es absurda», añade Tosar, quien aceptó el trabajo tras ver el guión y el reparto. «Estamos mucha de la gente con la que a uno le apetece trabajar», añade Elejalde, convertido en la película en el párroco de Baler, un religioso que se ha pasado media vida por Asia. Señala a Hipólito, médico en la ficción, a quien el sorprendió la llamada de Calvo. «No me suelen llamar para hacer cine», dice. También a Javier Gutiérrrez, un sargento veterano o Eduard Fernández, capitán del destacamento. Ricardo Gómez, Patrick Criado, Miguel Herrán y Emilio Palacios son algunos de los compañeros de Cervantes en el destacamento. Todos provenientes de la televisión y que tuvieron que hacer un curso exprés en materia militar. «Nos hicieron ensayar con el Mauser, cargando y disparando», apunta Cervantes. «Y desfilando», añade Gómez.

     

Aventura africana

     

Mucha de la instrucción se realizó en Canarias, donde de rodó parte de la película. Baler estaba descartado. «Además de estar muy lejos, allí se instaló Coppola para hacer 'Apocalypse Now' y un tifón se llevó todos los decorados. Perdío un año de rodaje», comenta Calvo. Se buscaron otras opciones y a los productores les gustó la idea de Guinea Ecuatorial. «Nada más llegar nos quitaron los pasaportes, pero nos dieron un ramo de flores», narra Elejalde.

«Después, no podíamos salir del Hilton. Y si salías, a comisaría. Te preguntaban dónde estaba el pasaporte, que lo tenían ellos. Así que todo el día en el hotel o rodando», resume el actor vitoriano ante las risas de sus compañeros. En Santa Lucía de Tirajana la situación fue similar. «Estábamos en un valle y tampoco podíamos salir», explica Hipólito. «Pero comimos de bien», remata Gutiérrez.