Carmelo Gómez: «El teatro es vida permanente que muere cada día»

Carmelo Gómez, en una sala del Balneario de Olmedo.
Carmelo Gómez, en una sala del Balneario de Olmedo. / Rodrigo Jiménez

El actor analiza la adaptación teatral del filme de Pilar Miró 'El perro del hortelano', en una nueva sesión de las Jornadas de Olmedo Clásico

PATRICIA GONZÁLEZOlmedo

Un día decidió no volver a participar en ningún proyecto cinematográfico. Aseguró en entrevistas que el cine le producía pesadillas, incomodidades y tristeza. Tal es así que sus dos premios Goya los tiene depositados en casa de su cuñada, donde, asegura, «todo el pueblo pasa a verlo». Curtido en las tablas de los escenarios de Salamanca en sus inicios con obras como ‘La Regenta’, el leonés Carmelo Gómez vive volcado en su gran pasión, el teatro, sobre el que hoy diserta en las Jornadas de Olmedo Clásico

Fotos Olmedo Clásico 2017

-Va a participar en un diálogo de las jornadas en el que se analizará la adaptación de ‘El perro del hortelano’, de Pilar Miró.

-Pilar Miró era fantástica. Hacía obras en las que las mujeres creaban un mundo en el que los hombres tienen que pedir permiso. Creo que eso le gustaba mucho y que al leer el clásico lo visualizó para adaptarlo.

-¿Qué le parecen las adaptaciones contemporáneas de los clásicos?

-Lamentablemente la revisión de los clásicos que se hace hoy en día es para que nadie los revise más. Es terrible pensar que las obras se han escrito solo con una única intención.

-Una de sus primeras interpretaciones sobre las tablas fue ‘La Regenta’ con el grupo Garufa.

-En teatro me ha perseguido durante mucho tiempo. La hice en Salamanca antes de representarla para televisión. ‘La Regenta’ supuso una patada importante para mi carrera, me lanzó hacía delante.

-¿Qué diferencias de adaptación aprecia entre ‘La Regenta’ teatral y la que rodó para televisión?

-Sintetizando, me gusta mucho la cámara porque queda una presencia para siempre, pero desde que conozco el teatro a fondo creo que el día después es mejor, cada día las ideas suman y eso no lo tiene el cine. El teatro es vida permanente que muere cada día, una especie de flor de Alejandría.

-Tengo entendido que no le gusta la televisión.

-No. No tengo nada que ver con la televisión ni ella tiene nada que ver conmigo. No tengo fotogenia. La televisión tiene que revisarse a sí misma y yo no voy a ser el que haga aquí una revisión en cuatro frases sintetizadas. La televisión ha ido por un camino muy didáctico y creo que está obligando a que todos los productos artísticos dejen de ser arte y ha confundido eso con el naturalismo, como si fuese un ‘ismo’ pero no es nada, es mierdismo.

-¿Cómo fue su paso por la Compañía Nacional de Teatro Clásico?

-Estuve una temporada. Hice un trabajo. Fui colaborador. Creo que me llamaron para afrontar un momento que era importante y a nivel promocional yo tenía tirón. Estrenaron un teatro magnífico que lleva 16 años cerrado. Esto no quiere decir que no adore el teatro clásico y que no crea que esta compañía está muy bien. Es muy bueno que exista, ya que es una de las grandes fortunas que tenemos a nivel cultural y, sobre todo, estaría muy bien que tuviera más apertura.

-¿Qué quiere decir con que debería tener más apertura?

-La que debe tener el arte en general. Lo veo como en las Jornadas de Teatro Clásico de Olmedo. Aquí veo que hay mucha Universidad y todo el mundo está cerrado. Hay miedo. Me refiero a eso. Es mucho nepotismo, muchos amigos y sinergias de mundo afín donde no hay cuestionamiento. El debate es muy difícil porque se tiene miedo a perder la posición.

-¿Cuál es el papel actual de los talleres teatrales?

-Los cursos o talleres no tienen más importancia que la de la investigación, la búsqueda. Yo he realizado muchísimos cursos y de todos salgo diciendo ‘no vuelvo más’. Pero hay que volver. No tener nada que ver con el ponente no quiere decir que el ponente no te esté metiendo algo dentro del cuerpo que te viene muy bien para tu alquimia diaria.

-¿Cuál es el futuro del teatro?

-El teatro clásico no es un museo ni una pieza de cera.Es algo que está muy vivo, que le brillan los ojos a nuestro lado. Pero el teatro está como todo lo que es un producto artístico y como la cultura, aplastada. Hay aplastadores que están terminando con todo. Se trata de meter al teatro en ese lugar sin ventanas para que no tenga respiración ni aire.

-En sus momentos más bajos recurre a Goytisolo.

-Lo leo muchísimo. Me da mucha pena ver cómo ha muerto y como ha sufrido. Cuando dicen que padeció por recibir un premio que hubiese deseado no aceptar porque eran 30.000 euros pero que lo hizo por su hija... uff. Es el mejor hombre que entendió el ‘Quijote’. El discurso que realizó cuando le dieron el Cervantes es muy aconsejable de escuchar. Todo el mundo, ya sea de derechas o de izquierdas, debería escucharlo para que nos dejemos de polladas en este país. Lo leo para relajarme un poco y para saber que no soy el que más desdichas tiene.

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