«El tiempo era un bien precioso para las mujeres cautivas en el gulag»

«El tiempo era un bien precioso para las mujeres cautivas en el gulag»
Monika Zgustova. Henar Sastre

La escritora presenta en el Aula de Cultura su libro 'Vestidas para un baile en la nieve'

Valladolid

La atracción por el papel de la mujer en momentos históricos es una de las constantes de la especialista en literatura e historia rusa Monika Zgustova, participante este jueves en el Aula de Cultura de El Norte de Castilla. Que la policía secreta soviética entrara en las casas en cualquier momento y se llevara camino del gulag a sus víctimas, incluso vestidas con el traje con el que iban a acudir a una fiesta, es la anécdota que sirve para dar título a su obra ‘Vestidas para un baile en la nieve’. En ella revive el testimonio de nueve mujeres supervivientes del gulag a partir de entrevistas realizadas en sus hogares de Moscú, Londres y París.

–¿Porqué este libro?

–Es mi manera de hacer feminismo, mirar las mujeres desde todos los puntos de vista. Y también es mi modo de hacer memoria histórica, porque en los manuales de historia se pierden los episodios humanos protagonizados por seres insignificantes. A ellos les doy la palabra en mis novelas y esta vez en un libro de testimonios.

–¿Qué aporta esa visión femenina del gulag respecto a la de los hombres que lo sufrieron?

–Sabemos mucho de lo que han padecido los hombres por autores como Solzhenitsyn, pero poco sobre cómo vivieron ese cautiverio las mujeres. Aunque las condiciones eran muy parecidas para todos, a muchas mujeres las convirtieron en esclavas sexuales. Luego venían los embarazos, en la mayoría de los casos fruto de violaciones.

–¿Cómo lograron soportar años de penalidades?

–Algunas de ellas tuvieron que construir su propia escala de valores. Así, lo que se impuso en primer lugar fue la amistad, era lo más incondicional y maravilloso, lo que realmente las ayudó a sobrevivir cuando estaban en medio de la sordidez más absoluta. Y también les ayudó mucho la cultura; no solían tener libros, pero cuando por casualidad había alguno, las podía salvar la vida, circulaban de mano en mano. Las mujeres que entrevisté eran todas presas políticas y la mayoría, muy cultas. Cuando tenían un trocito de papel eran capaces de escribir en él una frase de un filósofo y ese escrito circulaba por muchas manos, lo leían en voz alta, lo memorizaban y al día siguiente, durante los trabajos, se llenaban interiormente con ese mensaje.

–¿Qué tienen en común los nueve testimonios?

–Que el tiempo era un bien absolutamente precioso, no estaban dispuestas a perderlo, por eso les costó muchísimo acostumbrarse a las condiciones de vida en libertad. El tiempo lo veían como algo que no se puede despilfarrar.

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