José Varela: «España se mantiene entre el español militante y el indolente»

Carlos Aganzo, el coronel Aguado, José Varela y Fernando Conde, antes de dar comienzo a la conferencia. /Ramón Gómez
Carlos Aganzo, el coronel Aguado, José Varela y Fernando Conde, antes de dar comienzo a la conferencia. / Ramón Gómez

El autor e historiador José Varela Ortega, artífice de la Fundación Ortega-Marañón, repasa los estereotipos de España dentro del Aula de Cultura celebrada por primera vez en el edificio de Caballería

SAMUEL REGUEIRAValladolid

Recién aterrizada el Aula de Cultura en la Academia de Caballería, por primera vez en su historia y como un paso más de acercamiento cultural al estamento militar (y, consecuentemente, de aproximación de estos a la ciudadanía), ha tenido lugar una charla del historiador y autor José Varela Ortega. Nieto del ilustre Ortega y Gasset y artífice de la Fundación Ortega-Marañón, la ponencia tuvo lugar en el marco de esta serie de conferencias organizadas por El Norte de Castilla con el patrocinio de Caixabank y el apoyo de la Junta de Castilla y León.

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«Es una situación difícil donde lo verdaderamente arduo no pasa por definir el predicado de la oración, sino el sujeto; no el qué o el por qué, sino el quién», comenzó Varela Ortega a la hora de demostrar los escollos que surgen al tratar de definir qué es, realmente, España y sus españoles, ya solo partiendo de su inmensa evolución a lo largo de toda la Historia. «España se mantiene en la contradicción entre dos estereotipos; el español militante y el indolente; el que se forja, valeroso, al albor de la toma de Granada -desquite, por otra parte, de la pérdida de Constantinopla-», indicó el historiador, «y el que emerge en la época decadente de Carlos II como un país reaccionario, supersticioso, que no trabajaba -el dolce far niente- y bajo el yugo de la Inquisición».

Esta dicotomía se repite periódicamente, con sus pequeñas diferencias, y ha caracterizado todas y cada una de las épocas representativas de España: «Lo fundamental es existir, de forma crítica o lisonjera». Y ahí es donde surge el aparato propagandístico: el guerrillero español -y el bandolero- germina como mito romántico dada su indisciplina frente a la conquista de los Bonaparte, lo que suscita un inmenso entusiasmo.

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