José Miguel Ortega recuerda la vida del viejo estadio Zorrilla

José Miguel Ortega. /R. Gómez
José Miguel Ortega. / R. Gómez

Óscar Puente y Óscar Campillo acompañarán al periodista en una nueva sesión del Aula de Cultura de El Norte

Víctor Borda
VÍCTOR BORDAValladolid

José Miguel Ortega, cronista deportivo de Valladolid, es un buceador en la historia e intrahistoria del deporte local. Varias de sus obras han indagado en las raíces de la actividad física en estos lares y en las personas y entidades que han dado lustre a diferentes disciplinas atléticas. Su último libro ‘El Viejo Estadio Zorrilla’, editado por El Norte de Castilla, será el tema sobre el que versará la mesa redonda que el Aula de Cultura ha programado para este miércoles en el Ayuntamiento. Junto a Ortega estarán el alcalde de Valladolid, Óscar Puente, y el director de Comunicación y Relaciones Institucionales de Vocento y prologuista del libro, Óscar Campillo. Carlos Aganzo, director de El Norte, será el moderador. Será a las 18:00 horas de este miércoles, en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento y con la entrada libre hasta completar el aforo

–¿Cómo surgió la posibilidad de escribir este libro?

–Nació con la idea de que fuese un regalo para el Real Valladolid, que me entrego la insignia de oro del club e hice el saque de honor en u partido contra el Zaragoza. Le dije a Carlos Suárez que me gustaría corresponder y pensé en este libro, que lo tenía pensado, pero no había tenido tiempo para escribirlo. El Valladolid no me dijo ni sí ni no, pero yo me puse a escribirlo. A través de Óscar Campillo conseguimos que El Norte de Castilla lo sacase adelante. El producto es atractivo, sobre todo porque se saca partido a lo que es más importante en este tipo de libros, las fotos, que son muy buenas.

–En el fútbol como en la vida, los tiempos pasados fueron mejores...

–Creo que no. Es la perspectiva de los años. Cuando tienes 20, todo te parece mucho mejor. Aquel fútbol no tenía nada que ver con este. También es verdad que en la ciudad no había muchas distracciones y el fútbol era la primera y casi la única. La gente vivía con apasionamiento las aventuras y desventuras del Real Valladolid en aquel viejo estadio.

–¿Cuándo se inauguró el ya desaparecido estadio?

–Fue en 1940. Se hizo deprisa y corriendo, pues al club le avisaron que debía abandonar el campo de la Sociedad Taurina, que estaba junto a la Plaza de Toros. La Sociedad Taurina había vendido el terreno a un industrial. Había acabado la guerra y el fútbol era una válvula de escape. Hubo que esperar unos meses, hasta que el Ayuntamiento, presionado por Jesús Rivero Meneses, un hombre ligado al Régimen, diese los primeros pasos. En principio, se pensó en construir una ciudad deportiva. Se inauguró deprisa y corriendo, con solo cuatro gradas. Lo demás era tierra. No había tribuna ni nada. Se estrenó contra el Arenas de Guecho, un club histórico venido a menos.

–La pretensión inicial era construir un estadio con un aforo muy importante.

–La idea era levantar un campo para 25.000 espectadores, que era muchísimo para la época. También estaba diseñado un campo de entrenamiento con aforo para 3.000 personas y un frontón con la misma capacidad. También se pensó en levantar un velódromo con capacidad para 3.000 espectadores.Pero lo que al final se hizo no tuvo nada que ver con esa idea inicial. Costaba mucho dinero y solo había recursos para hacer el campo.

–¿Y el aforo?

–Con el paso del tiempo el campo se fue ampliando, pero siempre a la baja. Se estrenó con capacidad para 8.000 espectadores. Pasó a 10.000 cuando se hicieron la tribuna y las gradas que faltaban. Luego subieron a 12.000. Posteriormente, a 15.000 y ahí se acabó.

–¿Fue esa su máxima capacidad?

–Zorrilla, en los últimos años, con Gonzalo Alonso como presidente, contó con una ampliación con gradas supletorias para llegar a un aforo total de 22.000 espectadores.

–¿Cuándo se traslada el Real Valladolid al nuevo estadio?

–Fue en el año 1982 cuando el Real Valladolid se marcha al nuevo campo, pero el viejo estadio continúa funcionando con el Promesas y el juvenil hasta 1986, en el que el derribo es definitivo.

–¿Es verdad que los llenos eran continuos?

–Sí, sobre todo cuando venían los equipos importantes. El Athletic de Bilbao era entonces el que más poder de convocatoria tenía.

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