«Es frustrante para Médicos Sin Fronteras tener recursos y no poder llevarlos a la gente por la violencia»

Carlos Francisco. /El Norte
Carlos Francisco. / El Norte

Carlos Francisco, coordinador de operaciones de MSF, expone este miércoles en el Aula de Cultura su experiencia en conflictos y tragedias humanitarias

JESÚS BOMBÍNValladolid

El biólogo Carlos Francisco trabajó en la recuperación del oso pardo en el Parque Natural de Somiedo antes de hacerlo en Médicos Sin Fronteras (MSF), donde se ocupa desde 2007 de la gestión de tragedias humanitarias. Su última misión ha sido la coordinación de operaciones en Siria, donde se ocupó de mantener el apoyo a centros de salud y hospitales de la zona este de Alepo. En la actualidad coordina operativos en la República Centroafricana, Sudán del Sur, Angola, Sierra Leona y República Democrática del Congo al frente de Médicos Sin Fronteras, atendiendo a una parte de la población gracias al soporte económico de 6,1 millones de socios y colaboradores en todo el mundo (508.450 en España). Este miércoles será el protagonista del Aula de Cultura patrocinada por Caixabank con la colaboración de la Junta de Castilla y León en una sesión en la Sala Delibes del Teatro Calderón de Valladolid, en la que impartirá a las 20:00 horas la conferencia ‘Seguir con vida’.

–¿Cómo definiría la situación en los países de África donde trabaja?

–No sé que adjetivos usar, pero hay lugares donde la población civil está sufriendo una situación catastrófica. Estuve en agosto en la República Centroafricana y llevan desde 2013 con un conflicto en el que diferentes grupos armados se pelean por el control del país y de sus recursos naturales. Es uno de los estados más pobres del mundo, con una población de menos de cinco millones, la mayor parte viviendo en zonas rurales y una economía basada en la agricultura y la ganadería, sufriendo las consecuencias de un conflicto que se está cebando en la población civil. Ellos son los que sufren los ataques y los desplazamientos cada vez que estos grupos armados quieren hacerse con alguna parte del territorio. Aparte de esta situación de violencia, es muy difícil para las organizaciones humanitarias llegar a esos lugares. Y muy complicado para los civiles poder acceder a los servicios de salud y asistencia humanitaria, lo que provoca situaciones muy dramáticas.

–¿Qué se puede ofrecer en una situación de emergencia?

–Nuestra meta siempre es llegar a la población. Médicos Sin Fronteras tiene más de quince proyectos en la República Centroaficana que llevan ya unos años asentados en el país. Nuestro desafío es poder llegar allí donde más falta hace, donde las poblaciones se están desplazando ahora mismo por los combates o donde sabemos que hay acumulación de desplazados que vienen sufriendo desde hace tiempo. La situación se agrava por los problemas de acceso físico y de malas infraestructuras, lo que unido a la propia violencia, hace muy complicado que podamos llegar a todos los sitios.

–¿Lo que más demanda la población es atención sanitaria?

–Es lo que lleva la mayor parte de nuestras energías y tiempo, proporcionar ese servicio de salud. Tenemos varios hospitales en todo el país en los que prestamos desde asistencia primaria, materno infantil, vacunaciones, respuesta a emergencias y montamos clínicas móviles para llegar a zonas donde la población no tiene acceso a hospitales. También ofrecemos asistencia en suministro de agua, higiene y alimentación en aquellos puntos con una tasa importante de malnutrición infantil.

–¿Cómo es la respuesta de los países ricos a estas calamidades?

–La comunidad internacional está dando un apoyo insuficiente. Al igual que otros conflictos en África, el de la República Centroafricana tampoco aparece en los medios, hay un apagón informativo con las guerras que sufre el continente; esta no es una crisis mediática y esto hace que la atención de la comunidad internacional no sea tan intensa como en otros conflictos. Esto se traduce en que haya menos esfuerzos de los que debería haber para buscar una solución política a este conflicto que está siendo tan duro para los civiles. La mitad de la población necesita asistencia humanitaria urgente, ha perdido las casas o se ha tenido que ir de ellas por la violencia de los combates. He estado allí estas semanas y es una de las crisis más agudas que tenemos ahora.

–¿Ha disminuido la concienciación social en los países ricos debido a la crisis económica?

–Como ciudadano lo que sí veo es que no hay mucha información sobre estas guerras en República Centroafricana, República del Congo o Sudán. Hay mucha sobre la crisis económica y el desempleo –que es comprensible–, pero apenas llegan noticias sobre la situación dramática de estos países donde los civiles viven desamparados.

–¿Qué le hace sentir más impotencia cuando está sobre el terreno?

–Es muy frustrante tener equipos en la zona y que no seamos capaces de prestar toda la ayuda que quisiéramos y podríamos llevarles. Disponemos de recursos para desplegar más operaciones médicas, pero esa falta de acceso a zonas debido a la inseguridad nos limita bastante, hace que nos sintamos frustrados sabiendo que hay gente a la que podríamos atender y a la que no llegamos.

–¿Cómo ha sido su experiecia con la guerra en Siria?

–Es un conflicto con más seguimiento mediático, nos llegan más las imágenes de bombardeos por la implicación de las potencias mundiales, pero al final es el mismo drama: son los civiles los que sufren, son las mujeres con sus niños las que se tienen que desplazar. Todos ellos padecen los ataques de grupos armados: con bombardeos como en Siria, o con machetes en la República Centroafricana; al final, la esencia del sufrimiento es la misma.

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