«Los españoles están dando una lección de acogida a inmigrantes, pese a sus gobernantes»

Nicolás Castellano, en el claustro del Museo Patio Herreriano. /Henar Sastre
Nicolás Castellano, en el claustro del Museo Patio Herreriano. / Henar Sastre

El periodista Nicolás Castellano presentó ayer su libro ‘Me llamo Adou’ en el Aula de Cultura de El Norte

JESÚS BOMBÍNVALLADOLID

La llegada de pateras y su cómputo dramático en víctimas mortales, los desplazamientos provocados por la guerra y la hambruna y la afluencia de extranjeros como mano de obra barata en países desarrollados hace que la inmigración suscite tantos interrogantes como miedos. En la comprensión de este fenómeno se ha especializado Nicolás Castellano (Las Palmas de Gran Canaria, 1977), tratando de abordarlo desde una perspectiva que va más allá de las cifras y el titular con fecha de caducidad de un día. El periodista de la Cadena Ser protagonizó ayer en el Museo Patio Herreriano el Aula de Cultura de El Norte de Castilla, patrocinado por CaixaBank y que cuenta con la colaboración de la Junta de Castilla y León, en una sesión en la que presentó su libro ‘Me llamo Adou. La verdadera historia del niño de la maleta que conmocionó al mundo’ (Planeta). «La emigración es un efecto de la pobreza y la guerra, y estas en muchos casos tienen su origen en las circunstancias de unos países cuya historia tiene que ver con el hecho de haber sido colonizados por naciones europeas».

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En su libro relata las vicisitudes que estuvieron a punto de acabar con la vida de Adou, el niño que viajó desde Costa de Marfil para reunirse con su familia en España y fue descubierto dentro de una maleta por los guardias civiles que manipulaban un escáner del puesto fronterizo del Tarajal, en Ceuta, en 2015. El padre del menor está a la espera de un juicio en el que la Fiscalía le pide tres años de prisión, una historia pendiente de desenlace que le ha llevado a Castellano a contarla en profundidad, dijo ayer, con ánimo de provocar «que nos hagamos preguntas para ver si regulamos la inmigración de otra manera».

Incide en sus crónicas radiofónicas en un enfoque que trata de poner nombre y circunstancias más allá del dato genérico a quienes buscan escapar de la guerra o la pobreza, un modo de acercarse a la realidad que le lleva a reivindicar una mirada «más humana» hacia el fenómeno migratorio. «¿Hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que Europa sea una fosa común? Si la concesión de visados de inmigración funcionara debidamente, las mafias no existirían; estamos creando un sistema legislativo que invita a las vías de entrada irregulares», clamó ayer tras elogiar que «los españoles están dando una lección de acogida, pese a sus gobernantes».

Su trabajo se ha convertido en una referencia en el ámbito del asilo, la cooperación internacional y los derechos humanos y ayer lamentó que en España «no haya diferencias entre la derecha y la izquierda en política de inmigración; la cuestión es si nos dejamos de camisetas políticas y cambiamos nuestra mirada».

Castellano ha tratado el fenómeno migratorio desde países de Europa, África, Asia y América, un bagaje personal que le lleva a concluir que «nunca el mundo tuvo tantos muros como ahora». Habló también de cómo con ‘Me llamo Adou’ trata de denunciar «la arbitrariedad en las leyes de extranjería que regulan la reagrupación familiar condenando a miles de familias inmigrantes a separarse de sus hijos debido a los exigentes requisitos para llevarla a cabo». Pese a un mundo en el que suena con fuerza el discurso xenófobo, Castellano halla motivo para la esperanza. «La gente que ha venido a esta conferencia lo demuestra», concluyó.

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