El 'poeta' Inocencio Arias y Victoria Ash recitan sus versos favoritos en el Aula de El Norte

Victoria Ash e Inocencio Arias, durante el recital. /Henar Sastre
Victoria Ash e Inocencio Arias, durante el recital. / Henar Sastre

Rindieron homenaje a la ‘Poesía en el tiempo’ con lecturas de textos clásicos en el caso de él y propios en el de ella

SAMUEL REGUEIRAValladolid

Inocencio Arias es un hombre de muchos ‘sombreros’: ha sido embajador de la ONU, diplomático, cónsul en Los Ángeles, director del Real Madrid, escritor… Pero el que ayer portaba como lector de textos clásicos de la poesía, acompañado por el talento personal de Victoria Ash, era uno que fácilmente podría confundirle con otra persona. Y, sin embargo, seguía siendo «Chencho» quien, acompañando a la poeta jienense Victoria Ash, desarrolló un recital lírico de versos clásicos que equilibraban las piezas propias de la escritora, a lo largo de una nueva entrega del Aula de Cultura de El Norte de Castilla, desarrollada en la Sala Experimental Fernando Urdiales del Teatro Zorrilla gracias al patrocinio de Caixabank y la Junta de Castilla y León, y que contó con la presencia de, entre otros, los poetas Carlos Aganzo y Fermín Herrero.

Con el soberbio texto casi en prosa lírica ‘El poema’ de Gastón Vaquero, cubano exiliado en España, arrancó el recital que no tardó en hacerle un hueco a Juan Ramón Jiménez (‘Novia del campo, amapola’) y a Pedro Salinas (‘El alma tenía). Los sonetos pronto ocuparon un lugar protagónico entre versos de Shimose (‘El alma tenía), Somoza (‘La durmiente’) o Carvajal (‘Dame, dame la noche’). También hubo un guiño a la otra gran pasión de Arias, los toros (a partir del poema ‘Joselito en su gloria’ de Alberti); así como a dos tierras tan españolas como Andalucía, a través de Luis Cernuda, y Valladolid, con el texto de Jorge Guillén ‘El mar’.

Lorca, Ernesto Cardenal y Sor Juana Inés pronto dieron paso a la literatura de Victoria Ash, quien, a partir de fragmentos de sus libros ‘Besos de nadie’ y ‘La culpa es de las musas’, evocó el dolor de su madre a partir de la muerte de su marido (‘Domingo en el alma’) o un decálogo para la existencia en ‘Me atrevo a vivir’.

La segunda mitad del encuentro volvió a comenzar con las selecciones poéticas de Arias, que comenzó por ‘El desayuno’ de Luis Alberto de Cuenca y avanzó por ese tiempo lírico a través de Gerardo Diego (y su mítico «Río Duero, río Duero…»), Mario Benedetti (y su ‘Pasatiempo’), Luis García Montero (‘Aunque tú no lo sepas’) o los versos capicúas de Miguel Hernández. Formaron parte de esta tanda, a su vez, el ‘Romance de la misa de amor’ y dos poemas tan inolvidables como ‘Volverán las oscuras golondrinas’, de Gustavo Adolfo Bécquer, y el soneto de Lope de Vega ‘Desmayarse, atreverse, estar furioso’; también conocido por las primeras palabras de su último verso, ‘Esto es amor’ (quien lo probó lo sabe).

Finalmente, Ash retomó la palabra preguntándose qué sería cada uno capaz de hacer por la persona que más ama (‘Lo imposible’), con una evocación a su abuela (‘Muerte para piano’) o un ‘Canto al mar abierto’ «para todos los que se sienten océanos». El acto concluyó con la lectura, a dos voces, de ‘Te reto’, de Ash.

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